Si dejamos de lado sus ocasionales y correctos trabajos por encargo en línea con el concert film animado Happier Than Ever: Una Carta de Amor para Los Ángeles (Happier Than Ever: A Love Letter to Los Angeles, 2021), en torno al segundo y aburrido álbum de Billie Eilish, y los capítulos que dirigió para The Mandalorian (2019-2023) y El Libro de Boba Fett (The Book of Boba Fett, 2021-2023), dos series creadas por Jon Favreau para Disney+ a partir del universo ya completamente agotado de La Guerra de las Galaxias (Star Wars), honestamente la última década de la carrera de Robert Rodríguez ha sido un verdadero desastre con la única excepción -muy honrosa, por cierto- de Battle Angel: La Última Guerrera (Alita: Battle Angel, 2019), esa interesante adaptación anglosajona del manga Gunnm (1990-1995), de Yukito Kishiro, que de todos modos se entroncaba mucho más con el ideario artístico de su guionista y productor, un James Cameron que estaba entretenido con los corolarios de Avatar (2009) y no pudo dirigir. En esencia los problemas empezaron luego de la simpática trasheada Machete (2010), basada en un tráiler falso de Grindhouse (2007), aquel proyecto doble que codirigió junto a su colega y amigo de siempre, Quentin Tarantino, basta con pensar que a posteriori se acumularon Mini Espías 4: Todo el Tiempo del Mundo (Spy Kids 4: All the Time in the World, 2011), Machete Mata (Machete Kills, 2013) y Sin City: Una Dama por la que Matar (Sin City: A Dame to Kill For, 2014), obras flojísimas que subrayaron el hecho de que el errático Robert nunca brilló en las secuelas.
Después de aquella retahíla de fiascos aparentemente tomó consciencia del problema, se consagró a unas vacaciones y probó suerte con otra trilogía pero de propuestas originales que pretendieron retomar alguna de sus múltiples facetas como realizador, así nos tuvimos que comer nuevos productos fallidos como Hipnosis: Arma Invisible (Hypnotic, 2023), un thriller de ciencia ficción de alto perfil con Ben Affleck como protagonista excluyente símil vehículo comercial para las estrellas de acción de los años 80 y 90, Superheroicos (We Can Be Heroes, 2020), típico exponente de esa rama infantil de su trayectoria que empezase con la cada vez más lejana Mini Espías (Spy Kids, 2001), y finalmente Red 11 (2018), faena de horror fantástico y metadiscursivo que recuperaba de manera tangencial las tribulaciones del director en una clínica de drogas experimentales en Austin, Texas, mientras trataba de reunir los siete mil dólares de presupuesto para el rodaje de El Mariachi (1992), su ópera prima. A pesar de que ya fue superada en el podio de “última película” de Rodríguez por un bodrio que fue a parar a Netflix y que nos regresa a la estrategia artística anterior de seguir refritando opus del pasado, el reboot Mini Espías: Armagedón (Spy Kids: Armageddon, 2023), Hipnosis: Arma Invisible aún continúa con su distribución internacional en salas tradicionales desparramando decepción porque ya poco queda de la energía y la vitalidad creativa del artífice de Del Crepúsculo al Amanecer (From Dusk Till Dawn, 1996) y Sin City (2005), epopeyas entrañables tendientes a retomar lo mejor del acervo exploitation.
