Essential Killing

Sobrevivir lo es todo

Por Emiliano Fernández

Prácticamente nadie vio en el momento de su estreno Figuras en un Paisaje (Figures in a Landscape, 1970), aquel thriller minimalista y experimental de Joseph Losey, no obstante es una de las películas más revolucionarias de las décadas del 60 y 70 por el simple hecho de basarse en una única e insólita idea y mantenerla hasta el final sin mayores variaciones como si se tratase de una obra enteramente conceptual y alejada de la fanfarria tontuela del mainstream, ese que adora explicar y volver a explicar cada uno de los detalles de turno hasta el hartazgo: en el film protagonizado por Robert Shaw y Malcolm McDowell, quienes componían a dos hombres -MacConnachie y Ansell, respectivamente- que escapaban en un contexto semi montañoso del acecho de un helicóptero, nada estaba aclarado porque el espectador desconocía el trasfondo de los personajes, el lugar en el que transcurría la cacería humana y hasta el quid fundamental de la misma, léase la razón que justificaría el hostigamiento insistente -y con evidentes intenciones homicidas- de la nave voladora, un Aérospatiale Alouette II. Jerzy Skolimowski, otro especialista en el inconformismo cinematográfico todo terreno como Losey, recupera la premisa de base de Figuras en un Paisaje en ocasión de la también extraordinaria y muy enigmática Essential Killing (2010), ahora presentándonos una película en la que el protagonista excluyente no dice ni una puta palabra en todo el metraje, los lugares concretos en los que se desarrolla el relato no están especificados y todos los personajes en general carecen de nombre hasta que aparecen los créditos finales, esos que aclaran un par de apelativos y nada más dejando abierta a la interpretación del público la verdadera identidad del antihéroe en cuestión en función de la acumulación de sus acciones, algunas pistas aisladas y los contados flashbacks, presagios y pesadillas que acarrea el susodicho a lo largo de su periplo en una comarca que desconoce.

 

La odisea que nos ocupa comienza en lo que parece ser Afganistán en algún momento de la invasión estadounidense posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando un talibán llamado Mohammed (el tremendo Vincent Gallo), revienta con una bazuca a un militar yanqui (Raymond Josey) y a dos mercenarios del sector privado (Zach Cohen y Iftach Ophir), lo que provoca que sea perseguido por un helicóptero de combate y detenido por tropas invasoras que a su vez lo llevan a un centro de detención clandestino, uno de los muchísimos que tienen los norteamericanos desperdigados por todo el globo para no tener que respetar la legislación nativa de Estados Unidos. El hombre es interrogado y torturado a golpes y con el infaltable “submarino” (suplicio por ahogamiento con el prisionero maniatado) y después puesto en un avión y trasladado a lo que parece ser Polonia, donde luego de aterrizar y en medio de una caravana de camionetas forma parte de un accidente cuando uno de los vehículos pretende esquivar a unos cerdos que estaban en la carretera y la camioneta en la que se hallaba Mohammed se sale de la ruta y así termina volcada y al costado de un bosque frondoso nocturno en época invernal. El reo consigue escapar, vaga por el páramo descalzo y cuando tiempo después quiere entregarse termina aprovechando el descuido de dos guardias para robarles un arma y matarlos sin más, sacándose de paso las esposas y haciéndose de botas de nieve, ropa y algo de alimentos. En la fuga posterior, y con muchos soldados desalmados y helicópteros pisándole los talones, Mohammed deberá continuar asesinando para garantizar su libertad, cargándose a bípedos y perros, y también se verá obligado a comer cualquier cosa con vistas a seguir con vida, como por ejemplo hormigas, corteza de árboles, frutos pequeños semi venenosos, un pez robado a un tipo cualquiera y hasta un poco de leche de una gorda circunstancial y lactante con su purrete.

 

