Prácticamente todas las características que enmarcarían a posteriori la producción de Ralph Bakshi ya estaban presentes en su ópera prima, la legendaria Fritz, el Gato (Fritz, the Cat, 1972), verdadero punto de partida de la animación para adultos a nivel internacional y uno de los hitos inigualables de la contracultura satírica yanqui de las décadas del 60 y 70: en el debut en largometraje de Bakshi, luego de una extensa experiencia en cortos por encargo e inspirándose en el célebre personaje homónimo de los cómics underground de Robert Crumb, encontramos una imaginación y una ambición artística desbordantes, un talento general de corte vanguardista, una catarata de comentarios sociales volcados al naturalismo irónico, una estructura narrativa difusa y sin duda episódica, detalles varios de psicodelia y/ o surrealismo, tomas inesperadas en live action y especialmente un espíritu independiente que se sirve de manera entrecortada de chispazos de una fantasía igual de mordaz y precisa. Si bien el cine animado para adultos y el pornográfico en especial ya tenían unos cuantos representantes en su haber cortesía de diversas cinematografías nacionales, casi todas vinculadas a Asia, el espaldarazo definitivo para el formato llegó con el film que nos ocupa porque Bakshi se propuso poner patas para arriba el lenguaje de los dibujos animados, en ese entonces asociado al emporio de Walt Disney y al mercado infantil/ familiar, con el objetivo de empaparlo de una verdad callejera hasta ese momento inédita en el rubro, ahora atravesado a pura algarabía por el sexo, la violencia, las drogas, la mundanidad, el sarcasmo más hiriente y una mega incorrección política que no perdona a nadie debido a que deja desnudos a cada uno de los actores comunales de aquellos años, los cuales por cierto no han cambiado demasiado con el devenir de las décadas si pensamos en el brío, la vitalidad y la vigencia de la mayoría de los dardos en cuestión y cuán bien se adaptan a nuestro presente.
Todo transcurre en la Nueva York de los 60, donde un gato antropomorfizado que concurre a la universidad, Fritz (voz de Skip Hinnant), no sabe bien lo que quiere y por ello se consagra a una vida de hedonismo con vistas a tratar de deducir si en el sexo, las drogas o la militancia política puede llegar a descubrir el mentado “sentido de la existencia”. El muchacho suele tocar la guitarra en parques públicos por gusto personal y para seducir a señoritas varias: luego de ver cómo tres burguesas se acercan a un cuervo -representación de los afroamericanos- y son ninguneadas por él a raíz de su homosexualidad y la serie de pavadas ofensivas que salieron de las bocas de las jóvenes de manera involuntaria mientras pretendían “alabarlo” por su condición de negro/ pobre/ incomprendido social, Fritz las embauca para llevarlas al departamento de unos amigos que están fumando marihuana y así los cuatro protagonizan una orgía en la bañera del lugar. El bacanal pronto es interrumpido primero por los asistentes de la fiesta drogona, los cuales se meten en la bañera y van expulsando al felino, y luego por un par de cerdos policías ultra estúpidos e incompetentes, Robert y Ralph (Phil Seuling y el propio Bakshi), con ganas de hacer una redada por la queja de un vecino, lo que deriva en la golpiza de todos los jóvenes en el departamento y en un Fritz robándole el arma a uno de los oficiales, disparando contra el inodoro, inundando el lugar y provocando una persecución que termina en una sinagoga cuando el gato logra escapar porque todos los rabinos asistentes explotan de euforia al escuchar por radio que el gobierno de Estados Unidos enviará más y más armas a Israel con motivo de sus eternos conflictos con los árabes. De vuelta a su hogar de estudiante pagado por sus padres, el protagonista halla a sus compañeros de cuarto con sus narices en sus libros y decide abandonar la pedantería intelectual y convertirse en un poeta ansioso de aventuras reales.
Luego de prender fuego sus libros y apuntes y desencadenar un incendio monumental en el edificio donde vive, el deambular urbano lo lleva a un antro de personas de color en Harlem donde conoce a un tal Duke (Charles Spidar), un jugador de billar que lo defiende ante el bartender por la torpeza del muchacho y lo ofensivo que resultan algunas de sus palabras para la comunidad de cuervos. A la salida primero roban un auto, el cual Fritz estrella desde lo alto de un puente en una situación en la que Duke le salva la vida, y después se dirigen a la morada de una narcotraficante llamada Bertha (Rosetta LeNoire), quien le enchufa un montón de porros a nuestro antihéroe para que aumente su libido y se acueste con ella. En medio del encuentro sexual el felino tiene la epifanía de que debe incitar a la gente a la revolución y así se pone a vitorear en las calles las bondades del alzamiento popular de los proletarios y genera una rebelión que provoca una salvaje represión policial y militar y el asesinato de un tiro de Duke. Transformado en un fugitivo de la ley, acepta el plan de Winston Schwartz (Judy Engles), su novia zorra de mayor edad, de viajar hasta San Francisco en el Volkswagen Beetle de ella para construir una nueva vida allí, sin embargo se quedan sin combustible en el medio del desierto y ante los reproches interminables de la mujer, decide abandonarla y caminar sin rumbo fijo una vez más, así se topa con un conejo heroinómano, nazi y motociclista, Blue (John McCurry), que lo lleva a una reunión con dos terroristas de extrema derecha que planean volar con dinamita una central eléctrica. Luego de que le quemasen el rostro con una vela por defender a la novia del conejo, la yegua gordinflona Harriet (Mary Dean), quien por pretender apartar a Blue de sus amigos nazis recibe una paliza con una cadena y a posteriori una violación en grupo, Fritz acompaña a los psicópatas de turno a colocar los explosivos pero cambia de parecer a último minuto.
