Un Príncipe en Nueva York 2 (Coming 2 America)

Sombras nostálgicas pasajeras

Por Emiliano Fernández

Un Príncipe en Nueva York (Coming to America, 1988), de John Landis, forma parte de aquel período de oro de la carrera de Eddie Murphy en el que supo brillar al cien por ciento tanto a nivel de su carisma innegable y su destreza cómica como en lo que respecta a su destreza actoral a secas y un desparpajo naturalista que muy pocos intérpretes en general han tenido a lo largo de la historia del cine, etapa que abarca clásicos como 48 Horas (48 Hrs., 1982), de Walter Hill, De Mendigo a Millonario (Trading Places, 1983), también de Landis, Un Detective Suelto en Hollywood (Beverly Hills Cop, 1984), de Martin Brest, El Niño de Oro (The Golden Child, 1986), opus olvidado de Michael Ritchie, Un Detective Suelto en Hollywood II (Beverly Hills Cop II, 1987), de Tony Scott, y Los Reyes de la Noche (Harlem Nights, 1989), dirigida por el propio Murphy. Lamentablemente a partir de la década del 90, específicamente entre Otras 48 Horas (Another 48 Hrs., 1990), de nuevo de Hill, y El Profesor Chiflado (The Nutty Professor, 1996), de Tom Shadyac, su fama comenzaría a disiparse por vehículos comerciales cada vez más mediocres y rutinarios que no sólo no estaban a la altura de las capacidades histriónicas de la estrella sino de la calidad de las obras primigenias ochentosas, trabajos que pasaron a representar aquel espíritu entre edulcorado, exuberante, ridículo, jactancioso y bienintencionado del cine de la década del 80 en su conjunto, donde la superficialidad más ingenua y las ironías de idiosincrasia ultra lacerante conseguían convivir permanentemente sin mayores roces en el horizonte artístico.

 

A la fase intermedia de los 90 le sigue una catarata de desastres en crítica y taquilla que por un tiempo acercaron a Murphy al nivel de los comediantes de segunda mano del nuevo milenio, casi todos intercambiables y profundamente patéticos, sin embargo vale aclarar que el señor nos entregó algunas propuestas dignas que no tuvieron el reconocimiento que merecían como por ejemplo Bowfinger (1999), de Frank Oz, Soñadoras (Dreamgirls, 2006), de Bill Condon, y Robo en las Alturas (Tower Heist, 2011), de Brett Ratner, amén de su participación en Shrek (2001), de Andrew Adamson y Vicky Jenson, y sus secuelas de 2004, 2007 y 2010 aportando la voz del recordado burro amigo de ese ogro protagonista de Mike Myers. La loable Mr. Church (2016), de Bruce Beresford, constituyó el primer indicio de que el amigo Eddie pretendía regresar a un mejor nivel y el asunto se terminó de confirmar con la ya muy interesante Dolemite Is My Name (2019), biopic de Craig Brewer sobre el héroe underground del blaxploitation más enajenado Rudy Ray Moore, faena que lo reposicionó como actor con todas las letras dentro de una propuesta retórica más cercana a Ed Wood (1994), de Tim Burton, que a The Disaster Artist (2017), de James Franco. La dupla conformada por Murphy y Brewer hoy contraataca con una secuela que nadie pidió de Un Príncipe en Nueva York y el resultado es apenas mediocre estándar actual y muy lejos de la querida Dolemite Is My Name, aun así debemos reconocer que la experiencia es más o menos digna considerando lo que en otras manos podría haber sido todo un desastre.

 

