Reseña

To Pimp a Butterfly, de Kendrick Lamar

Por Nahuel Ordoñez
“And once upon a time in a city so divine
Called West Side Compton, there stood a little nigga
He was 5 foot something, dazed and confused
Talented but still under the neighborhood ruse
You can take your boy out the hood
But you can’t take the hood out the hommie…”
Kendrick Lamar, Institutionalized.

 

No sucede con frecuencia que la irrupción de una determinada producción artística sea, además, un acontecimiento en sí mismo provisto de significaciones profundas para el entorno cultural del que emerge y al que se dirige. El nuevo álbum del talentosísimo Kendrick Lamar logra capturar y exponer con precisión y delicadeza algunas de las fuertes tensiones que atraviesan las diversas comunidades que habita. Porque no sólo hablamos de un joven afroamericano nacido y criado en un feroz gueto de Los Ángeles (Compton), sino que además es uno de los artistas más lúcidos que hayan podido penetrar la agotada membrana del establishment cultural o mainstream en los últimos tiempos.

 

La cruda naturalización de la violencia institucional de la que son víctimas las minorías culturales en los Estados Unidos de hoy resuena como un eco macabro indicando que no mucho ha cambiado desde que las imágenes de la brutal golpiza recibida por Rodney King fueran transmitidas a todo el planeta en 1991. Así como el gangsta rap germinó al calor de ese contexto, hoy el asesinato de Michael Brown en Ferguson a manos de un agente de la policía de Missouri surca y a la vez perfora el nuevo trabajo de Lamar. Sin embargo no reduce su mirada a la coyuntura de los recientes casos de abusos contra jóvenes negros, sino que conecta con una perspectiva histórica sobre la comunidad afroamericana en Estados Unidos y su lugar particular como artista dentro de ese grupo social.

 

To Pimp a Butterfly es un disco ecléctico desde los estados de ánimos que recorre, pero que resulta muy coherente al percibir las vertientes musicales en las que abreva y los océanos sonoros en que desemboca. Fuertemente apoyado sobre su versatilidad poética y su creatividad como productor, Lamar además se rodea de parte de los artistas más relevantes de los últimos años para solidificar una pieza que inicia diálogos permanentes con su colectividad en general y con su entorno de realización en particular.

 

La canción que abre el disco apunta en forma directa contra la industria musical y la manera en que la cacería sobre las celebridades afroamericanas sirve al propósito de la cultura del entretenimiento, alejando el foco de la producción del arte y su poder transformador. Está producida por el agudo y elegante Flying Lotus, responsable de uno de los mejores discos del 2014 (You’re Dead!). En la misma participan George Clinton (padre fundador del funk, quien supo crear los grupos Parliament y Funkadelic) y Thundercat, estrecho colaborador de Flying Lotus, quien termina participando a lo largo de casi todo el disco. Por si esto fuera poco, el tema además se parte en dos con una intervención pontificia de Dr. Dre.

 

El pulso inquieto del album va cediendo lugar al jazz, spoken word, blues y el funk. King Kunta hace referencia al esclavo negro que protagoniza la historia narrada en la novela Raíces de Alex Haley (que por su parte es el autor de la autobiografía de Malcolm X), pero en el mismo movimiento resignifica su propia situación: de esclavo a rey, de las calles del lado oeste de Compton a la cima de la industria musical. Producida por Lamar y con la participación de Thundercat y coros de su actual pareja Whitney Alford, pareciera deconstruir y actualizar el g-funk que empezaba a surgir en su barrio más o menos al mismo tiempo en que él mismo nacía, y que eclosionaría en la tan revisada como fecunda obra The Chronic, de Dr. Dre.

 

Otro de los puntos altos del LP es Momma, producido por el genial Knxwledge (beatmaker orientado a diversas ramificaciones del hip hop instrumental), donde Lamar despliega gran parte de su arsenal lírico y lo apunta en una búsqueda desesperada por encontrar intersticios y hendiduras donde resida el amor. Para Complexion (A Zulu Love) retoma la mirada introspectiva respecto a la forma en que la comunidad negra se percibe a partir de las diversas complexiones de la piel. En un genial dueto con Rapsody, relata cómo en su propio modo de verse la colectividad es penetrada por estereotipos exógenos a sí misma.

 

Los dos cortes que habían visto la luz antes del lanzamiento del disco también son momentos fuertes y construyen sobre la misma idea desde ángulos distintos. El casi bailable i, del que participan los Isley Brothers, habla de la falta de amor propio y respeto por el prójimo que percibe Lamar en los barrios negros. Por otro lado, la oscura The Blacker the Berry condensa su visión crítica respecto a la violencia -también naturalizada al interior de la misma comunidad negra- con una de las líneas más potentes que se hayan escuchado en el hip hop en los últimos años: “soy el mayor hipócrita del 2015”. El remate del disco es un track de 12 minutos que incluye un imperdible diálogo entre Kendrick y Tupac sobre un bebop elegante e insidioso que es cerrado por una preciosa intervención poética de Lamar en la que metaforiza sobre el ciclo vital de las mariposas.

 

En definitiva, To Pimp a Butterfly es una obra compleja y ambiciosa que debiera ser abordada como el resultado del trabajo y el talento de un joven y sobresaliente artista puesto al servicio de un modo de entender la cultura y sus construcciones, un modo de analizar la opresión y sus posibles escapes. Es un discurso profundamente espiritual, pero descarnado de la institucionalidad religiosa. Es político. Es hip hop.

 

To Pimp a Butterfly, de Kendrick Lamar (2015)

Tracks:

  1. Wesley’s Theory
  2. For Free? (Interlude)
  3. King Kunta
  4. Institutionalized
  5. These Walls
  6. u
  7. Alright
  8. For Sale? (Interlude)
  9. Momma
  10. Hood Politics
  11. How Much a Dollar Cost
  12. Complexion (A Zulu Love)
  13. The Blacker the Berry
  14. You Ain’t Gotta Lie (Momma Said)
  15. i
  16. Mortal Man