Crimen en el Coche Cama (Compartiment Tueurs)

Un asesinato tapa al otro

Por Emiliano Fernández

A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, en donde el desinterés de siempre de los grandes estudios de Hollywood en materia de conservar en buenas condiciones las películas clásicas y similares de los años 60 y 70 hacia atrás es compensado por el Registro Nacional del Cine (National Film Registry), una rauda selección anual de 25 realizaciones “cultural, histórica o estéticamente significativas” que son preservadas en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos (United States Library of Congress), en esencia una reacción jurídica y gubernamental de 1988 -impulsada fundamentalmente por Martin Scorsese, bendito sea- ante la colorización de films en blanco y negro por parte de las cadenas televisivas del magnate Ted Turner durante la década del 80 vía Turner Entertainment, el resto del planeta no cuenta con los cuantiosos recursos de los norteamericanos para salvar del deterioro las copias en fílmico de muchas obras cruciales de cada cinematografía nacional y por ello la situación que suele darse es la de un constante lobby por parte de cinéfilos y archivistas particulares sobre dirigencias estatales apáticas con el objetivo de que creen instituciones públicas y culturales que se encarguen rápido de dichos menesteres o, en el caso de que ya existiesen, de que reciban el financiamiento adecuado para cumplir su función de manera constante y sin interrupciones por falta de recursos o de un presupuesto digno debido a ese eterno recambio político de administración en administración. Más allá de cinematografías cinéfilas y respetuosas desde siempre para con su propio legado como la francesa o la italiana, a partir de la segunda década del Siglo XXI se abarataron significativamente los costos del escaneo del material y la restauración digital y se mejoró mucho el software del rubro con respecto a trabajos similares de los años previos que modificaban horrorosamente la gama de colores de las imágenes, las recortaban sin más o hasta borraban detalles muy específicos de las escenas que no eran reconocidos por el patético artificio digital de turno.

 

Así las cosas, dentro de este boom en cuanto a realizaciones restauradas que nos llegan en una calidad extraordinaria, algo que abarca a prácticamente todo el planeta mediante fondos tanto estatales como privados y ya no sólo cubriendo obras estereotipadas sino muchos trabajos menos conocidos por el público en general por fuera de la comunidad cinéfila más férrea, hoy descubrimos el olvidado debut en la gran pantalla de Konstantinos Gavras alias Costa-Gavras, la excelente Crimen en el Coche Cama (Compartiment Tueurs, 1965), una ópera prima insólita de suspenso cercana al proverbial whodunit en modalidad Eran Diez Indiecitos (And Then There Were None, 1939), la célebre novela de Agatha Christie. Costa-Gavras había nacido en Grecia pero a los 18 años se mudó a Francia, donde primero estudió literatura y después cine, porque no podía ingresar a la universidad en su país ni emigrar a yanquilandia debido a la afiliación comunista de su padre, un combatiente de la Resistencia Griega contra la ocupación de las Potencias del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, todo en función de la Guerra Civil Griega (1946-1949), un conflicto que enfrentó -en aquel contexto de la Guerra Fría- a las elites locales conservadoras y monárquicas del Reino de Grecia, apoyadas por la lacra del Reino Unido y los Estados Unidos, contra el Ejército Democrático Griego, rama armada del Partido Comunista de Grecia que a su vez se formó sobre las bases del Ejército Popular de Liberación Nacional, la organización antifascista de los socialistas durante la invasión del Eje. Luego de trabajar como asistente de dirección en joyas como Un Mono en Invierno (Un Singe en Hiver, 1962), de Henri Verneuil, La Bahía de los Ángeles (La Baie des Anges, 1963), de Jacques Demy, y Los Felinos (Les Félins, 1964), de René Clément, más propuestas adicionales de Jean Giono, Jean Becker y René Clair, Costa-Gavras se independizaría en pos de buscar y pulir su propia voz dentro del campo de ese thriller urbano que todavía no era todo lo político que después llegaría a ser.

