Raymond Lawrence “Boots” Riley, líder histórico del colectivo marxista de hip hop The Coup, comenzó una carrera como cineasta de la mano de Perdón por Molestarlo (Sorry to Bother You, 2018), film sorprendente que empezaba como una sátira del telemarketing y eventualmente derivaba en un ataque furioso -y de resonancias fantásticas, casi de cuento alegórico de hadas- contra el capitalismo salvaje del Siglo XXI y el reemplazo del trabajo por la especulación como fuente de riqueza. La película incluía numerosas pinceladas surrealistas muy en sintonía con gente tan diversa como Alejandro Jodorowsky, los Monty Python, Terry Gilliam en solitario y el trío interconectado de Charlie Kaufman, Spike Jonze y Michel Gondry, entre otros, y nos paseaba por tópicos candentes que el séptimo arte mainstream e indie de hoy en día pasa completamente por alto a raíz de su conformismo, estupidez y ganas de dejar contentos a los oligofrénicos sin compromiso político/ social del público y la crítica, especialmente la precarización laboral, la claustrofobia posmoderna, la mediocridad cultural planetaria, la vida de oficina, la ardua sindicalización en yanquilandia, la TV basura de siempre, esa pirámide plutocrática occidental, los desclasados mierdosos de la actualidad, el trabajo como esclavitud en el capitalismo atroz, el bombardeo en todos los ámbitos con el miedo o la perorata meritocrática e individualista, la farsa del progreso sin ética y conservando las estructuras de expoliación, la querida militancia socialista o de izquierda en general, la represión estatal en complicidad con la alta burguesía y los medios de comunicación, los delirios de la oligarquía neoliberal y finalmente la necesidad de una urgente contraofensiva contra el capital y todos sus esbirros en una época caracterizada paradójicamente por la desmovilización de los pueblos, casi con la capacidad suprimida de imaginar un mundo alternativo sin inequidades, y por un avance como nunca antes de las mafias económicas, massmediáticas y tecnológicas, esas que demonizan cualquier indicio de organización proletaria con la idea de suprimir toda oposición posible a sus intereses.
Riley continuó explorando su obsesión discursiva, precisamente desbancar la estrategia del statu quo de no sólo cosificar a los humanos sino también de reconvertirlos en herramientas para su propia opresión en la praxis mundana, en una serie disfrutable aunque menor de siete capítulos para el servicio de streaming Amazon Prime Video, Soy Virgo (I’m a Virgo, 2023). Ocho años a posteriori de la ópera prima por fin tenemos un segundo opus por parte del estadounidense, Yo Amo a las Ladronas (I Love Boosters, 2026), otra epopeya magistral que exuda osadía, coherencia ideológica y una inventiva exquisita mientras combina la parodia anticapitalista, el blaxploitation, el cine stoner, la comedia absurda y la caper movie o heist film o realización de atracos, una vez más retomando a Gilliam y Kaufman aunque asimismo sumando detalles de Blake Edwards, Billy Wilder y Mel Brooks, tres expertos en la amalgama de comedia desaforada y sátira inteligente polirubro. Como toda la obra del amigo Boots, tanto la musical como la televisiva y cinematográfica, la propuesta que nos ocupa funciona como un grito en pos de justicia mediante la solidaridad y el alzamiento de la clase obrera, como decíamos antes un planteo imperioso en tiempos en los que tanto la burguesía racista y aporofóbica como muchos lúmpenes de suburbio niegan su vinculación con el estrato señalado cuando en realidad todo el que vive de un sueldo en esta etapa del capitalismo es indudablemente proletario, esquema retórico al que en este caso se suma una denuncia en primer lugar del carácter funesto de la industria de la moda del Primer Mundo, construida sobre el sudor y la sangre de los trabajadores orientales, y en segunda instancia de las payasadas que suelen decir los oligarcas o multimillonarios negreros apestosos para ponderar sus privilegios y sus prácticas de rapiña extendida, siempre autojustificándose desde la soberbia, el desvarío, la hipocresía y el narcisismo más imbécil mientras patean y acarician al Estado según su conveniencia, atacándolo en materia de impuestos y pidiendo su protección en lo que respecta a la competencia en un mercado muy saturado de chatarra.
