Sangre de Bebé (Baby Blood)

Sólo quiero nacer

Por Emiliano Fernández

Si hay algo que puede llegar a ser muy tenebroso para el bípedo promedio es la llegada de un niño, pequeño duplicado de uno mismo que nos obliga a plantarnos ante el espejo de los pros y los contras de nuestra idiosincrasia, por ello el cine desde siempre ha trabajado la temática aunque muchas veces desde una cursilería idiota que poco tiene que ver con la apestosa realidad y sus callejones sin salida. El terror, único género al que se le permite en serio jugar con las fábulas basadas en la hipérbole o la desproporción, se ha hecho un festín con el tópico desde la segunda mitad del Siglo XX en su misión de homologar al embarazo y la primera crianza con el parasitismo, la violación, el vampirismo, la vigilancia íntima, los asesinatos en secuencia, el grotesco surrealista, la imposición o la justicia irónica, en este sentido conviene recordar películas primigenias como El Pueblo de los Malditos (Village of the Damned, 1960), de Wolf Rilla, El Bebé de Rosemary (Rosemary’s Baby, 1968), de Roman Polanski, El Monstruo Está Vivo (It’s Alive, 1974), de Larry Cohen, ¿Quién Puede Matar a un Niño? (1976), de Narciso Ibáñez Serrador, La Generación de Proteo (Demon Seed, 1977), opus de Donald Cammell, y Cromosoma Tres (The Brood, 1979), del querido David Cronenberg. Luego de una etapa de transición que se condice con la efervescencia de los años 80, cuyos ejemplos máximos son sin duda Galaxia del Terror (Galaxy of Terror, 1981), de Bruce D. Clark, Inseminoid (1981), de Norman J. Warren, Xtro (1983), de Harry Bromley Davenport, y La Mosca (The Fly, 1986), otra de Cronenberg, el nuevo milenio retomó el asunto mediante obras variopintas en sintonía con El Pequeño Otik (Otesánek, 2000), de Jan Svankmajer, Al Interior (À l’intérieur, 2007), de Alexandre Bustillo y Julien Maury, Grace (2009), de Paul Solet, Shelley (2016), de Ali Abbasi, Antibirth (2016), de Danny Pérez, Prevenge (2016), de Alice Lowe, y ¡Madre! (Mother!, 2017), esa propuesta deliciosamente enajenada de Darren Aronofsky con Jennifer Lawrence y Javier Bardem.

 

Una verdadera rareza del lote, en general desconocida salvo para los devotos que saben de lo que están hablando, es Sangre de Bebé (Baby Blood, 1990), interesante faena de Alain Robak que se mueve entre por un lado la autoconciencia de la versión masculina del asunto, una variante que indaga en la fantasía pesadillesca de los machos de verse “rebajados” al nivel de las hembras en eso de engendrar y/ o criar a un monstruo -o verse controlados por algo semejante que sale del cuerpo- que reclama atención permanente, algo que puede verse con mayor o menor eficacia en epopeyas como Cabeza Borradora (Eraserhead, 1977), de David Lynch, Alien (1979), de Ridley Scott, Daño Cerebral (Brain Damage, 1988), de Frank Henenlotter, Cómo Triunfar en Publicidad (How to Get Ahead in Advertising, 1989), de Bruce Robinson, y Bicho Malo (Bad Milo!, 2013), de Jacob Vaughan, y por el otro lado el gremio de los convites basados en la seducción asesina femenina a lo femme fatale pero más adaptada a la ebullición truculenta del horror, en este caso podemos pensar en Rabia (Rabid, 1977), de Cronenberg, Posesión (Possession, 1981), de Andrzej Zulawski, Especies (Species, 1995), de Roger Donaldson, Audición (Ôdishon, 1999), de Takashi Miike, y Bajo la Piel (Under the Skin, 2013), de Jonathan Glazer. Asimismo emparentado al acervo de Troma, el Henenlotter freak de Daño Cerebral, el Alejandro Jodorowsky de Santa Sangre (1989), aquel Peter Jackson de Mal Gusto (Bad Taste, 1987) y la futura Muertos de Miedo (Braindead, 1992) y desde ya La Tiendita del Horror (The Little Shop of Horrors, 1960), odisea de Roger Corman, el film del galo en una misma jugada revigoriza el motivo de la fémina depredadora símil viuda negra, gran miedo de la fauna masculina, y satiriza a una maternidad tantas veces romantizada o banalizada por el mainstream a lo largo de toda la historia del séptimo arte, un ejemplo estupendo del hecho de que para conocer de verdad cualquier materia es mejor distanciarse y reducirla a sus fundamentos, donde yace su quid.

