¿Por qué no te morís? (Papa, sdokhni)

Truculencias plutocráticas

Por Emiliano Fernández

Sinceramente el cine ruso post etapa soviética ha sido una enorme decepción porque así como durante el comunismo de una forma u otra -a veces amparados por el Estado, en muchas otras ocasiones en el exilio- los realizadores florecieron y brindaron una verdadera plétora de talento durante décadas y décadas, a posteriori de la caída del Muro de Berlín la industria cinematográfica local siguió más o menos a la sociedad en su conjunto, con los viejos funcionarios todopoderosos y corruptos del Partido Comunista transformándose en los oligarcas todopoderosos y corruptos del presente -con Vladímir Putin como máxima prueba de ello- y con los antiguos engranajes financieros del aparato institucional desmembrándose y reconvirtiéndose en productoras que también son algo así como una parodia implícita de sus homólogas de yanquilandia y el capitalismo en general, en esencia un oligopolio que no deja de generar productos fallidos que pretenden duplicar la fórmula de los bodrios gigantescos hollywoodenses del nuevo milenio. Ejemplo de lo anterior es la catarata de épicas históricas, de ciencia ficción y bélicas que han venido lanzando los rusos desde que Timur Bekmambetov se plantase en el mercado internacional con el doblete de Guardianes de la Noche (Nochnoy Dozor, 2004) y Guardianes del Día (Dnevnoy Dozor, 2006), amén de alguna que otra anomalía muy digna en el ámbito arty como es el caso de Andrey Zvyagintsev, el gran realizador de El Regreso (Vozvrashchenie, 2003), El Destierro (Izgnanie, 2007), Elena (2011), Leviatán (Leviafan, 2014) y Sin Amor (Nelyubov, 2017).

 

Ahora bien, ¿Por qué no te morís? (Papa, sdokhni, 2018), la minúscula ópera prima del director y guionista Kirill Sokolov, viene a demostrar que no todo está perdido en el cine de género ruso ya que a pesar de que aquí todavía se sienten muy fuertes las influencias del cine occidental, como ocurre con gran parte del séptimo arte de la Federación de Rusia, ese acervo cultural no se agota en sí mismo ni determina a toda la propuesta en su conjunto gracias a la interesante personalidad propia del film que nos ocupa: tomando en primera instancia elementos de la fase inicial de la obra de distintos realizadores anglosajones, como por ejemplo Sam Raimi, los hermanos Joel y Ethan Coen, Quentin Tarantino y Guy Ritchie, aunque sin obsesionarse con ninguno en particular, la película nos ofrece un huracán de truculencias y venganzas cruzadas con un único escenario de base, hablamos de un diminuto departamento en el que se presenta Matvey (Aleksandr Kuznetsov), un joven de pocas palabras que lleva consigo un martillo para reventar a Andrey Gennadievitch (Vitaliy Khaev), un policía hiper corrupto y psicópata que supuestamente violó a su hija a la edad de 12 años, la hoy casi treintañera Olya (Evgeniya Kregzhde), nada menos que la novia de un Matvey que respeta/ ejecuta la solicitud de su amada en pos de vengarla cuanto antes matando al hombre que arruinó su vida. Luego de unos instantes de relativa paz porque tienen de testigo a la esposa del dueño de casa y madre de Olya, Natasha (Elena Shevchenko), muy pronto estalla una enorme batalla campal en el medio del departamento.

 

Apostando a la comedia negrísima y a una andanada de gore, tomas oblicuas, nihilismo y hasta algo de cámara lenta, Sokolov va pasando de a poco del terreno del policial y el porno de torturas hacia las múltiples e hilarantes citas/ alusiones al spaghetti western, con Sergio Leone y Sergio Corbucci como principales puntos de referencia a escala sonora/ musical y en lo que atañe a la fotografía, ya que eventualmente Matvey queda a merced de un Andrey muy ansioso por saber quién es -y las razones para pretender matarlo- que comienza a torturarlo haciéndole unos simpáticos agujeros en su pierna derecha con un taladro, derivando luego en un escape rompiéndose los huesos de una mano para poder sacarse las esposas con las que el oficial de la ley lo encadenó a uno de los caños del baño del lugar. El director sale en muy pocas ocasiones del departamento y en este sentido se destacan tres flashbacks singulares, uno orientado a explicar la motivación de Matvey, a quien Olya -a la que el padre llama por teléfono- dice no conocer, otro para iluminarnos sobre el compañero policía de Andrey, el también detective de homicidios Yevgenich (Michael Gor), un hombre que necesitaba una gran suma de dinero para operar a su esposa enferma de cáncer y que fue estafado por Gennadievitch, el cual se quedó con todos los dólares que le sacaron a unos ricachones por liberar a su hijo homicida (Aleksandr Domogarov), y finalmente está el flashback correspondiente a la propia Olya, una fanática del teatro under que se tiene que comer el detalle de que su jefe, Oleg (Igor Grabuzov), le pida masturbarlo para no echarla.

 

Sokolov se guarda un montón de sorpresas coloridas en un departamento que se transforma en un ring de boxeo símil circo romano con un pobre Matvey que deja de lado su papel de verdugo/ justiciero improvisado, por el detalle de los agujeros en la pierna, la mano deshecha y hasta un cuchillo posterior clavado en el abdomen, y se metamorfosea en testigo de las consecuencias de la traición de Andrey hacia Yevgenich, con el incidente adicional de este último cargándose a golpes al personaje de Domogarov por pensar que sus padres no habían pagado la acordado para garantizar la impunidad de un muchacho que viene de descuartizar a una prostituta con apenas un cutter. ¿Por qué no te morís? es una de esas propuestas a lo bestia donde la sangre lo baña todo, la patética corrección política brilla por su ausencia y literalmente cada personaje -salvo el único verdadero peón del juego, Matvey- tiene una agenda oculta o se mueve en el terreno de la complicidad activa o pasiva en relación a todo lo que ocurre cual vendaval de avaricia en el que los vínculos familiares, profesionales, amistosos o románticos poco o nada importan frente al sueño de enriquecerse de la manera que sea y lo más pronto posible. La energía narrativa domina cada fotograma del film y enmarca las muy buenas actuaciones del elenco y la excelente música de Sergey Solovyov, un combo en el que los dólares sustraídos a los burgueses son la gran zanahoria delante de un burro comunal con varias caras y siempre proclive a cualquier transgresión, crueldad, encubrimiento o ataque con tal de salirse con la suya y no dejar rastro alguno…

 

¿Por qué no te morís? (Papa, sdokhni, Federación de Rusia, 2018)

Dirección y Guión: Kirill Sokolov. Elenco: Aleksandr Kuznetsov, Vitaliy Khaev, Evgeniya Kregzhde, Michael Gor, Elena Shevchenko, Igor Grabuzov, Aleksandr Domogarov, Ilya Gavrilenkov, Vasiliy Kopeikin, Ilya Kostyukov. Producción: Sofiko Kiknavelidze. Duración: 99 minutos.

Puntaje: 7