Feos, Sucios y Malos (Brutti, Sporchi e Cattivi)

Revulsión a la italiana

Por Martín Chiavarino

Feos, Sucios y Malos (Brutti, Sporchi e Cattivi, 1976) fue uno de los mejores films de la Commedia all’italiana, un exponente esperpéntico de un género cinematográfico caracterizado por subrayar las contradicciones sociales a partir de un estilo sardónico y desfachatado que proponía reemplazar las ilusiones neorrelistas con un nuevo humanismo más real y menos utópico, con los pies en la tierra, o más bien en el fango. El prolífico realizador italiano Ettore Scola fue galardonado con el premio al Mejor Director en el Festival de Cannes por este film sobre la nociva dinámica filial de una familia pobre en los suburbios romanos que exponía las contradicciones sociales de la capital italiana con una intensidad sin parangón.

 

Entre llantos, gritos y discusiones que se superponen sin que nadie escuche al prójimo y una violencia física y psicológica constante, el film del director de Un Día Muy Particular (Una Giornata Particolare, 1977) crea una historia sobre la miseria que convive con la opulencia como contracara de un país encerrado en su vía al capitalismo tras la recuperación de la Segunda Guerra Mundial y la consolidación de un sistema basado en la corrupción endémica y las prácticas mafiosas del crimen organizado, dos caras de la misma moneda que tenían su correlato en la lenta decadencia del Partido Comunista y el surgimiento de distintas grietas dentro del mismo que conformarían nuevas organizaciones, movimientos, partidos y propuestas para una Italia que se empantanaba entre la desigual distribución de la riqueza de su pujante industria nacional y sus conflictos políticos irresueltos desde la caída del fascismo. El exitoso neorrealismo italiano de Luchino Visconti, Roberto Rossellini y Vittorio de Sica que había producido obras inmortales tenía su contrapropuesta en el costumbrismo grotesco de esta nueva forma de comedia que aplastaba el idealismo con un baldazo atroz. Feos, Sucios y Malos era la apoteosis cruel de un género que Scola había llevado a su máxima expresión en Una Mujer y Tres Hombres (C’eravamo Tanto Amati, 1974) un par de años antes. La empatía del neorrealismo era reemplazada por la sátira y el rechazo de la condición de la pobreza en la nueva Commedia all’italiana, que reflejaba algunos de los valores cínicos que se imponían en la época.

 

En Feos, Sucios y Malos una familia numerosa intenta quedarse con el dinero de la indemnización del patriarca del clan, Giacinto Mazzatella, un hombre de mediana edad desocupado, maltratado por la vida, de trato desagradable y víctima temprana del proceso de desindustrialización que viviría Italia años después, interpretado de forma histriónica y extravagante por Nino Manfredi, que vive en una constante paranoia y duerme con su rifle siempre en una actitud beligerante absurda hasta las lágrimas para con su esposa, madre de innumerables hijos y nietos, todos hacinados bajo una precaria casa de lata en un asentamiento cerca del centro de Roma. Cuando Giacinto cree que el dinero le ha sido sustraído ataca a su familia y el film se vuelve incandescentemente cáustico, desatando una crítica que salpica no sólo a los ricos y a los pobres sino al sistema judicial, la policía y todas las instituciones en general, creando un retrato fascinante de la miseria en Roma y su relación con el Estado.

 

Niños encerrados en un corral símil jaula de juegos, una joven que despunta en la pujante industria pornográfica, una madre orgullosa de su hija, unos jóvenes sin nada que hacer, una familia que vive en una trifulca perenne, y autos, heladeras y un sinfín de productos desechados/ reciclados/ reconvertidos en objetos y lugares de un barrio precario configuran una radiografía de una sociedad en la que el dinero es el tópico que marca todas las interacciones. Feos, Sucios y Malos expone así las faltas de respeto invariables de una parentela que se dirige inextricablemente hacia una locura endogámica sin salida. Los personajes del film parecen intentar tímidamente salir de su situación pero en realidad no pueden -o no quieren hacerlo- y sus acciones sólo los conducen a un círculo vicioso hacia el mismo lugar.

 

Sueños consumistas, impulsos sexuales desbocados, promiscuidad, exuberancia, deudas imperecederas, tacañería, avidez, infidelidades al borde de lo cómico, picardía tana y una pobreza expuesta a la vista de toda la capital italiana son algunas de las condiciones más revulsivas acentuadas por la cámara de Ettore Scola para desmitificar la pobreza y denunciar las consecuencias del camino italiano hacia el capitalismo neoliberal, que ya comenzaba a mostrar a mitad de los setenta algunas de sus ramificaciones.

 

Feos, Sucios y Malos (Brutti, Sporchi e Cattivi, Italia, 1976)

Dirección: Ettore Scola. Guión: Ettore Scola y Ruggero Maccari. Elenco: Nino Manfredi, Maria Luisa Santella, Francesco Anniballi, Maria Bosco, Giselda Castrini, Alfredo D’Ippolito, Giancarlo Fanelli, Marina Fasoli, Ettore Garofolo, Franco Merli. Producción: Carlo Ponti. Duración: 115 minutos.

Puntaje: 10