Sirviéndose del inconformismo virulento de Crumb, Bakshi va más allá de los queridos postulados de la izquierda de la época y crea un pantallazo nihilista que no deja a nadie impune, convirtiendo al protagonista en un ejemplo de esa burguesía intelectual, bobalicona y algo mucho pueril que la juega de turista en casi todos lados, bienintencionada y curiosa por un lado e ingenua y cobarde por el otro, siempre tendiendo a banalizar al otro o a tratar de comprenderlo desde un reduccionismo que no le llega ni a los talones a la triste realidad porque bajo la excusa de escapar de la clásica hipocresía de las clases medias y altas derrapa hacia una banquina que a su vez deja al descubierto los prejuicios interpretativos del caso, esos que a futuro derivarían en las sonseras actuales del new age, lo alternativo, el feminismo misándrico, lo religioso freak y demás placebos de ocasión que reemplazan a la explotación y el servilismo general con enemigos sectarios inmateriales que resultan menos “agresivos” a ojos de los burgueses infantilizados de hoy en día. El grueso de las mujeres se nos aparecen como huecas y superficiales, los hombres como pusilánimes e impulsivos, los negros como autocomplacientes, los pajueranos como unos insensibles y los representantes de las instituciones, esos dos cerdos que terminan faenados durante la revuelta, como unos payasos muy peligrosos en su conservadurismo. La Disney tampoco se salva y recibe con justicia dos referencias/ ataques, la primera es esa gata gigante rosa que Fritz se imagina al llegar a su departamento después del episodio en la sinagoga, alusión a la secuencia de Dumbo (1941) en la que el protagonista se emborracha y ve un desfile de elefantes rosas, y la segunda condensada en la presencia de Mickey Mouse, El Pato Donald y su novia Daisy celebrando a la Fuerza Aérea mientras los aviones arrojan napalm sobre los vecindarios afroamericanos de Nueva York con motivo de la mini revolución incentivada por el felino.
Herramientas retóricas de siempre de Crumb, eje por cierto del inolvidable documental homónimo de 1994 de Terry Zwigoff, como los insultos y la vulgaridad, la caricaturización conceptual de las minorías -en especial los negros- y la misoginia y su hilarante obsesión con la violencia hacia aquellas féminas que caen en arrebatos acusatorios y/ o histéricos, esos que son contrapuestos a los achaques neuróticos masculinos, son utilizadas para sopesar la viabilidad de los proyectos igualitarios del hippismo, los movimientos sociales, la militancia política comunal, el pacifismo, los grupos de choque y muchos académicos del período, aquí sobrepasando por mucho el latiguillo del racismo y metiéndose en simultáneo con las odiseas tragicómicas de la izquierda (el estallido social y la represión subsiguiente por parte de la lacra del statu quo y el aparato policial/ militar) y de la derecha (los nazis amigos de Blue y su sustrato bien desalmado, adepto al placer extraído del dolor ajeno y la “evolución socialista norteamericana” vía las explosiones y una toma de poder que llegaría a futuro en la praxis con la manipulación mediática masiva). Bakshi incluye diálogos callejeros improvisados, un marco existencialista pícaro, una excelente banda sonora con blues, jazz, funk y rock and roll y planos en live action, tanto sin retocar como trabajados con meticulosidad, para una propuesta que constituye el pináculo de su trayectoria, una que abarca otras películas interesantes aunque no particularmente superiores como Heavy Traffic (1973), Coonskin (1975), Wizards (1977), El Señor de los Anillos (The Lord of the Rings, 1978), American Pop (1981), Hey Good Lookin’ (1982) y Fuego y Hielo (Fire and Ice, 1983), dejando aparte la fallida y mutilada por la Paramount Pictures Cool World (1992). El desenlace, con Fritz no pudiendo zafar de la explosión y reviviendo en un hospital de Los Ángeles gracias a una nueva orgía con las tres burguesas del inicio, frente a los ojos asombrados de una Harriet disfrazada de monja y a espaldas de un cerdo sheriff que se compadece de su “no muerte”, funciona en consonancia con este retrato delirante y caótico de tiempos igualmente convulsionados, que exigen una buena dosis de humor negro para limitar al mínimo su influencia autodestructiva social, económica, política y cultural…
Fritz, el Gato (Fritz, the Cat, Estados Unidos, 1972)
Dirección y Guión: Ralph Bakshi. Elenco: Skip Hinnant, Rosetta LeNoire, John McCurry, Judy Engles, Phil Seuling, Ralph Bakshi, Mary Dean, Charles Spidar. Producción: Steve Krantz. Duración: 78 minutos.