Las Furias

Tango de las hembras

Por Emiliano Fernández

A pesar de que Arturo Frondizi, presidente de la Argentina entre los años 1958 y 1962 y uno de los artífices centrales de aquel desarrollismo que proponía la industrialización para alcanzar la autonomía nacional desde una soberanía verdaderamente plena, instauró un esquema represivo contra los movimientos obrero, estudiantil y guerrillero conocido como Plan CONINTES, planteo que efectivamente derivó en arrestos, sindicatos intervenidos e incorporaciones compulsivas de personas al servicio militar o colimba, lo cierto es que al ámbito cultural no le prestó demasiada atención porque estaba consagrado a su ambicioso programa de gobierno y saturado de presiones políticas superpuestas, especialmente unas Fuerzas Armadas que pretendían que endurezca su arremetida contra la izquierda, un peronismo que le reclamaba el levantamiento de la proscripción electoral como había sido pactado con Juan Domingo Perón en la Caracas de 1958 y finalmente una ciudadanía, con los proletarios, los estudiantes y los militantes sociales a la cabeza, que exigía una menor incidencia de políticas liberales y de capital extranjero en el país en general y la economía en concreto, lo que por cierto contradecía su postura pro-Estado y de autoabastecimiento de la etapa previa a la llegada a la presidencia. Sin la censura del período peronista (1945-1955) y del antiperonismo de la autodenominada Revolución Libertadora (1955-1958), durante el desarrollismo frondizista se produjo una modernización cultural que acopló al país con las vanguardias de los años 60 y con la explosión de manifestaciones artísticas independientes donde el trasfondo psicológico, sexual y violento resultaba tan importante como el social estándar dentro del mainstream, en este sentido la llamada Generación del 60 (1955-1969) fue un buen ejemplo de lo mencionado en el campo del cine ya que en gran medida dejó atrás la obsesión de la Época de Oro del séptimo arte local (1931-1955) con macro géneros como la comedia, los musicales y el melodrama clásico para reemplazarla con películas más pequeñas y de índole autoral siguiendo los pasos de la Nouvelle Vague.

 

Un caso raro del cine argentino del período es el de Vlasta Lah, italiana naturalizada que en las postrimerías de la década del 30 emigró a Buenos Aires junto con su querido esposo, Catrano Catrani, y comenzó a trabajar en los Estudios San Miguel, una de las principales productoras de la Época de Oro, en una multitud de propuestas como asistente de dirección bajo el mando de su marido o colegas varios como Luis Saslavsky, Julio Saraceni, Hugo del Carril, Luis Mottura, Carlos Schlieper, Kurt Land, Ralph Pappier, Antonio Momplet y el poco recordado Homero Manzi en modalidad realizador. Las únicas dos propuestas de Lah como directora, Las Furias (1960) y Las Modelos (1963), además de funcionar como una suerte de puente entre los años dorados de la industria vernácula, período en el que se logró exportar las películas a España y buena parte de Latinoamérica, y este modernismo incipiente, como decíamos con anterioridad vinculado al neorrealismo filtrado por la óptica francesa de los 50, constituyen los dos únicos convites firmados por una mujer en América Latina durante una fase histórica en la que las susodichas eran una microscópica minoría a escala mundial, recordemos a Agnès Varda y al otro ejemplo por antonomasia aunque en el enclave hollywoodense, esa Ida Lupino que supo entregarnos joyas como El Autoestopista (The Hitch-Hiker, 1953) y El Bígamo (The Bigamist, 1953). Sinceramente Lah no estuvo al nivel de Varda y Lupino pero sus dos obras resultan bastante dignas y la primera supera a Las Modelos, esta última un retrato proto feminista de la alta costura porteña que se movía entre la corrección y la intrascendencia, toda una paradoja porque de hecho Las Furias es su mejor película a pesar de su impronta misógina hilarante y ciertas limitaciones formales -o mejor dicho, poca imaginación para la puesta en escena y/ o la fotografía- que serían corregidas en su segundo opus, el último antes de “tirar la toalla” y ya dedicarse a escribir guiones para su esposo vía ¡Santiago Querido! (1965), Tacuara y Chamorro, Pichones de Hombres (1967), He Nacido en la Ribera (1972) y ¿De Quiénes son las Mujeres? (1972).

