Lords of Chaos

Rivalidad en la contracultura

Por Emiliano Fernández

Lords of Chaos (2018) es una de esas películas cuyas intenciones de base -hoy más que nunca volcadas a lo tragicómico mordaz- terminan siendo licuadas por el tema que se analiza, de una forma paradójicamente similar a lo ocurrido con los mismos protagonistas reales de la faena retratada, quienes pasaron de defender un credo algo difuso anti establishment a quedar enredados en un mini huracán de crímenes sin demasiado sentido que ellos mismos desencadenaron por una colección de razones de diversa índole. La película examina dos tópicos que están intrínsecamente conectados y que al mismo tiempo son bastante distintos, hablamos por un lado del surgimiento del black metal noruego de principios de los 90 (cuyo haz de influencias se remonta a emblemas como Venom, Iron Maiden, Bathory, Kiss, Sodom, Metallica y Alice Cooper) y por otro lado el movimiento de quema de iglesias que impulsaron durante el primer lustro de dicha década los principales referentes de la escena en cuestión (las primeras quemas fueron responsabilidad de los artífices centrales de la vertiente y las posteriores -cortesía del sensacionalismo de los medios de comunicación- respondieron al “efecto contagio” en fans y seguidores varios).

 

El director y guionista Jonas Åkerlund, un sueco que supo ser baterista de Bathory entre 1983 y 1984 y que se hizo conocido en el siglo pasado como realizador de videoclips para una infinidad de artistas del mainstream, se basa en el célebre libro homónimo de 1998 de Michael Moynihan y Didrik Søderlind para construir una ficcionalización en torno a Øystein Aarseth alias Euronymous, sin duda la figura aglutinadora fundamental de la época, y su Inner Circle/ Black Circle, “Círculo Interno/ Círculo Negro”, una especie de sociedad de amigos músicos de los países escandinavos que compartían un gran apego por el satanismo, la misantropía y el mismo black metal, una versión extrema del heavy metal basada en tempos veloces, guitarras muy distorsionadas, estructuras complejas símil el viejo rock progresivo, vocalizaciones agresivas/ guturales y un marcado interés por las atmósferas lúgubres. Utilizando como elemento conductor a Euronymous, guitarrista y líder de la banda pionera Mayhem, el relato sistematiza los hechos desde un caleidoscopio algo irónico por tratarse -a nivel esencial- de adolescentes de buen pasar sin mucho contra qué rebelarse en una sociedad equitativa y sin demasiadas injusticias a la vista como la noruega.

 

En la Oslo de 1987/ 1988 Euronymous (Rory Culkin, hermano menor de Macaulay Culkin) y el resto de Mayhem dan la bienvenida como nuevo cantante a Per Yngve Ohlin alias Dead (Jack Kilmer), un sueco fascinado con la parca desde que de niño fuera víctima de abuso escolar y en una ocasión terminase clínicamente muerto, muchacho que solía cortarse durante los recitales y caía en depresiones largas hasta que finalmente se suicida en 1991 a los 22 años lacerándose brazos y garganta y disparándose en la cabeza con una escopeta. Aarseth tiene una forma bastante particular de “lidiar” con la desaparición de su amigo y así luego de descubrir el cadáver, toma trozos del cuerpo del susodicho para hacer collares, los cuales entregará a sus cofrades más cercanos, y compra una cámara de fotos, mueve los ingredientes de la tétrica escena y saca unas imágenes que después irán a parar a la portada de Dawn of the Black Hearts, un disco pirata en vivo de 1995 de Mayhem del período con Dead. Con el tiempo Euronymous funda su propia compañía discográfica, Deathlike Silence Productions, y su propia disquería especializada, Helvete, a través de las cuales apoya y difunde al black metal con esmero no sólo en su nación sino en todo el planeta.

