Chuck Jones, célebre por sus extraordinarios aportes para los Looney Tunes y las Fantasías Animadas de Ayer y Hoy (Merrie Melodies), dos series de cortos de la Warner Bros. que se produjeron entre los años 30 y finales de los 60, en ocasión de ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? (Who Framed Roger Rabbit?, 1988) acusó a Robert Zemeckis no sólo de arruinar el famoso duelo de piano de la película entre Donald y el Pato Lucas que había ideado sino asimismo de no permitirle verdadera intervención creativa al encargado máximo de toda la animación del film, el profesional canadiense Richard Williams, responsable excluyente del esplendoroso look de las caricaturas del blockbuster y un animador mítico que nos legó los cortos Cuento de Navidad (A Christmas Carol, 1971) y Prólogo (Prologue, 2015), la obra maestra inconclusa El Ladrón de Bagdad (The Thief and the Cobbler, 1964-1993), basada en Las Mil y una Noches (Alf Layla Wa-layla, Siglo IX) y después estrenada en versiones mutiladas bajo el mando de Fred Calvert y Harvey Weinstein, y las secuencias de créditos y otras intermedias de diversos films como ¿Qué Pasa, Pussycat? (What’s New Pussycat?, 1965), de Clive Donner, El Liquidador (The Liquidator, 1965), opus de Jack Cardiff, Algo Gracioso Sucedió Camino al Foro (A Funny Thing Happened on the Way to the Forum, 1966), de Richard Lester, Casino Royale (1967), de Val Guest, Ken Hughes, John Huston, Joseph McGrath y Robert Parrish, La Carga de la Brigada Ligera (The Charge of the Light Brigade, 1968), de Tony Richardson, y El Regreso de la Pantera Rosa (The Return of the Pink Panther, 1975) y La Pantera Rosa Ataca de Nuevo (The Pink Panther Strikes Again, 1976), dos joyas de Blake Edwards. Más allá de los egos en disputa, resulta muy cierto que ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? significó el nacimiento de este Zemeckis modelo tiránico obsesionado con el sustrato técnico de la realización cinematográfica al punto de que la complejidad de combinar el live action y la animación tradicional -titiriteros, animatronics, mimos, muñecos, extremidades mecánicas, algo de chroma key y mucha impresión óptica de por medio- terminó de volcar su carrera hacia una mixtura entre la ingenuidad escapista hollywoodense de los comienzos, un fetichismo exacerbado por la novedad tecnológica y esa faceta dramática maniquea modelo Frank Capra o hasta Steven Spielberg, su mentor en los grandes estudios yanquis, pensemos en las erráticas Revelaciones (What Lies Beneath, 2000), Náufrago (Cast Away, 2000), El Vuelo (Flight, 2012), En la Cuerda Floja (The Walk, 2015), Aliados (Allied, 2016) y Bienvenidos a Marwen (Welcome to Marwen, 2018).
