6ta Edición

Semana de Cine Italiano

Por Martín Chiavarino y Emiliano Fernández

Del 6 al 12 de junio de 2019 se lleva a cabo la edición VI de la Semana de Cine Italiano en Buenos Aires, evento organizado por el Instituto Público Luce Cinecittá en colaboración con la Embajada de Italia en Argentina, el Instituto Italiano di Cultura de Buenos Aires y el ICE-Agencia Italiana para el Comercio Exterior, para continuar con la promoción del cine italiano en Argentina, una actividad cultural que ha resultado ser un éxito. La muestra tiene su centro en el complejo Village Cines Recoleta y cuenta con catorce películas, Dogman (2018), de Matteo Garrone, Il Vizio Della Speranza (2018), de Edoardo de Angelis, Io Sono Tempesta (2018), de Daniele Luchetti, L’Ospite (2018), de Duccio Chiarini, L’Oumo Che Compró la Luna (2018), de Paolo Zucca, La Profezia Dell’Armadillo (2018), de Emanuele Scaringi, La Strada del Samouni (2018), de Stefano Savona, La Tierra Dell’Abbastanza (2018), de Damiano D’Innocenzo y Fabio D’Innocenzo, Notti Magiche (2019), de Paolo Virzì, Ovunque Proteggimi (2018), de Bonifacio Angius, Ricchi di Fantasia (2018), de Francesco Micciché, Ricordi? (2018), de Valerio Mieli, Santiago, Italia (2018), de Nanni Moretti, y Saremo Giovani e Bellissimi (2018), de Letizia Lamartire. A pesar de la crisis económica, política y social del país, la Semana de Cine Italiano mantiene su vigencia y apuesta nuevamente a traer un panorama de lo mejor del arte italiano a Buenos Aires para difundir un cine con mucha convocatoria, que ya ha logrado antes de empezar que varias distribuidoras independientes locales adquieran las películas para su estreno comercial a lo largo del año. A continuación las críticas de Ricordi?Notti MagicheSantiago, Italia y Dogman, cuatro de los films más esperados de la muestra.

 

Ricordi?: La tristeza de ser feliz, por Martín Chiavarino:

 

En una fiesta en una villa ubicada en una isla dos jóvenes intelectuales de personalidad diametralmente opuestos comienzan una relación que los conducirá a encontrar la pasión y la felicidad, pero también la tristeza de la languidez del amor producto del hastío y la falta de comunicación. El segundo largometraje del realizador italiano Valerio Mieli, Ricordi? (2018), es un inusual drama sobre una pareja italiana que rememora continuamente su relación para reflexionar sobre el presente, el pasado y el futuro.

 

Él (Luca Marinelli) es un joven taciturno y apesadumbrado por sus tristes recuerdos de su infancia y su adolescencia. Ella (Linda Caridi) es una joven alegre y de gran imaginación, hija de un reconocido escultor. Rápidamente ambos docentes encuentran en el otro un componente que les faltaba. Él, la alegría esquiva, y ella, la posibilidad de apaciguar las penas que aquejan a su novio. Entre ellos comienza un vínculo en el que la complicidad y la diversión se mezclan con la felicidad de encontrar el amor correspondido y el asombro constante de adentrarse en el otro.

 

Ricordi? narra las vicisitudes de la relación y el paso del asombro y la felicidad al fastidio y la angustia con una edición abrupta matizada por escenas sosegadas bajo las piezas de piano de Claude Debussy y Johann Sebastian Bach. Los recuerdos crean situaciones de constante remembranza que se tornan incluso alucinógenos para el espectador a partir de la vertiginosidad de la edición, creando espacios donde la memoria transmuta la significación para construir un sentido que se transforma a lo largo del tiempo. Aunque los recuerdos se centran más en él que en ella, ella es el elemento transformador del relato, la que introduce la magia en la vida del joven atormentado por sus traumas, mientras que él es un muchacho necesitado de cariño y amor, incapaz de desprenderse de sus malos recuerdos.