 

Yanka (la pechugona Emmanuelle Escourrou, a todas luces una “bomba sexual” digna del exploitation de los 60 y 70) es una asistente en un espectáculo con tigres controlado por un domador (Thierry Le Portier) que a su vez trabaja para el dueño del circo de turno, un tal Lohman (Christian Sinniger) que no sólo es un tirano violento sino el padre del hijo que espera nuestra bella protagonista, su amante. La rutina de abusos se quiebra cuando llega al circo un pobre leopardo capturado en África que de repente termina explotando y liberando a una criatura parasitaria con forma de serpiente -o lombriz solitaria, en todo caso- que se mete en el útero de Yanka y toma posesión de su embarazo, todo en medio de la decisión de la chica de abandonar a Lohman y marcharse hacia una gran ciudad de Francia, hasta donde la rastrea el hombre porque antes de partir le robó dinero. Contra todo pronóstico la señorita muta en una asesina implacable que se carga a Lohman con un cuchillo y bebe su sangre a instancias del engendro que crece en su interior (voz de Robak), aparentemente una forma de vida que tiene millones de años de antigüedad pero nunca pudo reproducirse porque no logró nacer como el resto de la fauna del planeta, ser que surgió del agua y que anhela volver a ella ya que está destinado a desarrollarse y reemplazar al ser humano en un futuro muy lejano con la condición de ser alimentado con rica hemoglobina y parido en tiempo y forma. En un inicio la muchacha se niega a matar y hasta amaga con suicidarse arrojándose a un canal, sin embargo después acepta el asunto, mantiene conversaciones con la criatura y consigue un empleo como camarera, donde conoce a Richard (Jean-François Gallotte), el novio lelo y mujeriego de la cajera del restaurant, Rosette (Roselyne Geslot), hombre al que eventualmente asesina cuando se muestra deseoso de tener hijos con ella. Ya con el embarazo más avanzado, muta en taxista y se dedica a atropellar burgueses, ahorcar a alguna estúpida que idealiza la gestación y a robar sangre fruto de donaciones callejeras.

 

Encarada desde una Clase B de índole ochentosa y semi paródica que no se asemeja ni al Cinéma du Look en boga, aquel de Luc Besson, Jean-Jacques Beineix y Leos Carax, ni al Extremismo Francés por venir ya específicamente del ámbito del terror europeo, ese que incluiría a gente como Alexandre Aja, Pascal Laugier, Xavier Gens y el mencionado equipo de Bustillo y Maury, entre otros, Sangre de Bebé hace gala de una estructura narrativa episódica, mucho gore, pocos diálogos verdaderos, unos cuantos soliloquios por parte del monstruito, actuaciones un tanto caricaturescas, erotismo de cadencia sincera y la mentada sátira acerca de una gravidez socialmente endiosada en los círculos más conservadores, esos que todavía sitúan a la familia como núcleo del calamitoso devenir humano. Todos los personajes están caracterizados como puteadores, impulsivos, neuróticos y ventajistas, por ello mismo Yanka se ve obligada a sumarse al canibalismo o darwinismo comunal y utilizar su principal arma, léase una belleza que diluye de modo natural las defensas de sus presas masculinas, para alimentar a la entidad bizarra que se mueve entre sus entrañas, suerte de esperanza tendiente al fiasco en materia de ya no estar sola y contar con un ser idealizado que sea suyo de manera irrevocable, en pantalla este parásito sin nombre que desde la gestación viene con la condena de la personalidad propia aunque de todos modos siempre dispuesto a generar una amistad con la anfitriona y por momentos hasta un “acuerdo” que garantice la convivencia en paz y sobre todo el flujo de sangre externa. Tanto Robak como Escourrou, ambos aquí entregando su única obra notable, garantizan una imprevisibilidad constante que aprovecha con astucia la parafernalia de los homicidas seriales, divaga en torno a la crueldad ontológica de hombres y mujeres e incluso ironiza sobre la posibilidad de una secuela mediante un afiche al paso, algo que lamentablemente se materializó de la mano de la impresentable Sangre de Señora (Lady Blood, 2008), de Jean-Marc Vincent…

 

Sangre de Bebé (Baby Blood, Francia, 1990)

Dirección: Alain Robak. Guión: Alain Robak y Serge Cukier. Elenco: Emmanuelle Escourrou, Christian Sinniger, Jean-François Gallotte, Roselyne Geslot, Thierry Le Portier, Rémy Roubakha, Eric Averlant, Alain Chabat, Jacques Audiard, Jean-Yves Lafesse. Producción: Ariel Zeitoun, Irène Sohm y Joëlle Malberg. Duración: 88 minutos.

Puntaje: 7