Dicho de otro modo, aquel Zemeckis ameno, cándido, light y/ o Clase B de Locos por Ellos (I Wanna Hold Your Hand, 1978), Autos Usados (Used Cars, 1980), Tras la Esmeralda Perdida (Romancing the Stone, 1984), Volver al Futuro (Back to the Future, 1985) y sus capítulos para Cuentos Asombrosos (Amazing Stories, 1985-1987) y Cuentos de la Cripta (Tales from the Crypt, 1989-1996) pronto mutaría, después del opus que nos ocupa, en el maniático de epopeyas cada vez más complejas desde lo formal como La Muerte le Sienta Bien (Death Becomes Her, 1992) y las simpáticas secuelas de 1989 y 1990 de las aventuras de Marty McFly (Michael J. Fox) y el Doctor Emmett Brown (Christopher Lloyd), o aquel díptico “serio” y francamente insoportable de Forrest Gump (1994) y Contacto (Contact, 1997) y los patéticos bodrios en CGI inflado El Expreso Polar (The Polar Express, 2004), Beowulf (2007), Los Fantasmas de Scrooge (A Christmas Carol, 2009), Las Brujas (The Witches, 2020) y Pinocho (Pinocchio, 2022), lo que por cierto trae a la mente una frase de John Waters en relación a las persecuciones en torno a Pink Flamingos (1972), señor que afirmó no llamar a la policía -en comparación- con motivo de la horrenda Forrest Gump. Un problema persistente de todo el cine posterior de Zemeckis, director que experimentó una metamorfosis demasiado forzada símil Spielberg porque de un momento a otro se consideró a sí mismo “adulto” sin una mísera película de transición entre la fase púber y la mayoría de edad como artista, se condice con la pérdida de la chispa naif de sus guiones primigenios con su socio recurrente, Bob Gale, dupla que colaboraría también en la fallida 1941 (1979), del amigo Steven, aunque llegaría a su fin con el retiro del cine de Gale luego de las continuaciones de Volver al Futuro y la noción de refritar guiones de los 70 para Oro y Cenizas (Trespass, 1992), de Walter Hill, y Burdel de Sangre (Bordello of Blood, 1996), de Gilbert Adler, un encanto que definitivamente se mantiene firme en ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? porque los testaferros de Zemeckis y su colega son Jeffrey Price y Peter S. Seaman, dúo mediocre y ultra sumiso que aquí entrega su mejor trabajo por lejos como lo demuestran las siguientes y lamentables Doc Hollywood (1991), de Michael Caton-Jones, Wild Wild West (1999), de Barry Sonnenfeld, El Grinch (How the Grinch Stole Christmas, 2000), de Ron Howard, Las Últimas Vacaciones (Last Holiday, 2006), de Wayne Wang, y Shrek Tercero (Shrek the Third, 2007), de Chris Miller y Raman Hui, ejemplos del hecho de que a veces la lucidez creativa llega con cuentagotas o ya bajo la influencia de terceros.
La verdad es que la propuesta, catalizadora después de tres cortos bastante dignos, Dolor de Barriga (Tummy Trouble, 1989), Roger en la Montaña Rusa (Roller Coaster Rabbit, 1990) y Confusión de Senderos (Trail Mix-Up, 1993), responde en un cien por ciento al sentir y la idiosincrasia lúdica del primer Zemeckis y por ello poco y nada queda en la pantalla de la novela negra original de Gary K. Wolf, ¿Quién Censuró a Roger Rabbit? (Who Censored Roger Rabbit?, 1981), un libro satírico que transcurría en los años 80 y se centraba en un misterio enrevesado en la tradición de la literatura hardboiled -corrupción, putas, antihéroes suburbanos y mucha violencia y erotismo criminal- en el que los seres humanos convivían no con estrellas de dibujos animados de Warner Bros., Columbia, Walt Disney, Paramount Pictures, Metro-Goldwyn-Mayer, 20th Century Fox, Universal y RKO Radio Pictures sino con criaturas más humildes de tiras cómicas como Dick Tracy y Snoopy que para colmo hablaban a través de globos de diálogo y poseían la capacidad de generar duplicados de sí mismos que eventualmente se desintegraban, recurso retórico crucial porque la imaginativa novela de Wolf giraba alrededor de una pesquisa del detective privado Eddie Valiant en consonancia con el doppelgänger de Roger Rabbit para determinar quién asesinó a varios personajes e incluso al conejo original, casado con la femme fatale Jessica Rabbit y actor en un popular cómic junto con el Bebé Herman, mejunje que derivaba en una lámpara mágica con un genio homicida y una coartada del conejo vía el duplicado para matar por celos a su jefe, Rocco DeGreasy. La película, como buen producto de la sociedad entre la Touchstone Pictures de Disney y la Amblin Entertainment de Spielberg + Kathleen Kennedy y Frank Marshall, mueve la acción a 1947, lava a escala moral al personaje del título (voz del gran Charles Fleischer) y hace foco en la fórmula retro policial de “pareja dispareja” a través de la unión del conejo y Valiant (Bob Hoskins) en pos de desbaratar los planes del villano de turno, el Juez Doom (un perfecto Christopher Lloyd), de erigir una autopista destruyendo el servicio de tranvías de Los Ángeles y “limpiando” Toontown/ Bujolandia, la metrópoli de los cartoons, para abrirle el paso a la futura arteria de transporte, lo que implica suprimir a los dos oligarcas del rubro animado, el magnate de la industria hollywoodense infantil R.K. Maroon (Alan Tilvern) y el “propietario” de la ciudad segregada y surrealista de los dibujos Marvin Acme (Stubby Kaye), e inculpar al bufón atolondrado de Roger sirviéndose de sus celos por nuestra pechugona Jessica (una Kathleen Turner inexplicablemente sin acreditar).