 

Las actuaciones de Luca Marinelli, Linda Caridi y el elenco que los acompaña son cálidas e íntimas en un film donde los recuerdos se entremezclan con un presente que se transfigura constantemente por el pasado que lo persigue. Valerio Mieli redondea un film sobre los mecanismos de la memoria desde la dialéctica entre la tristeza y la alegría. Ambos personajes descubren nuevas perspectivas a partir de su relación, intercambiando roles, para finalmente comprender al otro y descubrir qué tan unidos están el pesimismo ensimismado con el entusiasmo ciego. Desideria Reyner realiza una gran labor en la edición que emula a la memoria como dispositivo selectivo que transforma los recuerdos. La edición logra prefigurar de esta forma la mente humana como una máquina que redefine los detalles para crear la realidad. Ricordi? es así un film sobre la búsqueda del núcleo a partir del cual las personas construimos la memoria. De a poco desfilan instantes que se pierden, escenas que parecen desvanecerse en la niebla, amores idealizados, amistades que soportan las contradicciones, y el amor como el único sentimiento capaz de correr ese eje, despertar los recuerdos apagados y construir un futuro con esperanza.

 

Ricordi? (Italia/ Francia, 2018)

Dirección y Guión: Valerio Mieli. Elenco: Luca Marinelli, Linda Caridi, Giovanni Anzaldo, Camilla Diana, Anna Manuelli, Eliana Bosi, David Brandon, Benedetta Cimatti, Andrea Pennacchi, Maria Chiara Giannetta. Producción: Angelo Barbagallo y Laura Briand. Distribuidora: Zeta Films. Duración: 106 minutos.

 

Notti Magiche: Desilusión y ocaso, por Emiliano Fernández:

 

Diversas contradicciones de por medio, la última película de Paolo Virzì es uno de los trabajos más ambiciosos y desparejos que haya dado el cine italiano de los últimos tiempos, uno que para colmo se propone explorar la época de oro de la propia industria cultural italiana aunque desde la perspectiva mordaz que aporta el cinismo estándar de nuestros días, ese mismo que genera obras tan paradójicas como la que nos ocupa, Notti Magiche (2018). Virzì, uno de los grandes realizadores de su país de la actualidad y responsable de joyitas como El Capital Humano (Il Capitale Umano, 2013), Loca Alegría (La Pazza Gioia, 2016) y The Leisure Seeker (2017), escribió un guión junto a dos colaboradores habituales, Francesco Piccolo y Francesca Archibugi, que no se anda con chiquitas ya que traza de manera explícita una analogía entre el colapso del cine italiano durante los 90, cuando los grandes referentes de las distintas generaciones del neorrealismo comenzaron a desaparecer y no dejaron sucesores claros, y la desazón popular autóctona con motivo de la Copa Mundial de Fútbol de 1990, símbolo del preludio de la toma del poder por parte de Silvio Berlusconi y la ruina moral subsiguiente vinculada al neoliberalismo desvergonzado.

 

De hecho, la historia comienza la noche del 3 de julio de 1990, cuando en las semifinales Argentina expulsa a Italia del certamen por tiros desde el punto penal, circunstancia que coincide de sopetón con un automóvil cayendo en el Río Tíber desde un puente de Roma y el inmediato descubrimiento de un cuerpo dentro, el de Leandro Saponaro (el inmenso Giancarlo Giannini), un productor cinematográfico de renombre del período. Lo que sigue a continuación es un extenso racconto ante las autoridades policiales de los tres principales sospechosos del caso, Antonino Scordia (Mauro Lamantia), Luciano Ambrogi (Giovanni Toscano) y Eugenia Malaspina (Irene Vetere), un trío de jóvenes guionistas que resultaron finalistas del Premio Solinas, galardón que concede dinero en efectivo y la posibilidad de que sus trabajos se materialicen en pantalla. Este catalizador funciona a nivel práctico como una excusa para plantear el choque entre por un lado las nuevas generaciones de artistas que se asomarían desde aquella década del 90 y en el Siglo XXI, y por el otro las figuras ya ampliamente consagradas que pasan a explotar, ningunear o manipular a los muchachos desde una egolatría y una soberbia mayúsculas que tienen mucho de avaricia corporativista.

