Jim Jarmusch, con un estilo deudor del ascetismo y la paciencia de colegas de la talla de Robert Bresson, Yasujirô Ozu y Jean-Pierre Melville, es sin duda uno de los padres del cine independiente minimalista y el artífice de una carrera cuando menos errática que empezó con una ópera prima para el olvido, Vacaciones Permanentes (Permanent Vacation, 1980), y dos de las grandes joyas del cine inconformista de los años 80, Extraños en el Paraíso (Stranger Than Paradise, 1984) y Bajo el Peso de la Ley (Down by Law, 1986). Luego de un par de películas episódicas de muy buen nivel, Tren Misterioso (Mystery Train, 1989) y la internacional Una Noche en la Tierra (Night on Earth, 1991), llegarían sus primeros y recordados experimentos en el cine de género en ocasión de Hombre Muerto (Dead Man, 1995) y El Camino del Samurái (Ghost Dog: The Way of the Samurai, 1999), la primera una relectura surrealista del western y la segunda del film noir. En el nuevo milenio la producción artística de Jarmusch se volvería todavía más despareja porque después de otra maravillosa antología, Café y Cigarrillos (Coffee and Cigarettes, 2003), y de una road movie tragicómica, Flores Rotas (Broken Flowers, 2005), llegaría la abiertamente fallida Los Límites del Control (The Limits of Control, 2009), súmmum de cierta tendencia del cineasta hacia un atolladero discursivo críptico. Esta suerte de trilogía con una pata final fofa se reproduciría a posteriori con motivo de Sólo los Amantes Sobreviven (Only Lovers Left Alive, 2013), una reinterpretación del terror vampírico, Paterson (2016), retrato de un inusitado proletariado del transporte con ansias poéticas, y Los Muertos no Mueren (The Dead Don’t Die, 2019), desastre en el campo del horror centrado en cadáveres caminantes.
Sin olvidarnos de su importantísima faceta musical, esa que lo llevó a rodar dos excelentes documentales, Year of the Horse (1997), acerca de Neil Young & Crazy Horse, y Gimme Danger (2016), sobre The Stooges, y una colección de videoclips para artistas variopintos como Talking Heads, Big Audio Dynamite, Tom Waits, Neil Young, The Raconteurs y Cat Power, hoy el más extranjero de los directores y guionistas estadounidenses se aparece con Padre Madre Hermana Hermano (Father Mother Sister Brother, 2025), trabajo disfrutable que por un lado constituye un regreso a las viñetas y el sustrato global de Tren Misterioso, Una Noche en la Tierra y Café y Cigarrillos y por el otro lado sigue la estela melancólica del Jarmusch de la madurez en sintonía con Flores Rotas, Sólo los Amantes Sobreviven y Paterson, obras que con justicia le ganaron la calificación de ser un extraterrestre en eterna búsqueda de lirismo en la cotidianeidad mientras el Siglo XXI se sumerge sistemáticamente en la idiotez y la banalidad más exasperantes, de hecho los extremos opuestos del anhelo de trascendencia incluso en lo doméstico. La propuesta que nos ocupa, distribuida por Mubi y efectivamente estrenada en muchos mercados directamente en el servicio de streaming de la compañía sin pasar por salas tradicionales, se consagra a tres encuentros familiares en los que dominan la incomodidad de entrecasa, la incomunicación arrastrada en el tiempo y una idea de la familia homologada a una triste prisión de la que se debe escapar a raíz de una relación otrora amorosa o de respeto ahora transformada en rutina entre extraños con poco y nada para decirse, por ello las charlas resultan mayormente fragmentarias en consonancia con una catarata de secretos, mentiras y/ o verdades a medias que siempre flotan de fondo.