Hoy las protagonistas son Corvette (Keke Palmer), Sade (Naomi Ackie) y Mariah (Taylour Paige), tres mujeres negras que conforman una célebre pandilla de ladronas conocida como la Banda de Terciopelo, grupo de impronta filantrópica que se dedica a robar la mercadería de una cadena de moda, Metro Designers, propiedad de la aborrecible Christie Smith (Demi Moore), una diseñadora egocéntrica de alta costura kitsch y seudo avant-garde que tiene su fábrica en China para aprovechar el trabajo cuasi esclavo del gigante asiático. Mientras la Banda de Terciopelo revende la ropa a mucho menor precio en las barriadas populares para sobrevivir, Corvette en concreto, una aspirante a diseñadora de moda, suele toparse con un tipo con un anillo en su meñique izquierdo (LaKeith Stanfield, de Perdón por Molestarlo), demonio con apariencia humana que hipnotiza a sus presas y les succiona el alma cuando les practica sexo oral, y tiende a chocar con sus dos compañeras y sobre todo con su mejor amiga, Sade, porque Corvette pasa de admirar a Christie a directamente detestarla ya que la ningunea cuando se cuela en su ridículo edificio inclinado, sede del imperio de la oligarca, y para colmo le roba uno de sus diseños, un traje con una multitud de aletas que descubre cuando junto con sus amigas consigue trabajo en una sucursal a cargo de un gerente necio, mariquita y explotador, Grayson (Will Poulter), con la meta de vaciar el lugar y llevarse unos misteriosos atuendos de cien mil dólares cada uno de los que el personaje de Palmer escuchó hablar a escondidas. La que se apropia del inventario de la tienda en su totalidad es otra ninfa, Jianhu (Poppy Liu), una trabajadora china de la factoría de Christie que quiere presionarla para reducir la jornada laboral, aumentar el sueldo de miseria de los operarios y eliminar ese arenado de mezclilla -para simular desgaste en la ropa- que causa silicosis y cáncer de pulmón, por ello la tía de la asiática murió y su madre está enferma. Con Jianhu asociada a la Banda de Terciopelo y todas además recibiendo asistencia de una colega de idiosincrasia sindicalista de Metro Designers, Violeta (Eiza González), la pandilla utiliza al luzbel de los cunnilingus mortales, un modelo, para ingresar en un desfile de la diseñadora multimillonaria y sabotearlo gracias a un curioso dispositivo que la oriental usó durante su hurto modelo aspiradora, aparato con forma de anillo voluminoso que Jianhu le sustrajo a los jerarcas de la fábrica luego de que éstos lo robasen al gobierno chino. El dispositivo que la asiática considera un teletransportador, con el cual la magnate de la moda y los suyos desean ahorrarse gastos de envío, en realidad tiene otras dos funciones como deconstructor y acelerador situacional, el primero descomponiendo los ítems constitutivos de cualquier cosa o ser vivo al que se le apunte y el segundo intensificando los conflictos inherentes a la sociedad según los principios del materialismo dialéctico del marxismo, en este sentido la tesis batalla contra la antítesis para que en última instancia surja la síntesis como resultado de esa lucha tantas veces negada en nuestro presente, en especial entre las clases sociales.
Amparado en una banda sonora sublime que incluye desde canciones sueltas, en línea con Adore, joya de Prince circa Sign o’ the Times (1987), y Kick Out the Jams, el mega clásico del álbum homónimo de 1969 de MC5, hasta la artillería sonora farsesca/ sesentosa/ freak/ lunática de Tune-Yards, dúo de Merrill Garbus y Nate Brenner alias Naytronix que ya había participado en Soy Virgo y Perdón por Molestarlo, Riley en Yo Amo a las Ladronas combina su militancia socialista de siempre con una narración dinámica, un humor astuto y muy corrosivo y esa imaginación que en el Siglo XXI tantas veces parece en bancarrota o brilla por su ausencia, algo que puede verse primero en detalles de la trama, como los trajes de piel de cien mil dólares de Christie para que los usen unos influencers patéticos que se removieron quirúrgicamente todo el cuero, y segundo en la riqueza inconmensurable de los personajes, basta con tener presente a una Violeta especializada en el dispositivo de ciencia ficción y en los pormenores del materialismo dialéctico en general, esa Mariah que cuando aguanta la respiración puede disminuir su negritud, genial truco antirracista representado en pantalla en la metamorfosis de Paige en la comediante Robin Thede, y una Sade fanática de una estafa piramidal símil esquema Ponzi a instancias de un charlatán bautizado Dr. Jack (Don Cheadle, por cierto irreconocible por la barriga falsa, las rastas y el maquillaje y las prótesis en su rostro). Aquellos animatronics para los “equisapiens” del último acto de Perdón por Molestarlo, criaturas mitad caballo y mitad ser humano producto del oligarca Steve Lift (Armie Hammer), precisamente la antítesis de nuestro héroe obrero en crisis de identidad, Cassius “Cash” Green (Stanfield), en esta oportunidad mutan en el stop motion utilizado para dar vida a los influencers de Christie sin sus trajes de piel, como si se tratase de la resurrección de Frank Cotton (Sean Chapman) en Hellraiser (1987), de Clive Barker, practical effects que además abarcan las miniaturas para la persecución automovilística de las postrimerías del relato, destacándose lo hecho en ocasión del gracioso tramo dentro de un shopping center, a mitad de camino entre Ray Harryhausen y un videoclip de los Beastie Boys. El film apela recurrentemente al realismo mágico, recordemos la bola de deudas y avisos de desalojo que persigue a una Corvette que vive de okupa en un antiguo restaurant de pollo frito, el asiento masajeador en el mitin con el Dr. Jack, la reconversión en casi blanca de Mariah, la torre inclinada del personaje de la perfecta Moore, el monstruo come vaginas y el mismo dispositivo multifunción más el flashback orwelliano de Jianhu, sin embargo la fantasía sigue los pasos de Bong Joon-ho o Yorgos Lanthimos al no descuidar el sustrato visceral del asunto, aquí simbolizado en la toxicidad y la explotación laboral en China pero también en los salarios minúsculos de Metro Designers, un horario de almuerzo de 30 segundos, la música a todo volumen en las sucursales, la costumbre de facturar los uniformes a los empleados y todo ese lenguaje gerencial rebuscado para decir obviedades…
Yo Amo a las Ladronas (I Love Boosters, Estados Unidos, 2026)
Dirección y Guión: Boots Riley. Elenco: Keke Palmer, Naomi Ackie, Taylour Paige, Demi Moore, Poppy Liu, Eiza González, LaKeith Stanfield, Will Poulter, Don Cheadle, Robin Thede. Producción: Boots Riley, Aaron Ryder, Jon Read, Andrew Swett y Allison Rose Carter. Duración: 114 minutos.