Alien: Romulus

Sobre la integridad de la criatura

Por Emiliano Fernández

A priori Alien: Romulus (2024), del cineasta uruguayo desempeñándose en el mainstream estadounidense Fede Álvarez, constituía toda una incógnita fundamentalmente por dos razones, en primera instancia debido a que las dos precuelas de Ridley Scott, Prometheus (2012) y Alien: Covenant (2017), ya habían agotado en gran medida todo lo que la saga tenía para ofrecer en lo que respecta al sustrato aventurero espacial, la primera expandiendo significativamente la mitología iniciática y la segunda en sí funcionando como una remake engordada de la primera y legendaria película, Alien (1979), también del querido director británico, y en segundo lugar porque el mismo artífice central, Álvarez, había conseguido una suerte de “empate cualitativo” en términos de su carrera en yanquilandia después de hacerse conocido con el genial cortometraje ¡Ataque de Pánico! (2009), de hecho de la mano de dos propuestas estupendas, Evil Dead (2013) y Don’t Breathe (2016), la primera una remake del clásico homónimo de 1981 de Sam Raimi y la segunda un thriller original sobre un cieguito bastante lúgubre y su agenda de venganza/ reparación, y dos trabajos apenas potables que coquetearon con la decepción, hablamos de The Girl in the Spider’s Web (2018) y Don’t Breathe 2 (2021), esta última una secuela que produjo y escribió junto a su coguionista de siempre, el en esa ocasión director Rodo Sayagues, y la primera una pobre reinterpretación a lo 007/ James Bond de la recordada Lisbeth Salander, protagonista de la saga literaria Millennium de Stieg Larsson, de las películas suecas con Noomi Rapace y de la primera relectura norteamericana, The Girl with the Dragon Tattoo (2011), de David Fincher, amén de un proyecto adicional -con un involucramiento más lejano por parte del artista uruguayo- que fue a parar a Netflix, Texas Chainsaw Massacre (2022), pretendida continuación directa de la odisea original de 1974 de Tobe Hooper que fue dirigida por un tal David Blue García, en esencia otro opus mediocre con algún detalle simpático de fondo.

 

Si dejamos de lado la epopeya de Leatherface revoleando por enésima vez la motosierra, como decíamos antes un producto accesorio de nula o baja intervención real, el empate en la trayectoria de Álvarez se asemejaba a su homólogo del derrotero de Matt Reeves en aquella fase mainstream previa a The Batman (2022), tracción a las muy dignas Dawn of the Planet of the Apes (2014) y War for the Planet of the Apes (2017) emparejando a las anodinas Cloverfield (2008) y Let Me In (2010), correlación que por suerte también reenvía a resultados positivos porque así como la película del murciélago detective y rescatista era un festín para el cinéfilo amante del film noir, nuestra Alien: Romulus no se queda atrás y resulta una experiencia muy disfrutable gracias al evidente objetivo del realizador y de su socio y paisano, Sayagues, de ensamblar una montaña rusa de horror y ciencia ficción a partir de una acepción cuasi exploitation del universo del xenomorfo en donde la ausencia de la ambición artística de Scott, un señor con una maestría visual gloriosa que no admite comparación, es compensada por los latiguillos de siempre de Álvarez, en esta oportunidad un ritmo narrativo furioso, un muy buen manejo del suspenso y una tendencia a exacerbar y/ o combinar todos los elementos por antonomasia de la franquicia de turno, sea ésta cual fuese, precisamente por ello Alien: Romulus recupera sin culpa ni pudor el androide de la primera Alien, aquel Ash rebautizado Rook (Ian Holm vía CGI con voz de Daniel Betts), la generosa progenie asesina de Aliens (1986), de James Cameron, un surtido de secundarios marginales símil Alien 3 (1992), obra despareja de Fincher, algo de aquella obsesión con la experimentación poco ética y las criaturas híbridas de Alien Resurrection (1997), de Jean-Pierre Jeunet, y desde ya el diseño facial tan particular de los Ingenieros (Engineers) de Prometheus y Alien: Covenant, aquí sobre todo yendo a parar al engendro que surge de la dolorosa amalgama entre el xenomorfo y una hembra humana cualquiera y embarazada.