Como decíamos con anterioridad, lo mejor de ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? se condice con los inmaculados diseños de personajes de Williams, el desempeño del equipo técnico en lo que atañe a la iluminación, la multitud de cameos de clásicos de la Era Dorada de la Animación Estadounidense (desde 1928 hasta principios de los 70), la impronta áspera del querido y tantas veces subvalorado Hoskins, la tendencia al slapstick y los muchos diálogos picarescos, la idea de fondo de homenajear -y también parodiar- el film noir posmoderno de envilecimiento de los popes públicos símil la hiper citada Barrio Chino (Chinatown, 1974), de Roman Polanski, la ambición de la obra en relación a otras faenas híbridas pero acotadas del pasado, en sintonía con Mi Amigo el Dragón (Pete’s Dragon, 1977), de Don Chaffey, y los experimentos de Robert Stevenson en la materia, Mary Poppins (1964) y Travesuras de una Bruja (Bedknobs and Broomsticks, 1971), y finalmente la legitimización tácita intra mainstream de grandes genios de la animación que brillaron durante los 70 y 80 con muy poco o nulo reconocimiento -léase apoyo y algo de cariño cinéfilo- por parte de sus pares, el público o la industria cultural anglosajona, pensemos para el caso en gente de la talla de Martin Rosen, Don Bluth, Will Vinton, Jimmy T. Murakami, Jerry Rees, Ralph Bakshi, Jules Bass y Arthur Rankin Jr., entre otros, todos ellos ninguneados porque en tiempos de cine de súper acción y comedias rosas estúpidas apostaron a un acervo animado sutilmente para adultos, de hecho allanando el camino para esta incursión algo tardía en dicho terreno. La revolución que provocó ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? no se puede subestimar porque el opus de Zemeckis ejemplifica a todas luces la transición definitiva entre por un lado las caricaturas de antaño, esas grotescas de los cortos que acompañaban a los films en salas tradicionales, y por el otro lado el surgimiento de canales de TV por cable especializados en dibujos y la universalización del artilugio animado en el campo del cine -y la desaparición de su magia, por acostumbramiento y saturación- de la mano del fotorealismo digital que explotaría gracias a Terminator 2: El Juicio Final (Terminator 2: Judgment Day, 1991), de James Cameron, y Jurassic Park (1993), de Spielberg, amén del reemplazo de este trazo artesanal por el CGI ya pleno a partir de Toy Story (1995), de John Lasseter. La oscuridad y el carácter anárquico del film continúan llamando la atención ya que hablamos de una obra para el consumo masivo, odisea que la “dibujaron así” -parafraseando a Jessica- desde una autocrítica ácida para con el delirio, la megalomanía y el afán plutocrático de Hollywood…
¿Quién Engañó a Roger Rabbit? (Who Framed Roger Rabbit?, Estados Unidos, 1988)
Dirección: Robert Zemeckis. Guión: Jeffrey Price y Peter S. Seaman. Elenco: Bob Hoskins, Charles Fleischer, Kathleen Turner, Christopher Lloyd, Stubby Kaye, Alan Tilvern, Joanna Cassidy, Lou Hirsch, Joel Silver, Richard LeParmentier. Producción: Frank Marshall y Robert Watts. Duración: 104 minutos.