Oh, Hi!

Sobre el fracaso del amor

Por Emiliano Fernández

En el cine de género de antaño las vueltas de tuerca, esos giros narrativos que quiebran en parte lo esperable dentro de determinada estructura retórica, eran un recurso muy recurrente porque la industria cultural del Siglo XX tendía a la diversificación y en muchas ocasiones a la osadía en cuanto a un discurso caótico, paradójico, estrafalario y por ello muy divertido e interesante, casi siempre con la capacidad de balancear sus estereotipos con chispazos de inconformismo o por lo menos sorprender al espectador en un par de escenas que se salían de la arquitectura prefijada/ normalizada de siempre. En nuestro nuevo milenio todo este engranaje compensatorio símil anticuerpos culturales desapareció en gran medida porque la concentración de las productoras, los estudios y las distribuidoras en todo el planeta generó films muy chatos y anodinos que respetan al pie de la letra, como si se tratase de productos en una cadena de montaje, lo que se espera de cada andamiaje discursivo, prácticamente no ofreciendo ni una mísera variación en términos de lo ya establecido desde una ortodoxia que no sólo cansa con rapidez sino que repercute en la “crianza” de nuevas generaciones de espectadores muy conservadores y sin imaginación alguna, típicos necios lobotomizados por el mainstream que sólo consumen franquicias, tanto las explícitas como las tácitas en la tradición de los exploitations del pasado, y se espantan cuando alguien pretende venderles algo nuevo o quizás poco transitado, sea de la naturaleza que sea, porque de hecho los saca de esa zona de confort que la publicidad, el marketing, las redes sociales y los gerentes de “contenido” han construido para un consumo ultra efímero, destinado al olvido inmediato.

 

Gracias a Belcebú no todo está perdido porque de vez en cuando asoma la cabeza de una película que sin ser una maravilla aunque sea pretende agitar un poco el avispero, en el caso que nos ocupa una propuesta bautizada Oh, Hi! (2025), segunda obra de la realizadora y guionista estadounidense Sophie Brooks luego de The Boy Downstairs (2017), opus fallido pero con ideas atractivas cuya lejanía en el tiempo, muy a su pesar, asimismo nos habla de las dificultades del cine independiente para abrirse camino en el panorama señalado, ese de un oligopolio globalizado en crisis que sigue sin apoyar talento nuevo y opta por producir/ distribuir sólo bazofia para descerebrados adeptos al streaming. Oh, Hi! no ofrece una sino dos vueltas de tuerca que bombardean sutilmente el género de base, la comedia romántica posmoderna: Iris (Molly Gordon) e Isaac (Logan Lerman) se conocen desde hace cuatro meses y pretenden pasar juntos un fin de semana romántico en una casa bucólica alquilada pero todo se va al demonio cuando en una sesión de bondage durante la primera noche, con el joven esposado a la cama en sus manos y pies, Iris decide no liberar a Isaac porque el muchacho no quiere un noviazgo, malentendido que lleva primero a doce horas seguidas de perorata, en pos de convencerlo de una relación firme bajo el consejo de la progenitora de la chica (Polly Draper), y luego al arribo de su mejor amiga, Max (Geraldine Viswanathan), y el novio de esta última, Kenny (John Reynolds), para que la asistan ante las acusaciones de secuestro del reo, a quien insólitamente le hacen beber un brebaje mágico -cortesía de la prima bruja de Max, por teléfono- para que pierda la memoria de las dos jornadas previas.

 

La película por un lado invierte el sexo del miembro de la pareja que se muestra alérgico al compromiso a largo plazo con respecto a la ópera prima de Brooks, en The Boy Downstairs de hecho la hembra y en Oh, Hi! el macho, y por el otro lado se mantiene más cerca de Misery (1990), de Rob Reiner, que de Gerald’s Game (2017), de Mike Flanagan, aunque en este apartado vale aclarar que el tono narrativo no tiene nada que ver con el terror modelo Stephen King porque aquí la farsa light del corazón domina la epopeya y a lo sumo se ve complementada por las desviaciones de turno, vinculadas al thriller en primer lugar y al relato fantástico paradigmático de las décadas del 80 y 90 en segunda instancia. El guión de Brooks, construido a partir de una idea de base de la realizadora y la propia Gordon que maduró a lo largo de la pandemia del coronavirus y el interminable período posterior en busca de financiamiento para el film, vuelca toda su energía retórica hacia el fracaso del amor, su costado más perverso y caprichoso y ese choque de voluntades o perspectivas en ocasión del equívoco de fondo, con ella leyendo el vínculo como un noviazgo formal y él interpretándolo como un affaire sin lazos férreos, algo que incluye también la dimensión sexual, ahora con ella aceptando no usar preservativos si se mantenía la exclusividad y él entendiendo que la condición pasaba por usar condones con las otras mujeres con las que se acostaba en paralelo. Incluso el título casual de la realización, efectivamente lo primero que escuchamos de boca de Max, abarca una confusión por un cartel roto de la ruta que anuncia el nombre de aquel pueblo donde se alojan, para ella O High Falls y para él sólo High Falls.

 

Desde ya que el convite no es perfecto porque arrastra problemas de verosímil que es muy probable que la dupla de Brooks y Gordon haya tenido en cuenta al momento de la escritura y haya descartado porque el realismo no es precisamente el horizonte de la propuesta en su conjunto, pensemos por ejemplo en las ridiculeces acumuladas en materia del hechizo de la prima de Max, el involucramiento del personaje de Viswanathan y su novio, un Kenny que es una caricatura viviente en su condición de pollerudo y supuesto experto en “asuntos criminales” por ser fanático de Law & Order (1990-2025), la serie de Dick Wolf para la NBC, y el simple hecho de que moviendo con sus manos la mesa de luz, esa que bordea la cama a la que está esposado Isaac, el bibliófilo llegaría a alcanzar sin problemas las llaves para liberarse y finiquitar su calvario. Oh, Hi! compensa estos deslices, voluntarios o no, ofreciendo criaturas entrañables a las que asigna comportamientos típicos de hoy en día de hombres y mujeres en general y ya no tanto de determinado sexo por sobre el otro, en este sentido nos cruzamos con ese hedonismo pusilánime e irresponsable de Isaac que contrasta con el chantaje y la claustrofobia inducida de Iris, dos formas de violencia que en pantalla tienden a complementarse por el sadomasoquismo. El conflicto no es tanto compromiso versus no compromiso sino optimismo versus pesimismo, por ello el detalle de que gane el muchacho y su amargura automatizada que no deja lugar al ensayo y error, destruyendo la relación más allá del entendimiento mutuo del desenlace, funciona como un signo de estos tiempos consagrados a la abulia, la cobardía y el derrotismo lelo, incluso en la juventud…

 

Oh, Hi! (Estados Unidos, 2025)

Dirección y Guión: Sophie Brooks. Elenco: Logan Lerman, Molly Gordon, Geraldine Viswanathan, John Reynolds, Polly Draper, David Cross, Desmin Borges, Tabitha Lawing, Rubén Ortiz, Diana Irvine. Producción: Sophie Brooks, Molly Gordon, Dan Clifton, Julie Waters y David Brooks. Duración: 95 minutos.

Puntaje: 6