Hasta cierto punto se podría decir que Essential Killing es una especie de cruza imposible entre western de supervivencia, película de acción ultra indie y drama existencialista sobre la futilidad de las guerras y en especial la doctrina fascista, desquiciada y genocida de los anglosajones -además de los yanquis hay que incluir a sus socios de siempre, los británicos- centrada en combatir al terrorismo con ocupaciones territoriales inmensas, embustes, masacres, torturas, secuestros, espionaje y bombardeos eternos, lo que por supuesto tiene que ver con mantener en movimiento a la gigantesca industria bélica estadounidense, la basura política de derecha, la oligarquía empresarial de la reconstrucción a gran escala y por supuesto el capitalismo petrolífero en general del Primer Mundo, todos elementos que ya han sido analizados de manera brillante por propuestas recientes como Secretos de Estado (Official Secrets, 2019), de Gavin Hood, y Reporte Clasificado (The Report, 2019), de Scott Z. Burns, dos excelentes testimonios de que el espíritu del cine de denuncia de los 70 por suerte todavía continúa vivo en nuestros días. La enorme eficacia del guión de Ewa Piaskowska y el propio Skolimowski reside en su simpleza retórica y en la idea de recuperar aquella angustia de los prisioneros de guerra de La Ascensión (Voskhozhdenie, 1977), el clásico de Larisa Shepitko, la mugre moral y la brutalidad de los centros de tortura y confinamiento de la CIA y la milicia norteamericana de El Camino a Guantánamo (The Road to Guantanamo, 2006), gran film de Michael Winterbottom y Mat Whitecross, y ese sentido de la vorágine de supervivencia que caracteriza a las mejores realizaciones de Paul Greengrass, decididamente con Bourne: El Ultimátum (The Bourne Ultimatum, 2007) como la joya de una corona artística en la que la acción hiperquinética y a veces ultra feroz toma la forma de una reafirmación por parte de los sujetos ante un entorno que los acorrala.

 

Sin embargo el opus de Skolimowski, aquel de las maravillosas Deep End (1970), El Grito (The Shout, 1978) y Trabajo Clandestino (Moonlighting, 1982), da un paso más allá en lo que respecta a sus posibles lecturas porque si bien se puede abrazar una interpretación política por el gesto de poner patas para arriba al molde de los thrillers hollywoodenses y convertir a un talibán en el centro del relato, lo cierto es que asimismo es posible leer el planteo en términos más macros en consonancia con un minimalismo visceral y seco que le debe mucho -como decíamos previamente- a Figuras en un Paisaje, haciendo que las limitaciones en el campo de la información coyuntural de la historia narrada hablen por sí mismas en materia de la desesperación de un hombre acechado que corre por su vida y al que precisamente no le resulta placentero tener que reventar a cuanto tarado se cruce en su camino, basta con recordar sus momentos iniciales de duda a la hora de cargarse al milico y los mercenarios o sus expresiones de horror en cada uno de los asesinatos subsiguientes, ya con la huida a pleno. El desempeño de Vincent Gallo, un actor, director y guionista siempre polémico, es realmente muy bueno y su fisonomía de lo más particular calza como anillo al dedo en un personaje de raigambre árabe pero que podría ser cualquiera -y de cualquier parte del mundo- que apueste a militar con las armas o las palabras contra la injusticia, por cierto dentro de un esquema en el que a la violencia castrense -simbolizada en los yanquis que cazan y en el mismo Mohammed- se opone la violencia civil, esa que puede verse tanto en las trampas que mutilan cruelmente a los animales del bosque y en los trabajadores de la industria maderera que destruyen miles de árboles como en el marido borracho y violento (Janusz Wojtarowicz) de una pobre mujer sordomuda con la que el protagonista se topa en el último acto, Margaret (la genial Emmanuelle Seigner), quien no lo denuncia ante las autoridades y hasta lo lava y lo alimenta de la mano de una solidaridad símil mutismo aguerrido que comprende que sobrevivir lo es todo para quienes padecen a diario el odio y el maltrato. El lirismo de la congoja y lo inevitable, simbolizado en un caballo blanco como la nieve sobre el cual el antihéroe vomita sangre en las postrimerías de la epopeya, también trae a colación la distancia cultural entre Occidente y Oriente y la tormentosa relación entre el hombre contemporáneo y la naturaleza, con el primero ya largamente incapaz de vivir en paz con la segunda sin destilar soberbia o ejercer algún tipo de vejación, acercándonos de sopetón en este contexto natural -sin los artilugios tecnológicos actuales de cotillón- a una sed de supervivencia que animaliza al ser humano y lo lleva a cometer esos “homicidios esenciales” a los que alude el título, aquellos legitimados por su defensa contra la muerte…

 

Essential Killing (Polonia/ Noruega/ Irlanda/ Hungría/ Francia, 2010)

Dirección: Jerzy Skolimowski. Guión: Jerzy Skolimowski y Ewa Piaskowska. Elenco: Vincent Gallo, Emmanuelle Seigner, Zach Cohen, Iftach Ophir, Raymond Josey, Nicolai Cleve Broch, Stig Frode Henriksen, David L. Price, Tracy Spencer Shipp, Janusz Wojtarowicz. Producción: Jerzy Skolimowski, Jeremy Thomas y Ewa Piaskowska. Duración: 83 minutos.

Puntaje: 9