Affleck compone a Danny Rourke, un detective del Departamento de Policía de Austin que perdió a su hija tres años atrás cuando un tal Lyle Terry (Evan Vines), quien asevera no recordar nada de lo ocurrido, se llevó subrepticiamente a la niña de siete años en una plaza. Separado de su esposa, Vivian (Kelly Frye), y con la reglamentaria culpa a cuestas por el secuestro en cuestión, Rourke y su compañero, Randy Nicks (J.D. Pardo), concurren al supuesto robo de una caja de seguridad bancaria en la que encuentran una foto de la nena desaparecida, Minnie (Ionie Olivia Nieves y Hala Finley), todo mientras el villano de turno, Lev Dellrayne (William Fichtner), hace gala de su poder para el control mental de todos a su alrededor salvo determinados sujetos que gozan de inmunidad, como el propio Danny. Rastreando la llamada anónima que alertó sobre el asalto frustrado, el protagonista llega al local de la vidente Diana Cruz (Alice Braga), la cual le explica que ella y Dellrayne son “hipnóticos” -léase hipnotizadores expertos que hacen lo que quieren con la voluntad ajena con apenas un puñado de palabras- que sirvieron para una división secreta del gobierno hasta que desertaron y se transformaron en fugitivos, condición fuera de la ley a la que se suma Rourke una vez que Dellrayne controla a Nicks y lo insta a asesinar a su compañero y a la mujer, recibiendo como respuesta un tiro en la cabeza. El “giro” del relato, ese que se ve venir a kilómetros a la distancia, es que todos manipulan la realidad y están peleando por la hija del detective, Minnie alias Dominó, una superpsíquica reconvertida en arma estatal.
La película es relativamente entretenida pero cae en la misma medianía del grueso del cine contemporáneo, esa cansadora frontera entre lo bueno y lo malo que lo único que genera es indiferencia y olvido automático, por ello uno no puede más que enumerar la colección de pequeños o gigantescos robos de por medio: Rodríguez, un pícaro importante que sabe cómo incorporar ingredientes en la licuadora del cine, aquí recupera sin sutileza alguna la parafernalia de los mutantes de X-Men (2000), de Bryan Singer, las operaciones ilusorias a lo caper movie sobrenatural de El Origen (Inception, 2010), de Christopher Nolan, algo de la puesta en escena y los mundos paralelos de Matrix (The Matrix, 1999), de Larry y Andy Wachowski, aquellos loops infinitos cual purgatorio de El Inquilino (Le Locataire, 1976), de Roman Polanski, y Hechizo del Tiempo (Groundhog Day, 1993), de Harold Ramis, los recuerdos borrados/ trastocados/ reseteados de la estupenda El Vengador del Futuro (Total Recall, 1990), de Paul Verhoeven, y prácticamente toda la historia de Llamas de Venganza (Firestarter, 1984), aquel film de Mark L. Lester basado en la novela homónima de 1980 de Stephen King sobre una mocosa piroquinética que se transformaba en la obsesión de una agencia gubernamental bautizada The Shop, Charlene “Charlie” McGee (Drew Barrymore). Entre el retro cine de acción, el western, el policial negro, la ciencia ficción, el melodrama familiar, el espionaje y la fantasía clasicista, Hipnosis: Arma Invisible saca partido de la eficacia actoral de Affleck, Braga y el querido Fichtner, más semi cameos de veteranos valiosos como Jeff Fahey y Jackie Earle Haley, sin embargo las escenas de acción y las pretendidas “sorpresas” resultan redundantes y en general la propuesta es otro mamotreto escapista en el que los problemas reales se solucionan mágicamente desarrollando “todo el potencial” de los individuos sociales, típico criterio paradójico del ecosistema capitalista y hollywoodense porque unifica la explotación eficiente correspondiente al mercado laboral y una hipotética autorrealización a nivel físico y psicológico, patraña central en una época en la que todos se sienten cuentapropistas mientras trabajan para -y enriquecen a- terceros…
Hipnosis: Arma Invisible (Hypnotic, Estados Unidos/ Reino Unido/ Canadá, 2023)
Dirección: Robert Rodríguez. Guión: Robert Rodríguez y Max Borenstein. Elenco: Ben Affleck, Alice Braga, J.D. Pardo, Dayo Okeniyi, Jeff Fahey, Jackie Earle Haley, William Fichtner, Zane Holtz, Kelly Frye, Rubén Javier Caballero. Producción: Robert Rodríguez, Racer Rodríguez, Jeff Robinov, John Graham, Mark Gill, Lisa Ellzey y Guy Botham. Duración: 93 minutos.