 

La riqueza de Las Furias radica en sus contradicciones -típicas de la transición de aquellos años- debido a que el guión de la realizadora adapta la obra teatral homónima de 1950 de Enrique Suárez de Deza, en esencia una excusa para un análisis complejo pero desfavorable del gremio rosa, y va volcando de a poco el melodrama claustrofóbico de base, latiguillo de la Época de Oro, hacia el campo del thriller psicológico leve, a su vez paradigmático de la Generación del 60 y su renovación discursiva en general. Casi todo el relato se desarrolla en una casona venida a menos de la Capital Federal en la que conviven por un lado un hombre al que sólo vemos de espaldas en los minutos iniciales, Marcelo (cameo sarcástico de Catrani, también productor), burócrata gubernamental orgulloso que jamás procuró un ascenso porque se niega a pedir favores y que alguna vez pretendió convertirse en pintor, disciplina a la que abandonó por su trabajo y la conciencia de su mediocridad, y por el otro lado cuatro mujeres que vemos constantemente aunque -mordacidad mediante, digna de un planteo patas para arriba- desconociendo sus nombres, nos referimos a la Madre de Marcelo (Mecha Ortiz), tan obsecuente como nostálgica para con su vástago, la Esposa (Aída Luz), frustrada porque aún ama al marido pero éste en cambio la reemplazó con otra, la Hermana (Alba Mujica), una solterona resentida porque la progenitora siempre prefirió al hombre, y la Hija (Elsa Daniel en plan erótico nada sutil, como Mujica), mocosa egoísta e hiper banal que pretende casarse con su Novio (Guillermo Bredeston), el hijo de un nuevo rico que hizo millones mediante negociados. Mientras la Madre habla con la Amante de Marcelo (Olga Zubarry), hembra separada con empresas y mucho dinerillo que detesta a las mujeres que esperan todo del varón, con el objetivo de formalizar la ruptura entre el hombre y su Esposa “comprando” la voluntad de esta última con una buena suma en efectivo en un tiempo en el que no existía el divorcio en Argentina, la Hermana toma posesión de un lindo vestido que encargó la Hija a una modista y borrachera de por medio fornica con el Novio de la chica.

 

Queda claro que el film de Lah va más allá de lo anecdótico por partida doble, léase su condición de primera película sonora dirigida por una mujer, luego de realizadoras mudas como Angélica García de García Mansilla, Emilia Saleny y María Bistoni de Celestini, y su condición de ejemplo por antonomasia de aquella apertura cultural frondizista, más por desinterés del gobierno y la simultaneidad para con el avant-garde foráneo que por alguna política activa de importancia ya sea de censura o promoción, así las cosas el calvario tácito del “no protagonista” masculino, al final falleciendo de un infarto por las demandas y las guerras solapadas de las hembras, y la graciosa moraleja de fondo, resumida en el eslogan “las mujeres le amargan la vida al hombre a más no poder por una cosa o la otra”, están en gran parte del metraje supeditados al interesante ataque de la directora contra la hipocresía o complicidad popular histérica alrededor de la prohibición del divorcio, recién legalizado en Argentina en 1987, por ello el odio entre los habitantes de esta casona -vacía de amor y llena de intensidad- responde a las limitaciones tanto externas como internas de la libertad ya que todos se sienten socialmente subyugados pero también eligen estarlo por comodidad y autoindulgencia. Apoyada en actuaciones hiperbólicas y una gran banda sonora con algún que otro tango de Astor Piazzolla, Las Furias explora asimismo el Complejo de Edipo, el primer varón fetichizado, la codicia burguesa, el edadismo y el culto comunal a la belleza y el sex appeal de la juventud, amén de un deseo sexual que se metamorfosea en un ascenso social tramposo porque las hembras en realidad anhelan recuperar un prestigio perdido o posición económica ya extinta. Lah, desde ya, no se lanza al suicidio profesional y respeta aquella mentalidad de la época presentándonos un ecosistema femenino plagado de arpías envidiosas y vengativas, en este sentido no mostrar al varón enfatiza el aislamiento rosa. El desenlace puede ser bastante flojo y apresurado pero el opus logra ironizar sobre la sombra asfixiante del macho y las nuevas generaciones, tan alienadas y secas como las anteriores…

 

Las Furias (Argentina, 1960)

Dirección y Guión: Vlasta Lah. Elenco: Alba Mujica, Elsa Daniel, Mecha Ortiz, Olga Zubarry, Aída Luz, Guillermo Bredeston, Catrano Catrani. Producción: Catrano Catrani. Duración: 86 minutos.

Puntaje: 8