 

Uno podría afirmar que efectivamente hay personajes humanos importantes pero lo cierto es que el protagonista excluyente vuelve a ser el monstruo, hoy por suerte sin CGI y con Trevor Newlin adentro del traje, porque sin el Diablo no hay Infierno y la trama trascurre entre la obra maestra de 1979 y la primera continuación de 1986, la estupenda de Cameron: el xenomorfo flotaba tranquilo en el espacio, todo en consonancia con el desenlace de la peripecia inaugural o destino del bicho luego de su primer encontronazo con Ellen Ripley (Sigourney Weaver), hasta que otra nave de Weylan-Yutani, la megacorporación capitalista parasitaria de la saga, tiene la desafortunada idea de rescatarlo del cosmos, llevarlo a una estación, “cosecharlo” en un laboratorio e incluso freezarlo mediante crioconservación, planteo que nuevamente deriva en una masacre de la que nada saben nuestros bípedos en pantalla, aquí un grupete de seis jovencitos que están esclavizados en una de las colonias mineras de la empresa, pesadilla de oscuridad eterna que se asemeja a una ciudad modelo Blade Runner (1982), asimismo de Scott, y por ello sueñan con un paraíso muy lejano llamado Yvarga en donde se puede ver el sol, no obstante la falta en la colonia de vehículos estelares con equipamiento para el hipersueño los obliga a trasladarse a la misma estación de investigación de la carnicería bajo la meta de robar/ usar sus instalaciones para el periplo de años hacia el edén, uno que por supuesto se ve saboteado por la alimaña de la doble mandíbula ya que al buscar el combustible para la crioconservación las futuras víctimas despiertan a la bestia y dividen al grupo en dos mitades que se condicen con las partes de este entorno cerrado, Romulus y Remus en inglés o Rómulo y Remo en castellano, aquellos fundadores de Roma según la leyenda, por ello los fugados de la colonia que quedan en el segmento de la estación bautizado Remo/ Remus deben recorrer unos pasillos infestados de xenomorfos hasta llegar a Rómulo/ Romulus, infaltable “misión de rescate” de por medio.

 

El guión de Álvarez y Sayagues no ofrece originalidad alguna, casi siempre rindiéndole pleitesía a la faena de 1986 y a lo hecho por Dan O’Bannon y Ronald Shusett hace 45 años, sin embargo nos regala una experiencia divertida que acumula peligros con seguridad cual castillo o torre de naipes, así arrancamos con una cuenta regresiva por el próximo choque de la estación contra un cinturón de asteroides, lo que implica un aceleramiento del asunto a raíz de explosiones que corren el eje, seguimos con las penumbras tenebrosas del armatoste abandonado en el espacio, en este caso en pos de cápsulas de hipersueño con el combustible suficiente hasta Yvarga, y terminamos en una mixtura mortal de abrazacaras (facehuggers), revientapechos (chestbursters) y el xenomorfo adulto que todos conocemos, hoy respetando la dinámica bélica de Aliens. Más cerca de la efervescencia de Evil Dead que del piloto automático de The Girl in the Spider’s Web o Texas Chainsaw Massacre, Álvarez en Alien: Romulus reconduce la franquicia hacia el cine de género hueco aunque sin las pavadas trash de Alien vs. Predator (2004), de Paul W.S. Anderson, y su corolario Aliens vs. Predator: Requiem (2007), de los hermanos Greg y Colin Strause, en este sentido no nos aburre con absurdos o un desarrollo larguísimo de personajes y apela a la brevedad cuando se trata de trasmitir los anhelos y la identidad de la protagonista humana, Rain (Cailee Spaeny), joven que trata de hermano a un androide defectuoso que supo rescatar su difundo padre, Andy (David Jonsson), el cual es llevado a la estación para que se comunique con la computadora de a bordo y abra las puertas pero eventualmente es “colonizado” por el malévolo Rook en plan de desquite espiritual tácito contra Rain porque la chica debería renunciar al muchacho sintético al llegar a Yvarga, donde la artificialidad está prohibida. En síntesis el uruguayo aquí garantiza la integridad artística de la horrorosa criatura y nos entrega un excelente final vía el híbrido aludido y una genial secuencia con sangre ácida flotando en gravedad cero…

 

Alien: Romulus (Estados Unidos/ Reino Unido, 2024)

Dirección: Fede Álvarez. Guión: Fede Álvarez y Rodo Sayagues. Elenco: Cailee Spaeny, David Jonsson, Trevor Newlin, Daniel Betts, Archie Renaux, Isabela Merced, Spike Fearn, Aileen Wu, Rosie Ede, Robert Bobroczkyi. Producción: Ridley Scott, Walter Hill, Gergö Balika y Michael Pruss. Duración: 119 minutos.

Puntaje: 7