 

El asunto termina de irse al demonio cuando por dichos y sugerencias al paso del protagonista un par de músicos allegados a él, Bård Guldvik Eithun alias Fausto (Valter Skarsgård) y Kristian Vikernes alias Varg alias El Conde alias Greifi Grishnackh (Emory Cohen), se les va un poco la mano y ponen en práctica lo charlado: el primero apuñala en 1992 a Magne Andreassen, un gay al azar al que asesina sólo para descubrir lo que se siente acuchillar a un ser humano, y el segundo comienza una mega andanada de quema de iglesias -algunas antiquísimas- motivado por el anticristianismo de Euronymous, al cual pronto vincula a la necesidad de volver a los mitos folklóricos nórdicos originarios. Con todos cómplices en las diversas faenas, surge una rivalidad entre Vikernes y Aarseth por el control del Black Circle que se acrecienta cuando Varg, quien había editado material en 1992 vía Deathlike Silence bajo su proyecto de “hombre orquesta” Burzum, es incorporado a Mayhem como bajista durante la grabación del primer y legendario disco de estudio del grupo, De Mysteriis Dom Sathanas (1994), y en especial cuando Vikernes decide sin más autoresponsabilizarse por la quema de iglesias, circo mediático automático de por medio.

 

Åkerlund, cuyos largometrajes ficcionales por fuera de los videoclips, los cortos y las concert movies no habían sido particularmente memorables hasta este momento, léase Spun (2002), Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis (Horsemen, 2009), La Habitación de Franklin (Small Apartments, 2012) e incluso la posterior y también anodina Polar (2019), aquí respeta a rasgos generales la serie de acontecimientos históricos aunque se toma amplias libertades en cuanto al perfil concreto de los músicos, a veces cayendo en caricaturas más o menos camufladas y en otras oportunidades simplemente alejándose de lo que fue en verdad la figura en cuestión, una jugada de impronta dramática -concerniente a la lógica del relato y al necesario armazón de previsibilidad en un proyecto mainstream como el presente- que le sale bastante bien porque más allá de los reduccionismos esporádicos, es innegable que resulta muy difícil dar forma a una trama coherente con semejante seguidilla de sucesos. En cierta medida el núcleo del film, dejando de lado los crímenes en sí, pasa por la enemistad entre Euronymous y Varg, dos versiones distintas de la misma egolatría voraz que no deja nada en pie: mientras que Aarseth representaba la versión clásica/ moderada, con el joven queriendo destacarse siempre y echando de la cofradía del black metal y el satanismo inocentón a cualquiera que lo contradijese, Vikernes por su parte era/ es más un psicópata hecho y derecho que siempre mezcló el paganismo, la eugenesia, el chauvinismo fascista y todos los delirios xenófobos/ racistas/ homofóbicos de los neonazis.

 

Los méritos de Lords of Chaos se condicen con el gran trabajo del elenco y esta disputa en pos de autenticidad cimentada en la bola de nieve de los agravios, el ninguneo, el recelo, la altanería, las amenazas, la paranoia, las fantasías homicidas y cierta frialdad entrecruzada y bien exacerbada que fue minando los lazos entre los protagonistas, a lo que se suma la presencia de un personaje femenino que insólitamente está bien aprovechado, Ann-Marit (Sky Ferreira), pareja tardía de Euronymous y quien intentó calmar las aguas cuando las intimidaciones y los problemillas de dinero, con Varg no viendo ni una moneda por el disco debut de Burzum, llegaron a un punto de no retorno. Otro detalle a favor de la propuesta es que el realizador no se contiene en lo que atañe a las carnicerías, apostando a pintar todo el espanto en cuestión sin esa paradigmática cobardía/ ausencia de gore del cine actual. Se podría decir que la mirada de Åkerlund sobre el movimiento, en el cual -recordemos- participó brevemente, tiene mucho de veterano con aires de superioridad que ve al pasado como protagonizado por una amalgama de adolescentes y adultos jóvenes cuya aguerrida y elogiable ideología contracultural terminó derivando en muertes fútiles y muy absurdas, sin embargo tampoco hay que olvidar que la película asimismo funciona como un rescate de la importancia en aquella escena musical de Euronymous, quien pretendía hacerse famoso sin perder su esencia, y como una denuncia de la intolerancia y el conservadurismo político bien nauseabundo de Vikernes, sin duda un chiflado peligroso desde todo punto de vista…

 

Lords of Chaos (Reino Unido/ Suecia, 2018)

Dirección: Jonas Åkerlund. Guión: Jonas Åkerlund y Dennis Magnusson. Elenco: Rory Culkin, Emory Cohen, Jack Kilmer, Sky Ferreira, Valter Skarsgård, Anthony De la Torre, Jonathan Barnwell, Sam Coleman, Wilson González, Lucian Charles Collier. Producción: Jack Arbuthnott, Jim Czarnecki, Kwesi Dickson, Danny Gabai, Ko Mori y Erik Gordon. Duración: 118 minutos.

Puntaje: 7