En el primer mediometraje tácito, Padre (Father), el mítico Waits compone al patriarca del título, uno que vive en una zona rural de West Milford, en el Estado de New Jersey, y que recibe a sus dos hijos cuarentones, Jeff (Adam Driver) y Emily (Mayim Bialik), esta última una arpía que desconfía del viudo y el primero gustoso de entregarle dinero para distintas reparaciones del inmueble que de seguro son una patraña. El protagonista desordena sus pertenencias antes de la llegada de los vástagos y simula una mínima demencia con vistas a generar pena en un Jeff que se ha divorciado de su esposa y no tiene hijos a su cargo como Emily, así consigue un poco más de efectivo y agradece una caja llena de víveres y bebidas alcohólicas que le regala el varón antes de la partida, todo con el remate de una aparente relación romántica secreta del veterano con una tal Charlotte. La segunda historia, Madre (Mother), es parecida aunque ofrece la acepción rosa del asunto, en esta oportunidad con Charlotte Rampling como la matriarca, una escritora de novelas romanticonas chatarrescas que recibe a sus dos hijas en su casona de Dublín, en Irlanda, Timothea (Cate Blanchett), una mujer retraída que logró un ascenso en el consejo municipal para la preservación de edificios históricos, y Lilith (Vicky Krieps), una joven en la ruina que vende ropa vintage on line y simula refinamiento y una relación con un ricachón. El tercer relato es el único marcado por un vínculo afable, Hermana Hermano (Sister Brother), y precisamente gira alrededor de un par de gemelos neoyorquinos, Billy (Luka Sabbat) y Skye (Indya Moore), que vivieron gran parte de su existencia en Francia y ahora se reencuentran para contemplar el departamento ya vacío en París de sus padres, muertos hace poco en un accidente aéreo.
Como siempre en el caso del realizador, los ingredientes unificantes o compartidos son bastante extraños y juegan claramente con el absurdo o el más puro capricho retórico, en este sentido en el tríptico encontramos unos skaters que Jarmusch retrata vía una cámara lenta poética, la insólita utilización de diminutivos por parte de los adultos para referirse a sus padres ancianos, una seguidilla de brindis heterodoxos sin alcohol, un Rolex que una y otra vez sale de la nada y puede ser falso o no y desde ya esas conversaciones esperpénticas acerca del agua y otros temas del montón que en algún momento incluyen una supuesta expresión de júbilo en el idioma inglés, “¡Bob es tu tío!”, que sólo usan los personajes. El estadounidense apela a la nostalgia de corte naturalista pero no se hunde en ella ya que el trasfondo irónico sutil está a la orden del día y la misma tercera edad jamás aparece del todo como un espacio macabro o siquiera funesto, pensemos que en Padre está empardada al engaño, en Madre al yugo femenino apenas disimulado y en Hermana Hermano a una oquedad/ ausencia de lo más particular porque no tiene que ver tanto con el óbito en sí de los progenitores de los gemelos sino con el pasado inaccesible de los padres a ojos de sus descendientes, quienes entre las pertenencias de los finados descubren un certificado falso de matrimonio y una retahíla de documentos apócrifos de ambos. Recurriendo a la modestia expresiva, ese laconismo de siempre del señor, y a dos versiones de la soulera Spooky, la de 1968 de Dusty Springfield y la reciente de Annika Henderson, el amigo Jim aquí indaga no sólo en el desconcierto absoluto ante la vida y motivaciones del consanguíneo sino también en esos silencios que procuran evitar el conflicto y que pocas veces se dan cita en el cine…
Padre Madre Hermana Hermano (Father Mother Sister Brother, Estados Unidos/ Italia/ Francia/ Reino Unido/ Irlanda/ Alemania, 2025)
Dirección y Guión: Jim Jarmusch. Elenco: Tom Waits, Adam Driver, Charlotte Rampling, Vicky Krieps, Cate Blanchett, Mayim Bialik, Indya Moore, Luka Sabbat, Sarah Greene, Françoise Lebrun. Producción: Atilla Salih Yücer, Carter Logan, Joshua Astrachan y Charles Gillibert. Duración: 111 minutos.