Bad Education

Robar para la corona

Por Emiliano Fernández

Bad Education (2019), la segunda película como realizador de Cory Finley luego de la excelente Thoroughbreds (2017) y un opus distribuido por HBO, es una prueba muy clara de que todavía se pueden encarar trabajos cinematográficos testimoniales y salir airosos del trance: el director recupera el humor negro solapado de su ópera prima, gira el foco de atención desde los estudiantes adolescentes a los profesores y burócratas educativos, suma a un profesional todo terreno como Hugh Jackman y literalmente consigue no sólo la mejor interpretación del actor australiano de toda su carrera sino también un gran retrato del mayor escándalo de corrupción educativa de la historia de yanquilandia, el cual tuvo a la escuela pública secundaria de Roslyn Heights, en el Estado de New York, como centro de millones de dólares malversados por parte de las máximas autoridades del establecimiento, en la narración el superintendente Frank Tassone (Jackman) y la segunda al mando, su asistente Pam Gluckin (Allison Janney). El film construye personajes de carne y hueso y no caricaturas remanidas hollywoodenses porque cada dimensión de sus vidas está encarada con cuidado y reforzando el “detalle” de que las contradicciones siempre están presentes y las frustraciones de un lado se compensan por el otro, otorgándole una capa de complejidad al planteo en general dentro de una interesante moralidad de tonos grises interconectados.

 

Tassone se vende a sí mismo como un viudo de décadas pero en realidad es gay y está en pareja desde hace mucho tiempo con Tom Tuggiero (Stephen Spinella), asimismo vive obsesionado con su elegante apariencia, es querido por todos en el colegio y de hecho consiguió un repunte muy importante en materia de imagen pública para la escuela ya que logró posicionarla en el puesto número cuatro de un ranking de The Wall Street Journal en base a pruebas de selectividad y aceptación universitaria, dos criterios cruciales en Estados Unidos para el “éxito” de los institutos secundarios. La contracara de proyectos algo faraónicos o cosméticos como esa rampa/ puente aéreo que pretende construir entre dos bloques edilicios del colegio, para la que está haciendo un fuerte lobby con vistas a incluirla en el presupuesto del año entrante, son las goteras de todo el techo del establecimiento y su tendencia a utilizar los fondos educativos para comprarse propiedades, hacerse cirugías estéticas, viajar por todo el globo y degustar manjares que serían imposibles de pagar con su sueldo tradicional. Su cómplice, Gluckin, pronto queda escrachada cuando renueva su casa con una tarjeta de crédito de la escuela, por lo que el verborrágico Frank consigue sacrificarla para salir él indemne y posicionarse como el gran salvador a ojos del presidente de la junta escolar, Bob Spicer (Ray Romano), su superior directo y un agente inmobiliario.

 

Gran parte del desarrollo narrativo está concentrado en los vaivenes y diversos manotazos de ahogado que debe implementar Tassone no sólo para tapar la bomba que desató el descuido de su colega y en especial del bobo de su hijo, Jim Boy (Jimmy Tatro), quien hace enviar las compras para la remodelación a una dirección particular en vez de a la escuela y así despierta las sospechas de un pariente de Spicer que trabaja en la tienda que vendió los materiales, sino además para contener la investigación que está realizando una alumna del lugar, Rachel Bhargava (Geraldine Viswanathan), para el periódico estudiantil The Hilltop Beacon, pesquisa que la lleva a descubrir montos inflados pagados a una multitud de proveedores y contratistas inexistentes cuyas direcciones legales pueden llegar a ser -por ejemplo- la del departamento de Tuggiero, otro secuaz más del desvío masivo de fondos. Bad Education va más allá de pensar la mediocridad estándar de los profesionales de la educación, eje central de la trasmisión reduccionista de conocimientos que caracteriza a la sociedad en su conjunto en cuanto al saber interdisciplinario, o siquiera la autoindulgencia baladí y el exceso de confianza de los corruptos, rasgos que terminan siendo fundamentales a la hora de viabilizar su caída, ya que también examina la dialéctica de las apariencias en el ámbito político/ institucional/ estatal, la distancia que las superficies lustrosas guardan con respecto a la realidad y cuánto se asemeja la hipocresía de turno al maquiavelismo de los conglomerados privados capitalistas y las mismas competencias electorales por cargos públicos, una faena aquí simbolizada en la meta de Frank de llevar a la Roslyn High School al puesto número uno del ranking de The Wall Street Journal, un fetiche de lo más porfiado.

 

El guión de Mike Makowsky, aquel de I Think We’re Alone Now (2018) y él mismo un ex alumno del colegio del Estado de New York durante el período en el que ocurre todo, léase 2002-2004, es verdaderamente muy bueno porque -como decíamos con anterioridad- edifica un retrato multidimensional de Tassone, incluso concediéndole un affaire con un barman de Las Vegas, Kyle Contreras (Rafael Casal), al que supo conocer mucho tiempo atrás cuando era profesor de Literatura, a lo que se agrega un par de encuentros con la típica madre insoportable y conventillera, Carol Schweitzer (Stephanie Kurtzuba), que trata a los docentes como empleaduchos de segunda categoría porque todo gira no exactamente alrededor del crío anodino de turno, en este caso el nenito Chad (Calvin Coakley), sino en torno a las grandes expectativas que ella depositó en él, considerándolo un “caballo de carreras” al cual asirse en ese hipotético futuro glorioso que le espera al purrete si se lo presiona y se lo mancilla lo suficiente. La propuesta también carga con inteligencia contra otros especímenes del enclave pedagógico como por ejemplo el inútil del auditor, Phil Metzger (Jeremy Shamos), típico bobalicón que está pintado en su puesto y así permitió por negligencia la corrupción, y la sobrina de Gluckin, Jenny Aquila (Annaleigh Ashford), ejemplo del nepotismo extendido en el Estado y las empresas y una chica que pretendía un ascenso extorsionando a Frank con difundir lo del despido de su tía, recibiendo en cambio una amenaza con denunciarla por también haber utilizado la dichosa tarjeta de crédito para comprar cosillas varias como una PlayStation. En este sentido, Bad Education desnuda las mafias burocráticas más risibles y la manía de robar y robar para la corona a pura codicia…

 

Bad Education (Estados Unidos, 2019)

Dirección: Cory Finley. Guión: Mike Makowsky. Elenco: Hugh Jackman, Allison Janney, Geraldine Viswanathan, Rafael Casal, Ray Romano, Annaleigh Ashford, Jeremy Shamos, Stephen Spinella, Stephanie Kurtzuba, Jimmy Tatro. Producción: Mike Makowsky, Eddie Vaisman, Oren Moverman, Julia Lebedev, Brian Kavanaugh-Jones y Fred Berger. Duración: 108 minutos.

Puntaje: 8