Rock N' Doc Festival

Segunda Parte

Por Ernesto Gerez

Aquí tenemos la segunda y última parte de la cobertura a cargo de Metacultura del Rock N’ Doc Festival, la muy interesante muestra de cine dedicada a documentales de rock que se desarrolló entre el 6 y el 12 de septiembre en el complejo Hoyts Abasto de la Ciudad de Buenos Aires.

 

Turn it Around: The Story of East Bay Punk (Estados Unidos, 2017, de Corbett Redford)

 

Turn it Around: The Story of East Bay Punk toma su nombre de un compilado en vinilo de, tal vez, el fanzine más famoso del mundo: Maximumrocknroll. Dicha compilación se editó a finales de 1987 y dio a conocer a la escena punk del área este de la bahía de San Francisco y a la movida que se generó alrededor del mítico local del 924 de Gilman Street. El gran objetivo del disco era recaudar fondos para el llamado Gilman Street Project, una utopía punkrocker de mediados de los ochenta que cambió las reglas de los locales de recitales de aquel momento y que, sin proponérselo, terminó siendo un semillero de bandas mainstream. En Gilman -como cuentan los muchísimos entrevistados del documental, entre ellos Larry Livermore, fundador de Lookout Records, sello que lanzó la carrera de Green Day- había ciertas reglas que los jóvenes punks debían cumplir para que el local no tenga problemas legales; en la puerta del mismo estaban los mandamientos que parecían salidos de una biblia straight edge: no tomar alcohol, no usar drogas, evitar las peleas dentro y en las inmediaciones del local, etc. Estas reglas le dieron al lugar una paz que era difícil encontrar en los otros antros en los que las bandas punks y hardcore daban sus shows en San Francisco. El 924 de Gilman se transformó rápidamente en un lugar libre de racismo, de violencia de género, de homofobia y de malas vibras, y, también, en una usina de arte experimental. Instalaciones, poesía y estilos de música incongruentes que muchas veces eran juntados adrede en una misma fecha, eran algunos de los sellos de aquel mítico local del que además de los mencionados Green Day, salieron bandas importantísimas para el punk venidero como Operation Ivy (germen de Rancid), y otras bandas no ligadas al género pero también importantes para la música en general como la siempre interesante Neurosis. El documental de Corbett Redford -quien contó por ahí que se largó a hacerlo luego de un llamado de Bilie Joe Armstrong, uno de los productores de la película- se estructura en tres partes y un epílogo. Los actos recorren las diferentes localidades de la east bay de San Francisco a la vez que se van presentando a las bandas que formaron la escena, con entrevistas a músicos, colaboradores de Gilman, periodistas, varios videos de la época y un puñado de fotos geniales en las que se puede percibir el olor a espíritu adolescente, la inocencia, y la vitalidad de un lugar único. Turn it Around: The Story of East Bay Punk, más allá de su carcasa rockumental y de la buena información que presenta como parte de su lucha por el patrimonio intangible, es una cabal aproximación al sentir y al vivir adolescente, como muy pocas películas logran.

 

Cemento: El Documental (Argentina, 2017, de Lisandro Carcavallo)

 