 

Disparando un sinfín de referencias a cineastas de la etapa comprendida entre los 40 y los 80, Virzì lleva las discordancias hasta el extremo porque el registro dramático que utiliza es -nada más y nada menos- que el propio de aquella “commedia all’italiana”, una comarca genérica hoy extinta apuntalada en constantes sobreactuaciones, diálogos entrecruzados confusos y un vitalismo de fondo hermanado a lo heterogéneo caótico y los conflictos superpuestos de toda índole; siempre dando a entender que lo que predomina en la vida no es precisamente el quietismo, esa fantasía del existencialismo burgués, sino un desorden en el que nada permanece estable por mucho tiempo. Los arquetipos de los que echa mano Virzì para delinear a los protagonistas no son novedosos pero satisfacen las exigencias del relato: Antonino es algo así como el intelectual del trío, un joven sumiso con mucho talento y muy entusiasmado por el medio que recién está descubriendo, Luciano también viene del interior de la nación italiana pero es mucho más desfachatado y anhela retratar sus orígenes familiares proletarios, y finalmente Eugenia pertenece a un clan acomodado romano aunque su carácter introvertido la deja muy presa de sus inseguridades, sueños y adicciones varias.

 

Los dos problemas fundamentales del film se resumen en su extensión y su óptica general: los 125 minutos se hacen por momentos demasiado largos en función de una dialéctica tragicómica que ameritaba ser más sucinto y cortar unas cuantas escenas descriptivas que sin duda están de más, y en lo que atañe a la idiosincrasia del relato en sí se puede decir que Virzì en unas cuantas ocasiones del metraje parece regodearse en el facilismo ideologico que otorga el paso del tiempo y en cierta tendencia a caricaturizar a los artistas veteranos al acusarlos de “cosillas” -vanidad, individualismo, pedantería, maquiavelismo, estupidez, etc.- que tranquilamente se pueden extender a sus homólogos actuales, con la salvedad de que en el pasado esos señores y señoras -aun con sus múltiples rasgos negativos- producían un gran número de obras valiosas por año y sus sustitutos del presente casi nunca logran llegar a ese nivel cualitativo y a esa cantidad de propuestas interesantes. El mismo título remite socarronamente a Un’estate italianaUn verano italiano, la canción oficial de la Copa Mundial de la FIFA de 1990, un leitmotiv celebratorio de la emoción que brinda el deporte -con música compuesta por Giorgio Moroder y letra en italiano de Gianna Nannini y Edoardo Bennato- que aquí muta en himno involuntario de esta derrota social/ cinéfila/ cultural que retrata la película recuperando los ecos difuminados de un lenguaje que pasa a ser homenajeado y ridiculizado sin piedad en iguales proporciones. Más allá de este manojo de contradicciones, Notti Magiche por un lado unifica la desilusión de los adalides bisoños y el ocaso de un sistema productivo que supo encabezar el séptimo arte a escala planetaria, y por otro lado consigue entregar chispazos de genialidad, algunos momentos entrañables y sentencias cáusticas inspiradas que compensan los traspiés con firmeza y sutil inteligencia, ofreciéndonos en suma una experiencia errática pero fascinante en su atribulado devenir…

 

Notti Magiche (Italia, 2018)

Dirección: Paolo Virzì. Guión: Paolo Virzì, Francesco Piccolo y Francesca Archibugi. Elenco: Giancarlo Giannini, Mauro Lamantia, Giovanni Toscano, Irene Vetere, Roberto Herlitzka, Paolo Bonacelli, Ornella Muti, Marina Rocco, Andrea Roncato, Giulio Scarpati. Producción: Marco Belardi. Distribuidora: Zeta Films. Duración: 125 minutos.

