Verity

Sobre el orden de prioridades

Por Emiliano Fernández

El cine actual no logra exprimir formatos de larga data, ni para introducir algo novedoso ni para revivirlos con cierta eficacia retomando al pie de la letra lo que demostró funcionar en otra época, una inoperancia que por momentos resulta hilarante en sus constantes torpezas incluso manejando géneros que no requieren de un talento monumental detrás de cámaras. Verity (2026), de Michael Showalter, es un buen ejemplo de los problemas del mainstream y el indie del Siglo XXI a la hora de recuperar estructuras retóricas sencillas, aquí una mezcla de melodrama, thriller claustrofóbico y sobre todo erotismo trash circa años 80 y 90 que no puede ocultar su condición de rip-off desvergonzado de la reciente y mucho mejor La Empleada (The Housemaid, 2025), aquella sorpresa de Paul Feig con Sydney Sweeney y Amanda Seyfried. Con actuaciones demasiado contenidas de Dakota Johnson y Anne Hathaway, la película sigue la estela de la temática literaria modelo Misery (1990), de Rob Reiner, La Ventana Secreta (Secret Window, 2004), de David Koepp, y El Escritor Oculto (The Ghost Writer, 2010), de Roman Polanski, y se basa en la novela homónima de 2018 de Colleen Hoover, la misma de bodrios románticos de la talla de Romper el Círculo (It Ends with Us, 2024), de Justin Baldoni, A Pesar de ti (Regretting You, 2025), de Josh Boone, y No te Olvidaré (Reminders of Him, 2026), de Vanessa Caswill, todos tan exitosos como inertes porque la fecalofilia y el escapismo del ecosistema popular ya no son lo que eran.

 

La frustración también conduce al guión de poco vuelo de Nick Antosca, aquel responsable de la incomprendida Espíritus Oscuros (Antlers, 2021), de Scott Cooper, y tres excelentes miniseries, El Acto (The Act, 2019), Candy (2022) y Un Amigo de la Familia (A Friend of the Family, 2022), pero también de Cabo de Miedo (Cape Fear, 2026), triste adaptación televisiva de las películas de 1962 y 1991 de J. Lee Thompson y Martin Scorsese, y un par de guiones cinematográficos patéticos, aquellos de La Cabaña (The Cottage, 2012), de Chris Jaymes, y El Bosque Siniestro (The Forest, 2016), de Jason Zada. Lowen Ashleigh (Johnson) es una escritora poco conocida de Nueva York que viene de cuidar y enterrar a su madre, fallecida hace poco de cáncer, y que para colmo presencia en la calle un accidente automovilístico con un ciclista que la empapa de sangre, así entra en contacto con un agente inmobiliario servicial llamado Jeremy (Josh Hartnett), el cual le ofrece su camisa y resulta ser el marido de una autora de bestsellers cuya ubicuidad es sinónimo de basura cultural al por mayor, Verity Crawford (Hathaway), quien se estrelló con su vehículo contra un árbol. Jeremy contrata a Lowen para que escriba sin acreditar el siguiente eslabón de una saga editorial centrada en personajes de impronta decididamente malévola, Nobles Virtudes, que lanzó a Verity a la fama, ahora una magnate catatónica viviendo en la mansión familiar, a orillas de un lago de Vermont, al cuidado de la linda enfermera Anna (Irina Dvorovenko).

 

Ashleigh debe trasladarse hasta el lugar para revisar el archivo de Crawford y así descubre un pendrive con las memorias de Verity, texto en el que analiza su relación con Jeremy y los celos que sintió a partir del nacimiento de los hijos gemelos de la pareja, Harper (Sienna Kulovitz) y Crew (Brady Wagner), llegando al extremo de intentar asesinarlos al volcar una canoa, por ello un año atrás falleció la nena, Harper, y sobrevivió el varón que sabía nadar, Crew. Los clichés del caso pronto se acumulan ya que por un lado Jeremy y Lowen inician un affaire, de hecho compartiendo el luto, y por el otro lado la visitante se horroriza cuando cree ver a la catatónica observándola y cuando el mocoso le confirma que mantiene charlas con la mujer en su cama o silla de ruedas. El film pertenece al costado menos luminoso de la carrera de Showalter, donde conviven anomalías interesantes como Un Amor Inseparable (The Big Sick, 2017) y Los Ojos de Tammy Faye (The Eyes of Tammy Faye, 2021), genial retrato de la televangelista del título en la piel de Jessica Chastain, con obras menores como The Baxter (2005), Mi Nombre es Doris (Hello, My Name Is Doris, 2015), Dos Tórtolos (The Lovebirds, 2020), Alerta de Spoiler (Spoiler Alert, 2022), La Idea de ti (The Idea of You, 2024) y ¡Vaya Navidad! (Oh What Fun, 2025), amén de su aporte para The Dropout (2022), estupenda miniserie acerca de Elizabeth Holmes (Seyfried), la infame estafadora detrás de la empresa Theranos, ejemplo de las burbujas de especulación del capitalismo.