Cemento: El Documental, además de ser un trabajo sobre la memoria colectiva, es un merecido homenaje a su creador: Omar Chabán. Personaje singular de nuestra historia cultural y alma máter de Cemento, otrora territorio de los jóvenes (y no tanto), donde se forjaron identidades del rock y sus subgéneros, y donde tres generaciones de adolescentes se sintieron parte de una escena, de un movimiento que contenía, en medio de la avanzada individualista. Decimos homenaje a Chabán porque Cemento fue su idea, su vida. Ideado como un bloque de concreto, sin marcas vendiéndote nada y sin gorilas siguiéndote con la mirada, Chabán armó uno de los lugares más libres de la ciudad. Además de todas las bandas que ya sabemos y que llegaban a Cemento como paso intermedio entre el under de tugurio y el estadio Obras, hubo muy buen teatro experimental como, por ejemplo, el de la Organización negra. El movimiento que forjó Cemento como epicentro contracultural, era nada más y nada menos que libertad artística, algo de rebeldía y algo de drogas y alcohol; y eso era suficiente para que en el soberano suelo de aquel lugar sin VIP las almas dancen alegres evadiéndose de los males por un rato pero conscientes de la coyuntura. Los entrevistados, que son muchos y están los fundamentales aunque falten algunos más -porque no quisieron estar o porque ya no habitan nuestro plano- lo comentan: cuando abrió el boliche eran años en los que los privilegios de las fuerzas de seguridad seguían latentes; luego fueron años de edictos policiales y de detenciones por portación de cara, y, finalmente, años de represión aliancista. Cemento era otro mundo, como bien dice uno de los entrevistados. Era entrar a tu otra casa, donde había salvajes como vos, o nerds como vos, o tipos comunes como vos. Pero donde no entraba la persecución y la hostilidad de los vigilantes (con o sin gorra). “Cemento era la laguna donde las manadas paraban a tomar agua, se cruzaban todas”, aporta con claridad Felix Gutierrez de Todos Tus Muertos. Porque pasaron bandas de muchas movidas e incluso algunas se gestaron ahí. Cemento: El Documental hace un recorrido bastante completo para su duración, sobre todo si pensamos que resultaría imposible plasmar en su totalidad la importancia de aquel templo popular. De la fiesta de la democracia hasta el triste final, pasando por la década menemista, Lisandro Carcavallo le acerca a los espectadores parte de un patrimonio subvalorado que fue y es tan importante como el protegido por las elites, y que el actual Gobierno de la Ciudad decidió tirar por la ventana…

 

Sad Vacation (España, 2016, de Danny García)

 

Sad Vacation, es, en una primera instancia, una reconstrucción de los últimos días en las vidas de Sid Vicious y Nancy Spungen. “Me voy a ir a Londres a ver a los Sex Pistols y los voy a traer conmigo”, cuentan por ahí que dijo la convencida Nancy. Y lo hizo. De Londres al Chelsea hotel sin escalas. Historias de drogas, de shows desafinados y mal organizados, de cómo trataba Nancy a Sid, y algunas anécdotas de la vida del bajista de los Pistols, son los temas principales que toca la fila de entrevistados que incluye, entre otros, a la fotógrafa que inmortalizó a los Ramones, Roberta Bayley, el escritor Den Browne (quien supo albergar a la pareja en su casa de Camden en 1977), el artista Leee Black Childers, el famoso plomo de los Clash y los Pistols Stephen Conolly, el mítico guitarrista de los New York Dolls, Sylvain Sylvain, el fundador de la revista Punk, John Holmstrom y al bajista Howie Pyro, amigo de Sid y uno de los últimos en verlo con vida.

 

Así como la película trabaja la reconstrucción de unas vacaciones tristes (y por desgracia nunca suenan las canciones de los Sex Pistols), también intenta profundizar –un poco al estilo de los documentales de asesinatos que abundan en el cable- en el misterio que rodeó la muerte de Nancy. Se mencionan varias teorías sobre su muerte que seguramente sorprenderán al lego pero no al que siguió la historia a través de los años o al que ya vio alguno de los documentales previos sobre la pareja punkrocker como, por ejemplo, Who Killed Nancy? (2009), de Alan G. Parker. Danny García cierra su documental con la muerte de Sid y con un testimonio de Howie Pyro sobre el caótico viaje en el que los amigos de Sid fueron a arrojar sus cenizas a la tumba de Nancy y sobre la implicancia de la madre de Vicious en los eventos trágicos, noticia que ya había aparecido más de diez años atrás en la serie de documentales canadienses Final 24. De todos modos, aunque para algunos no sea sorpresivo, el trabajo de García consigue generar interés y suspenso desde la oralidad de sus entrevistados.