La película en cuestión, Un Príncipe en Nueva York 2 (Coming 2 America, 2021), se vende como una continuación del opus de Landis pero en realidad sólo la primera mitad podría pensarse como un corolario directo ya que la segunda parte funciona como una remake encubierta de la original. El Príncipe Akeem (Murphy) lleva 30 años de casado con Lisa (Shari Headley) y tiene tres hijas pero ningún varón, algo fundamental para la estructura patriarcal de su reino africano, Zamunda, por ello cuando su padre Jaffe Joffer (James Earl Jones) se acerca a la muerte Semmi (Arsenio Hall), su amigo y asesor, le informa que tiene un hijo bastardo en Queens, Lavelle Junson (Jermaine Fowler), producto de un encuentro sexual que tuvo con una prostituta llamada Mary (Leslie Jones), fémina que lo drogó y en esencia lo violó durante el primer viaje a Estados Unidos. Forzado a conseguir sí o sí un heredero varón para que se case con Bopoto (Teyana Taylor), hija del dictador de la nación vecina Nextdoria, el General Izzi (Wesley Snipes), quien insiste con un vínculo conyugal para no mandar a matar al personaje de Murphy o invadir Zamunda, Akeem regresa a Nueva York después del fallecimiento de su progenitor y ya convertido en rey para conocer a Lavelle y llevarlo a África, donde en lugar de casarse con la bella Bopoto y solucionar los problemas políticos/ bélicos/ diplomáticos de la nación se enamorará de la peluquera de palacio, Mirembe (Nomzamo Mbatha), a lo que se suma el descontento de la hija mayor de Akeem, Meeka (KiKi Layne), quien resiente el hecho de que Lavelle sea el heredero real.

 

Una vez más la premisa central del convite puede resumirse como una combinación de melodrama monárquico, humor de una fastuosidad absurda y comedia semi costumbrista de impronta pícara aunque sin abusar, no obstante el periplo resulta muy desparejo porque la primera mitad del convite, aquella de la introducción en Zamunda, el viaje de vuelta a Queens y las pruebas que debe atravesar Junson para convertirse en príncipe, supera por mucho al segmento final del relato, uno que empieza a reproducir al pie de la letra el film de 1988 aunque invirtiendo el origen de la pareja idílica de turno, ahora con Lavelle y Mirembe ocupando los lugares de antaño de Akeem y Lisa, y reorganizando de manera burda los recursos dramáticos a explotar, en esta oportunidad dejando de lado el choque cultural que tan bien trabajó la propuesta previa y volcando todas las fichas hacia un sustrato meloso que si bien se siente relativamente honesto y alejado del cinismo “modelo nuevo milenio”, de todos modos sabe a rancio por las mismas razones por las cuales las comedias románticas están casi extintas en el presente, en esencia debido a que ya nadie cree en el viejo ardid de elegir el amor honesto por sobre el casamiento por conveniencia y/ o impulsado por la prisa o el oportunismo de acuerdo al entorno inmediato. Un Príncipe en Nueva York 2 incluye un buen número de chistes eficaces que recuperan algo de la magia tontuela desatada del pasado, no molesta con su planteo feminista bien incorporado dentro del desarrollo, se luce con una secuencia basada en la gloriosa Gett Off de Prince, aparecida en Diamonds and Pearls (1991), y logra la proeza de un excelente desempeño de un elenco apuntalado en un Jermaine Fowler que está muy lejos de Eddie Murphy pero tampoco pasa vergüenza como se podría esperar a priori, más grandes trabajos de Arsenio Hall, Leslie Jones, Wesley Snipes, James Earl Jones y Tracy Morgan como Reem, el tío de Lavelle. A pesar de que regresan los guionistas del primer film, David Sheffield y Barry W. Blaustein, quienes por cierto habían trabajado sobre una historia de base del propio Murphy, los 33 años transcurridos han hecho mella en un formato que necesitaba de la ingenuidad y del encanto de antaño para poder ser disfrutado a pleno, sobreviviendo en esta ocasión sólo un envase lustroso, algunas sombras nostálgicas pasajeras y otro intento en pos de convertir a un “perdedor simpático”, ese Junson que en Nueva York se dedicaba a revender entradas en el Madison Square Garden, en un coprotagonista a la altura de un Akeem que quizás pueda sentirse cansado y algo redundante en pantalla aunque sobrepasa en carisma a su vástago…

 

Un Príncipe en Nueva York 2 (Coming 2 America, Estados Unidos, 2021)

Dirección: Craig Brewer. Guión: David Sheffield, Barry W. Blaustein y Kenya Barris. Elenco: Eddie Murphy, Arsenio Hall, Jermaine Fowler, Leslie Jones, Tracy Morgan, KiKi Layne, Shari Headley, Wesley Snipes, James Earl Jones, Teyana Taylor. Producción: Eddie Murphy y Kevin Misher. Duración: 109 minutos.

Puntaje: 5