 

Santiago, Italia: Memoria democrática, por Martín Chiavarino:

 

En Santiago, Italia (2018), el realizador italiano Nanni Moretti regresa al registro documental para investigar la forzada inmigración chilena en Italia producto del Golpe de Estado contra Salvador Allende en 1973. A partir de entrevistas a refugiados de la dictadura de Augusto Pinochet, el director de Caro Diario (1993) recrea la historia de una esperanza truncada por la intervención norteamericana, la psicopatía militar y la complicidad de los medios de comunicación y de una burguesía totalitaria incapaz de respetar la democracia y al que piensa distinto. Moretti entrevista al reconocido documentalista chileno Patricio Guzmán, director de La Batalla de Chile (1975), y a otros directores y expatriados chilenos que narran sus años de militancia tras el triunfo de Salvador Allende y las persecuciones sufridas tras su asesinato por parte de los militares. En estas entrevistas surgen emotivas historias de militancia en pos de un socialismo popular, humanista y democrático, verdadera pesadilla del totalitarismo estadounidense.

 

Moretti indaga en la campaña de desprestigio interna e internacional desplegada por los medios masivos bajo la dirección del gobierno norteamericano para impedir que la experiencia de un gobierno de izquierda democrática de coalición sea exportada a otros países con mayor presencia de las fuerzas socialistas, especialmente en Europa. Los entrevistados le confirman a Moretti la información desclasifica sobre la participación de Estados Unidos en las campañas de los opositores de Allende y en la financiación y apoyo logístico del Golpe, así como su apoyo a los ignominiosos lock-out patronales, los actos de sabotaje y la creación de un mercado negro de productos básicos. El director de Mia Madre (2015) también entrevista a dos militares que aún defienden el Golpe de Estado con los mismos argumentos falaces de discurso único que desplegaba la junta de genocidas chilenos en una demostración de disciplina discursiva patética.

 

Ya sea en las entrevistas sobre los centros clandestinos de tortura o en los relatos de la huida hacia la Embajada de Italia en Santiago de Chile, Moretti rescata la integración de los chilenos a la sociedad italiana e indaga en una época de claroscuros en la que el Embajador italiano demostró una gran hidalguía al ofrecer refugio a los chilenos perseguidos por los macabros militares, títeres fascistas de la burguesía local. A través de Santiago, Italia no solo se puede trazar un paralelismo de dos lugares y de sus personas, sino que el protagonista aquí es la militancia y las esperanzas de los partidarios del Frente Popular chileno, que permiten mirar con una lente distinta el individualismo y el consumismo frenético que asola a una sociedad que aún no despierta de la pesadilla consumista, que se desliga de la historia y que pregona un absurdo presente hedonista permanente y sin futuro.

 

Santiago, Italia (Italia/ Francia/ Chile, 2018)

Dirección y Guión: Nanni Moretti. Elenco: Nanni Moretti. Producción: Nanni Moretti y Carlos Núñez. Duración: 80 minutos.

 

Dogman: Entre la apatía y la complicidad, por Emiliano Fernández:

 

De la mano de Dogman (2018) el director y guionista Matteo Garrone regresa a lo mejor de su carrera, por un lado unificando a aquellos personajes tan bizarros como cotidianos de El Embalsamador (L’Imbalsamatore, 2002) con el mundo criminal de la recordada Gomorra (2008), y por otro lado construyendo una reflexión muy cáustica e impiadosa sobre las nulas posibilidades de progreso que hoy ofrecen las grandes ciudades del capitalismo hambreador y tenebroso de nuestros días, enfatizando asimismo la doble vida que deben llevar muchos para sobrevivir y la pasividad del grueso de la población ante el ascenso de figuras desdeñables al poder en una actitud que emparda el “dejar hacer” de siempre con la colaboración abúlica para con el energúmeno fascistoide, caprichoso y voraz de turno. Apelando a los engranajes de la fábula camuflada para adultos, el italiano crea un film muy prudente que utiliza su crudeza de base para explicitar su mensaje y desparramar verdades.