 

Entre algunas referencias musicales atractivas, como una remera de The Jesus and Mary Chain y la presencia en la banda sonora de Benny Goodman, Curtis Mayfield y Tahliah Debrett Barnett alias FKA Twigs, y el regreso al sustrato libidinoso de la querida Johnson después de Cincuenta Sombras de Grey (Fifty Shades of Grey, 2015), trasheada de Sam Taylor-Johnson, aquí nos topamos con una buena dosis de flashbacks, para retratar el pasado de nuestra sensación editorial y darle algo de margen de lucimiento a la también productora Hathaway, y en general con una propuesta predecible y demasiado lenta en su desarrollo de cadencia más melodramática que vinculada al suspenso, además Crawford jamás se termina de imponer como un engendro del demonio, como desea la película, ninguna de las dos actrices protagónicas tiene el mentado perfil de “escritora” y por cierto el trasfondo de triángulo erótico resulta excesivamente tibio, con muy poco despliegue de tetas y culos. Otros ingredientes de la ensalada se condicen con los aires lejanos a una versión deforme de Las Diabólicas (Les Diaboliques, 1955), de Henri-Georges Clouzot, y los chispazos del esquema narrativo de “me quieren volver loca”, ese que nace con Luz de Gas (Gaslight, 1940), de Thorold Dickinson, y Rebeca, una Mujer Inolvidable (Rebecca, 1940), de Alfred Hitchcock, realizador inglés del que asimismo se retoma la noción de las hembras sexys e intercambiables en línea con Vértigo (1958). En la trama se explora el antinatalismo contemporáneo pero no desde el egoísmo clásico sino optando por pensar el orden de prioridades de los sujetos y especialmente de la pareja en sí, nos referimos a ese dilema entre los vástagos o la contraparte amorosa que aparentemente resulta importante para tantas parejas en este capitalismo salvaje de muchísimas aspiraciones y muy pocos recursos, económicos y anímicos/ afectivos. Verity es una burguesa con una vida perfecta que se autosabotea en contraposición con respecto a Lowen, lumpen que lleva adelante un acto de justicia social robándole a la desagradecida todo lo suyo, léase macho, cría, carrera y lugar de privilegio dentro de la industria editorial chatarresca de hoy en día. Más allá de lo olvidable de la odisea y la incapacidad del séptimo arte actual para construir algo de tensión sin caer en el camp involuntario del film de Showalter, por lo menos la película se desembaraza de la vuelta de tuerca ultra delirante del último acto ya que la copia de manera literal del libro de Hoover, homologada a una carta escondida de Crawford en la que afirma que su marido malinterpretó su autobiografía porque el texto en realidad fue un ejercicio de escritura para situarse en los zapatos del villano, y al hacerlo entrega una moraleja valiosa que tiene que ver con las acepciones de la verdad, lo que implica que alguien miente porque la manipulación es evidente aunque no tanto la asignación última de responsabilidades…

 

Verity (Estados Unidos, 2026)

Dirección: Michael Showalter. Guión: Nick Antosca. Elenco: Dakota Johnson, Anne Hathaway, Josh Hartnett, Irina Dvorovenko, Brady Wagner, Sienna Kulovitz, Ismael Cruz Córdova, K.K. Moggie, Tom Galantich, Michael Abbott Jr. Producción: Michael Showalter, Anne Hathaway, Nick Antosca, Colleen Hoover, Stacey Sher, Jordana Mollick y Alex Hedlund. Duración: 117 minutos.

Puntaje: 4