Sin Aire (The Dive)

Te rescato para que me rescates

Por Emiliano Fernández

Al cine vago contemporáneo le encanta los relatos de supervivencia que involucran bajos presupuestos y mucho minimalismo formal, pensemos en los cocodrilos de Lake Placid (1999), de Steve Miner, Black Water (2007), de Andrew Traucki y David Nerlich, Rogue (2007), de Greg McLean, e Infierno en la Tormenta (Crawl, 2019), de Alexandre Aja, los tiburones glotones de Mar Abierto (Open Water, 2003), de Chris Kentis, The Reef (2010), de Traucki, Miedo Profundo (The Shallows, 2016), de Jaume Collet-Serra, y A 47 Metros (47 Meters Down, 2017), de Johannes Roberts, esos monstruos varios de El Descenso (The Descent, 2005), de Neil Marshall, y Amenaza en lo Profundo (Underwater, 2020), de William Eubank, los sarcófagos del espanto símil Enterrado (Buried, 2010), de Rodrigo Cortés, y Oxígeno (Oxygène, 2021), de Aja, el frío fatídico de Muerte Bajo Cero (Frozen, 2010), de Adam Green, Everest (2015), de Baltasar Kormákur, El Ártico (Arctic, 2018), de Joe Penna, y Pánico en las Alturas (Otryv, 2019), de Tigran Sahakyan, y aquellos periplos marítimos que salen mal en la tradición de Kon-Tiki (2012), de Joachim Rønning y Espen Sandberg, Todo Está Perdido (All Is Lost, 2013), de J.C. Chandor, A la Deriva (Adrift, 2018), de Kormákur, y Un Viaje Extraordinario (The Mercy, 2018), film de James Marsh.

 

El rubro que nos compete, uno bien masoquista o por lo menos volcado a la angustia del obstáculo que va desde las faenas criminales mundanas a lo Enlace Mortal (Phone Booth, 2002), de Joel Schumacher, y La Habitación del Pánico (Panic Room, 2002), de David Fincher, hasta la vertiente espacial pomposa de Gravedad (Gravity, 2013), de Alfonso Cuarón, y Life (2017), de Daniel Espinosa, tiene por claro eje conceptual las diferentes variaciones de Robinson Crusoe (1719), la novela de Daniel Defoe, y todos los agregados temáticos posibles dentro de una gama siempre colorida que no ha perdido vigencia como lo demuestran las recientes Nowhere (2023), bodrio sentimentaloide de Albert Pintó para Netflix, y la mucho más digna aunque también poco memorable Sin Aire (The Dive, 2023), faena del director alemán Maximilian Erlenwein que hace las veces de la reglamentaria remake en inglés de Atrapada en el Fondo del Mar (Breaking Surface, 2020), film noruego a cargo de Joachim Hedén y tampoco particularmente brillante que ya funcionaba como una mixtura de las dos hermanas aprisionadas bajo la cubierta de una pileta olímpica de 12 Feet Deep (2017), de Matt Eskandari, y aquellas malditas rocas que reducían la movilidad de Aron Ralston (James Franco) en 127 Horas (127 Hours, 2010), el opus de Danny Boyle.

 

Como suele ser el caso en lo que atañe a los guiones de los thrillers subacuáticos y todos sus primos cercanos del montón, la trama es prácticamente inexistente y se reduce a apenas dos personajes, las hermanas May (Louisa Krause) y Drew (Sophie Lowe), mayor y menor, la primera la encargada de la cámara de descompresión de una instalación petrolera y la segunda una periodista que solía trabajar para una revista de viajes que se fue a la quiebra y por ello ahora vive con la madre de ambas. Las chicas todos los años eligen algún lugar paradisíaco para bucear, interés que heredaron de un progenitor aparentemente fallecido, y para de paso conversar sobre sus vidas, sin embargo este año May está algo mucho cortante con Drew porque definitivamente se acerca a los 40 y la crisis paradigmática de la edad le pega por el lado de considerar a su hermanita una inmadura absoluta que vive en un mundo de fantasía al extremo de reconocer en ella características que perdió, como por ejemplo el entusiasmo y esa inocencia que la hacía disfrutar de las profundidades y de la compañía del prójimo. Cuando May quede atorada muchos metros bajo el agua como consecuencia de un desprendimiento de rocas, no le quedará otra opción que confiar en Drew y en su capacidad de socorrerla cual carrera contrarreloj que implica ganarle a los tubos de suministro de aire.

 

Erlenwein, aquí escribiendo el guión junto a un Hedén que lo único que hace es simplificar todavía más la historia, acumula de manera pareja puntos a favor y en contra a lo largo del metraje: si por un lado mantiene alta la tensión en las escenas subacuáticas y hasta opta con sabiduría por acompañar el calvario en tierra de la hermana menor en pos de más tubos de oxígeno, un gato hidráulico o cualquier cosilla que pudiese ayudar a la malhumorada de May, por el otro lado llegado el último acto abusa de los clásicos momentos melosos y además arruina en parte el suspenso acumulado mediante una serie de flashbacks oníricos entre confusos y redundantes para el personaje de Krause, en esencia debido a su narcosis por nitrógeno. Las dos actrices protagónicas están muy bien, ambas con más de tres lustros de carrera en su haber, y se agradece la idea de fondo del “rescate recíproco” del desenlace símil reafirmación del vínculo familiar, no obstante la propuesta es demasiado derivativa dentro de la parafernalia cinematográfica estándar de las odiseas de supervivencia y en general el verosímil se resiente un poco por decisiones bobas de parte de una Drew algo caricaturesca que tiene más vidas que los felinos a pesar de sufrir esas descompensaciones y hemorragias sucesivas por no parar para descomprimir antes de salir hacia la superficie…

 

Sin Aire (The Dive, Alemania/ Malta, 2023)

Dirección: Maximilian Erlenwein. Guion: Maximilian Erlenwein y Joachim Hedén. Elenco: Louisa Krause y Sophie Lowe. Producción: Jonas Katzenstein y Maximilian Leo. Duración: 91 minutos.

Puntaje: 5