 

La trama gira alrededor de Marcello (Marcello Fonte), un peluquero canino que tiene un pequeño negocio en la Magliana, uno de los barrios de Roma, y que para ganar algo de dinero extra trafica cocaína entre los miembros del hampa y la oligarquía comercial del lugar. Al mismo tiempo padre amoroso de su joven hija Alida (Alida Baldari Calabria) y gran defensor de los animales, a los que respeta y trata con cuidado y cariño, el protagonista gusta de participar en competencias de belleza de perros y hace lo que puede para quedar bien con los otros dueños semi mafiosos de locales, con quienes juega regularmente al fútbol, y con los exponentes delictivos más clásicos, entre los que se destaca un violento ex boxeador llamado Simone (Edoardo Pesce) que se siente el mandamás de la zona porque nadie tiene el coraje de parar sus arrebatos y antojos varios. Marcello es el principal dealer del zombificado Simone y suele acompañarlo en saqueos nocturnos a casas de ricachones.

 

Cuando el maleante tenga la simpática idea de hacer un agujero en la pared del negocio de Marcello para entrar a robar al local de al lado, perteneciente a un repugnante usurero que se especializa en la compra y venta de oro, Franco (Adamo Dionisi), el peluquero canino no podrá negarse y así terminará “pegado” al hecho y con una sentencia de un año de prisión, luego de la cual -y a su vuelta a la Magliana- descubrirá que se transformó en un paria a ojos de los comerciantes del barrio y que Simone lo ningunea negándole su parte del botín y para colmo paseándose con una moto lujosa que compró con la totalidad de lo sustraído: desesperado y también envalentonado por la estadía en la cárcel, el protagonista decidirá que es momento de abandonar la sumisión que marcó su vida hasta entonces. Garrone deja de lado el tono lúdico de la interesante Reality (2012) y la muy fallida El Cuento de los Cuentos (Il Racconto dei Racconti, 2015) para recuperar el nerviosismo apesadumbrado de la década pasada y así redondea un trabajo estupendo que va de lo singular a lo general implícito de manera maravillosa y con enorme seguridad, haciendo que la anécdota central se magnifique a medida que la tragedia y la sed de venganza se van extendiendo sin freno.

 

El desempeño de Pesce y en especial de Fonte, el cual con su solo rostro soporta minutos y minutos de metraje cargado de angustia, es extraordinario y saca a relucir lo mucho que necesita el cine contemporáneo de la sinceridad, brío y autenticidad que Garrone consigue en Dogman desde un minimalismo expresivo prodigioso que despoja a El Embalsamador de su trasfondo romántico y a Gomorra del laberinto de la corrupción mafiosa capitalista actual con el objetivo de remarcar el lamentable ciclo de explotación mutua al que están condenados los marginados, ese que a su vez responde a las necesidades de los oligarcas autóctonos y sus socios en las elites gubernamentales y empresariales. El anhelo de Marcello en pos de ganarse el respeto de su comunidad y en esencia vivir tranquilo para poder llevar de vez en cuando a su hija a bucear choca primero con la indiferencia corporativista de sus vecinos y segundo con un “monstruo humano” imparable que él mismo ayudó a crear, ese Simone que se mueve a sus anchas entre la apatía pusilánime de la Magliana y una complicidad silente, generalizada y culposa que mantiene a cada habitante menesteroso en la inequidad de siempre cual compartimento estanco y eterno…

 

Dogman (Italia/ Francia, 2018)

Dirección: Matteo Garrone. Guión: Matteo Garrone, Massimo Gaudioso y Ugo Chiti. Elenco: Marcello Fonte, Edoardo Pesce, Nunzia Schiano, Adamo Dionisi, Francesco Acquaroli, Gianluca Gobbi, Alida Baldari Calabria, Laura Pizzirani, Giancarlo Porcacchia, Aniello Arena. Producción: Matteo Garrone, Jeremy Thomas, Paolo Del Brocco y Jean Labadie. Distribuidora: Impacto. Duración: 103 minutos.