A pesar de que Rescate (Ransom!, 1956), dirigida por Alex Segal, claramente forma parte de la tradición del film noir de mediados del Siglo XX, un esquema narrativo en el que una y otra vez la presencia del crimen viene a subrayar que las utopías de paz y tranquilidad de los centros urbanos no se condicen con una realidad plagada de peligro, injusticias y sujetos maquiavélicos, a decir verdad la película que nos ocupa constituye uno de los ejemplos más curiosos y memorables del formato ya que en lugar de centrarse en los bajos fondos del hampa o la clásica dialéctica de policías y delincuentes, opta en cambio por ofrecernos un retrato de una “familia modelo” estadounidense, suerte de espejo embellecido y opulento en el cual el espectador de la época podía verse reflejado, que atraviesa un paulatino proceso de degradación a lo Lado B de aquel sueño americano o simple imprevisto que mueve la estantería con ferocidad acercándonos al derrumbe. El guión de Cyril Hume y Richard Maibaum está basado en un trabajo previo de ambos realizado para TV, específicamente el episodio Temerosa Decisión (Fearful Decision, 1954), del programa de unitarios en vivo de una hora de duración La Hora del Acero de Estados Unidos (The United States Steel Hour, 1953-1963), y mantiene muchos puntos en común con su homólogo de otra joya de ese mismo año, Delirio de Locura (Bigger Than Life, 1956), del gran Nicholas Ray, también escrita por la misma dupla en un giro irónico -y algo mucho baladí- de la memoria cinéfila mundial ya que muy pocos hoy por hoy recuerdan a estas dos películas dentro de la carrera de ambos guionistas, los cuales de hecho formaron una sociedad que funcionó de manera entrecortada a lo largo de los años, y la mayoría suele limitar la producción de Hume, un graduado de la Universidad Yale, a El Planeta Desconocido (Forbidden Planet, 1956), clásico muy popular de Fred M. Wilcox, y la de Maibaum a sus guiones para la friolera de trece epopeyas de James Bond, desde la primigenia El Satánico Dr. No (Dr. No, 1962), de Terence Young y con Sean Connery, hasta Licencia para Matar (Licence to Kill, 1989), de John Glen y con Timothy Dalton como 007, quien también lo interpretó en Su Nombre es Peligro (The Living Daylights, 1987), otra obra del británico Glen con libreto de Maibaum.
David G. Stannard (Glenn Ford) es el presidente de una muy exitosa empresa de alcance nacional que se dedica a la fabricación de aspiradoras y el padre de un niño de ocho años, Andy (Bobby Clark), y el esposo de una bella mujer, Edith (Donna Reed). El hombre vive en una inmensa mansión suburbana con dos sirvientes negros y fanáticos cristianos, el mayordomo Jesse Chapman (Juano Hernández) y la empleada de limpieza Shirley Lorraine (Juanita Moore), tío y sobrina respectivamente, y controla la compañía familiar junto a su hermano, Al Stannard (Ainslie Pryor), no obstante no disfruta demasiado de su vida debido a que es un adicto al trabajo porque a pesar de que le gusta la bebida bromea con que no tiene tiempo para convertirse en un alcohólico pleno, además deja entrever que sólo los desempleados pueden tener parentelas numerosas e incluso llega a reconocer que no le ha dedicado el tiempo suficiente a su hijo cuando el purrete desarma las camas de la casa para utilizar los tablones de madera y construir un fuerte en el jardín con un amigo. Un día el jovencito no vuelve del colegio, retirado a la salida de clases por una mujer que dice ser la enfermera del médico familiar, el Doctor Gorman (Alexander Scourby), y David decide contactar de inmediato a la policía ante un posible rapto, así el jefe del departamento, Jim Backett (Robert Keith), interviene los teléfonos de la casa e instala una segunda línea para llamadas salientes. Mientras Edith cae en la histeria, ataca con un atizador de chimenea a la directora de la escuela, una bruja llamada Señora Partridge (Mabel Albertson) que se lava las manos de todo lo ocurrido, y es sedada por Gorman, los captores piden desde una cabina telefónica 500 mil dólares de rescate, pero la confianza de Stannard acerca de la devolución de su hijo sano y salvo pronto se diluye cuando tanto Backett como un amigo del anterior y periodista del Times Chronicle, Charlie Telfer (debut del genial Leslie Nielsen), le aclaran que desde el punto de vista de los criminales el mocoso es evidencia y puede ser asesinado a pesar de la rauda entrega del dinero. En una jugada arriesgada, David se niega a pagar y ofrece por televisión el efectivo como recompensa por los secuestradores, vivos o muertos, para forzar la libertad de Andy vía el miedo e instinto de supervivencia de los delincuentes.