 

Crimen en el Coche Cama, restaurada en 2016 bajo la supervisión del director y guionista, aquí adaptando una novela de Jean-Baptiste Rossi alias Sébastien Japrisot, Asesinos de Compartimentos (Compartiment Tueurs, 1962), señor especializado en el policial negro que asimismo inspiraría o intervendría en propuestas varias de Clément, Becker, André Cayatte, Jean Herman, Anatole Litvak, Just Jaeckin, Iain Softley, Joann Sfar y Jean-Pierre Jeunet, gira alrededor del descubrimiento del cuerpo de una mujer que aparece estrangulada en un compartimento de un tren que en la franja nocturna cubre el trecho entre Marsella y París, Georgette Thomas (Pascale Roberts), amante de un pintor abstracto, Bob Vaski (el hilarante Charles Denner). La investigación queda en manos del Inspector Graziani (un estupendo Yves Montand), figura bajo el mando del Comisario Tarquin (Pierre Mondy), y por ello junto a su asistente de menor edad, el Inspector Jean-Lou Gabert (Claude Mann), comienzan la búsqueda del resto de los pasajeros de la cabina para interrogarlos cuanto antes, sin embargo el homicida sobrepasa la modorra de los esbirros de la ley y comienza a matar uno a uno a los testigos del crimen con terroríficas balas de punta hueca, primero a René Cabourg (Michel Piccoli), un obseso sexual atrapado en fantasías y delirios, luego al Señor Rivolani (Paul Pavel), que trabajaba en la empresa estatal de gas, y finalmente a Eliane Darrès (esa siempre gloriosa Simone Signoret), una actriz de edad avanzada que se enamora de un estudiante de veterinaria, Éric Grandin (Jean-Louis Trintignant), sujeto bastante desquiciado y caprichoso que pretende dedicarme a la investigación en una granja de Normandía y/ o instalar un laboratorio vanguardista en Sudáfrica, para lo que necesita bastante dinerillo. Desde ya que, además de Graziani, la tarea de revelar la identidad del asesino y su cómplice quedará en manos de los restantes ocupantes del compartimento, una parejita conformada por Benjamine Bombat (Catherine Allégret) y Daniel (Jacques Perrin).

 

Si bien el relato es de neta idiosincrasia coral, lo más cerca a la condición de protagonistas lo encontramos en las típicas figuras hitchcockianas del inspector en la piel de Montand, la damisela histérica en peligro, aquí Bombat, y un falso culpable que bien podría ser señalado por las autoridades como sospechoso porque está desesperado por mantener un perfil bajo, Daniel, un muchacho que vivía en un internado católico en Toulouse y decidió escaparse hacia París a posteriori de ser reprobado en matemáticas. Justo antes de la bélica Sobra un Hombre (1 Homme de Trop, 1967) y la trilogía que lo convertiría en figura central del cine político mundial junto a Gillo Pontecorvo y Francesco Rosi, léase Z (1969), La Confesión (L’Aveu, 1970) y Estado de Sitio (État de Siège, 1972), Costa-Gavras en Crimen en el Coche Cama entrega uno de los debuts más vertiginosos y sorprendentes de la historia del séptimo arte, en donde el misterio opera como una excusa para el lucimiento de un elenco soñado y del virtuosismo absoluto del equipo técnico compuesto por el griego, un genio para la puesta en escena, el compositor Michel Magne, cuyo leitmotiv es afable y adictivo a más no poder, el montajista Christian Gaudin, quien edifica un encadenamiento narrativo cuasi hipnótico, y el director de fotografía Jean Tournier, el cual venía de colaborar con el enorme John Frankenheimer en El Tren (The Train, 1964) y hoy desparrama una catarata de tomas memorables y revolucionarias para la época, como las correspondientes a todos los asesinatos, los flashbacks y la reglamentaria persecución del desenlace, amén de aquel sublime plano a través de la mirilla de una puerta en ocasión del interrogatorio de Grandin por Graziani con Daniel en el exterior del departamento. La resolución es tan original como delirante y adorable, aquello de los asesinatos que se tapan entre sí para despistar, y el ritmo hiperquinético fascinante del film incluye un dejo mordaz que jamás descuida el desarrollo de personajes ni la cohesión general, algo de lo que todo el cine actual debería aprender…

 

Crimen en el Coche Cama (Compartiment Tueurs, Francia, 1965)

Dirección y Guión: Costa-Gavras. Elenco: Yves Montand, Simone Signoret, Jacques Perrin, Catherine Allégret, Michel Piccoli, Pascale Roberts, Pierre Mondy, Claude Mann, Charles Denner, Jean-Louis Trintignant. Producción: Julien Derode. Duración: 89 minutos.

Puntaje: 9