Así como en Delirio de Locura teníamos el deterioro psicológico progresivo de un clan reluciente compuesto por el maestro de escuela y despachador clandestino de taxis Ed Avery (James Mason), su esposa ama de casa Lou (Barbara Rush) y el pequeño vástago Richie (Christopher Olsen), todo debido a una adicción por parte del hombre a la cortisona que empieza cuando un matasanos inmundo, el Doctor Norton (Robert F. Simon), se la prescribe para aliviar los dolores provocados por una poliarteritis nodosa, por cierto en aquella época un fármaco nuevo que de todos modos había sido aprobado por el gobierno yanqui para su comercialización, en Rescate el abanico crítico social se amplía porque incluye ya no sólo las frustraciones negadas o barridas bajo la alfombra del núcleo familiar, metáfora de toda la comunidad y sus tensiones intrínsecas, sino asimismo todo lo que está a su alrededor y más allá ya que en una coyuntura de crisis aparece una colección humana e institucional con la que el ciudadano común jamás desearía encontrarse cara a cara; por ello en la ensalada retórica descubrimos a un adalid educativo soberbio y autoindulgente que no protegió al mocoso, Partridge, un jefe de policía bastante inútil que exige a Stannard una carta al alcalde aseverando que no aconsejó de modo explícito no pagar el rescate, Backett, un miembro de la prensa que cae en la angustia por sus sugerencias a David y cuando ve cómo se comportan sus colegas carroñeros o los energúmenos exaltados de la policía como el sheriff Jake Kessing (Robert Burton), un pariente cercano que no comparte en nada la resolución del protagonista, su hermano Al, un empleado lambiscón que también desearía que pague el rescate para mantener una buena imagen pública y contentar a los accionistas de la empresa, Langly (Richard Gaines), el típico doctor amigo de la sobremedicación al punto de mantener dopada a Edith durante casi todo el metraje, Gorman, el esclavo alegre de la burguesía que todo lo explica por la intervención de Dios, Chapman, y por supuesto la faceta histérica paradigmática de la esposa que se contrapone -o se complementa- con el sustrato neurótico en potencia del marido, por ello ella también manifiesta su desacuerdo con la decisión hiper nihilista de no entregar los 500 mil dólares a la espera de novedades.
El opus de Segal, su único trabajo interesante para el ámbito cinematográfico en medio de una extensa trayectoria dedicada a la TV, arranca jugando con el suspenso de cadencia hitchcockiana, suerte de cruza espiritual entre el entorno cerrado de La Soga (Rope, 1948) y el motivo del secuestro del purrete de El Hombre que Sabía Demasiado (The Man Who Knew Too Much, 1934), y de a poco se transforma en una parábola sobre el entramado ético de suposiciones sobre suposiciones que involucra el caso, situando en primer plano toda esta pugna de idiosincrasias, voluntades e intereses, y luego en una sátira por lo bajo del circo popular que va tomando forma gracias a la intervención de la policía y los medios de comunicación, corriente del séptimo arte que va desde Cadenas de Roca (Ace in the Hole, 1951), de Billy Wilder, hasta El Cuarto Poder (Mad City, 1997), de Costa-Gavras. Rescate es muy recordada tanto por su idea de concentrarse únicamente en la parentela Stannard, obviando por completo esa tentación de siempre del film noir de mostrar a los captores o volcarse hacia la fanfarria de las armas como haría la remake posmoderna reglamentaria, la simpática y no mucho más El Rescate (Ransom, 1996), opus dirigido por Ron Howard y protagonizado por Mel Gibson y Gary Sinise, como por la sorprendente vuelta de tuerca de no pagar la suma reclamada, de allí se explica que la escena más comentada todavía siga siendo aquella en la que el personaje del supremo Glenn Ford, un actor que acompaña con maestría la metamorfosis de su antihéroe desde la autoconfianza inicial hacia la debilidad más quebradiza, habla por televisión con los billetes arriba de una mesa para prometerles a los captores que jamás verán ni un solo dólar. Si bien la obra responde a las exigencias del sistema hollywoodense de estudios del momento, planteo ejemplificado en ese prólogo de familia celestial y en la aparición final con vida de Andy en la residencia Stannard, en simultáneo incluye una insólita indeterminación en cuanto al hecho de que no sabemos si los delincuentes soltaron por las buenas al niño o si alguien se los cargó por la suculenta recompensa, del mismo modo nos topamos con detalles inconformistas y hasta hilarantes como esa secuencia en la que Al les promete un triste bono de 25 dólares a los empleados bancarios que están contando el dinero y uno de ellos se alegra por esa miseria cuando tiene miles y miles adelante que jamás serán suyos, aquel instante en que un campesino con un tractor, al costado de la ruta, ve cómo pasan a toda velocidad varias patrullas policiales y se queja para sí mismo acerca de la hipocresía de los esbirros de la ley en eso de arrestar a los pobres diablos por excederse en los límites de velocidad, y finalmente esa escena en la que el mayordomo negro le pregunta al periodista de Nielsen si quiere rezar con él por la salud y la pronta vuelta a casa del mocoso en cautiverio, recibiendo de respuesta “yo me limito a dar las noticias, no pretendo influir en los hechos”, comentario doblemente cáustico porque ridiculiza a lo religioso naif desde el cinismo secular y además pone al descubierto el fariseísmo del propio Telfer porque si existe algo que ha venido haciendo desde su primera intervención, sentencia que también aplica a Backett y al resto de los personajes alrededor de David, es precisamente influir en los acontecimientos desde sus objetivos particulares y en suma dejando bien en soledad a un Stannard que es arrinconado contra las cuerdas de este ring simbólico, su lujosa morada, a la par por los criminales y por todos aquellos que deberían ayudarlo a sobrellevar la situación, así el progenitor experimenta un colapso y decide cortar con la cadena social capitalista de sacar beneficio del prójimo -legal e ilegal- optando por retener los billetes y por congelarlos para no abalar más a parásitos de diversa índole, incluido su yo del pasado, e ironizar sobre la noción de que todos están a la venta…
Rescate (Ransom!, Estados Unidos, 1956)
Dirección: Alex Segal. Guión: Cyril Hume y Richard Maibaum. Elenco: Glenn Ford, Donna Reed, Leslie Nielsen, Juano Hernández, Robert Keith, Richard Gaines, Mabel Albertson, Alexander Scourby, Bobby Clark, Juanita Moore. Producción: Nicholas Nayfack. Duración: 102 minutos.