No debe haber rubro dentro de la ciencia ficción y el terror más fascinante que aquel de los loops temporales, las cronologías trastocadas, los castigos ultra irónicos, unas dimensiones paralelas por explorar y esas maldiciones en secuencia que meten miedo, formato narrativo que en términos modernos fue creado por El Inquilino (Le Locataire, 1976), de Roman Polanski, La Rosa Púrpura del Cairo (The Purple Rose of Cairo, 1985), de Woody Allen, y Espejo para un Héroe (Zerkalo dlya Geroya, 1987), de Vladimir Khotinenko, y después comenzó a expandirse de la mano de Hechizo del Tiempo (Groundhog Day, 1993), opus de Harold Ramis, Retroasesinato (Retroactive, 1997), de Louis Morneau, Corre, Lola, Corre (Lola Rennt, 1998), de Tom Tykwer, Donnie Darko (2001), de Richard Kelly, Dead End (2003), de Jean-Baptiste Andrea y Fabrice Canepa, Primer (2004), de Shane Carruth, Déjà Vu (2006), de Tony Scott, La Chica que Saltaba a través del Tiempo (Toki o Kakeru Shôjo, 2006), de Mamoru Hosoda, Los Cronocrímenes (2007), de Nacho Vigalondo, Sr. Nadie (Mr. Nobody, 2009), de Jaco Van Dormael, En la Luna (Moon, 2009) y 8 Minutos antes de Morir (Source Code, 2011), ambas de Duncan Jones, Looper (2012), de Rian Johnson, Un Pasado Infernal (Haunter, 2013), de Vincenzo Natali, Coherence (2013), de James Ward Byrkit, Al Filo del Mañana (Edge of Tomorrow, 2014), de Doug Liman, Predestination (2014), de los hermanos Michael y Peter Spierig, Time Lapse (2014), joya de Bradley King, Interestelar (Interstellar, 2014), de Christopher Nolan, Project Almanac (2015), de Dean Israelite, ARQ (2016), de Tony Elliott, Si no Despierto (Before I Fall, 2017), de Ry Russo-Young, Feliz Día de tu Muerte (Happy Death Day, 2017), de Christopher Landon, y The Endless (2017), de Justin Benson y Aaron Moorhead, entre otras tantas películas menores que retomaron alguna faceta y/ o popularizaron a los bucles más allá de episodios varios de series televisivas como La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone, 1959-1964), creada por el eterno Rod Serling, Doctor Who (1963-1989), de Sydney Newman, C. E. Webber y Donald B. Wilson, y Los Expedientes Secretos X (The X Files, 1993-2018), gran antología de la paranoia antiinstitucional de Chris Carter y con David Duchovny y Gillian Anderson.
Ahora bien, indudablemente una de las joyas de este intrincado gremio en lo que respecta al nuevo milenio es Triangle (2009), no sólo la mejor realización de la carrera del británico Christopher Smith sino la propuesta que cierra su mejor y más recordada etapa profesional, aquella de la trilogía de los inicios que se completa con Creep (2004), genial ópera prima sobre un ermitaño caníbal que vive y caza en el metro de Londres, y Recorte Sangriento (Severance, 2006), maravillosa cruza de slasher y comedia negra que desarma la atrocidad solapada inherente a los trabajos de oficina, trío que por cierto supera por mucho primero a las tres propuestas siguientes, hablamos de una nueva y digna trilogía que incluye la épica medieval Black Death (2010), la comedia familiar Get Santa (2014) y el thriller juvenil de venganza Detour (2016), y en segunda instancia a la última y deslucida película de Smith, The Banishing (2020), un relato olvidable y muy rutinario de casa embrujada. Triangle gira alrededor de Jess (Melissa George), una mesera en un restaurant del Estado de la Florida y madre soltera de un niño autista, Tommy (Joshua McIvor), que decide aceptar la invitación de un amigo y cliente del local gastronómico, Greg (Michael Dorman), para dar un paseo de sábado en su velero, el Triangle. La mujer afirma haber dejado a su hijo en una escuela especial que cubre sus necesidades y en el barco se encuentra con los amigos de Greg, un muchacho que huyó de su casa, Víctor (Liam Hemsworth), una pareja de burgueses, Sally (Rachael Carpani) y Downey (Henry Nixon), y la amiga de la primera Heather (Emma Lung), con quien aparentemente Sally pretende emparejar a Greg a pesar de que no existe interés por parte de ambos e incluso resulta visible que la misma Sally está enamorada del dueño del navío. De repente el viento desaparece, llega una tormenta espantosa y el velero termina flotando boca abajo con la tripulación encima y una Heather extraviada, lo que deriva en la pronta eclosión de un trasatlántico bautizado Eolo, por el padre de Sísifo de la mitología griega, al que todos abordan sin saber que dentro los espera un enmascarado con una escopeta que los matará uno a uno con engaños sirviéndose del bello rostro de una Jess que parece multiplicarse de modo exponencial a medida que se desarrolla todo este periplo.
Como si se tratase del eslabón perdido entre Los Cronocrímenes y Predestination, Triangle nos presenta un loop en el que las distintas dimensiones se tocan y las diferentes versiones del mismo personaje protagónico, nuestra atribulada Jess, coinciden e interactúan al punto de que el guión del propio Smith abarca sólo tres tandas de acontecimientos repetitivos en secuencia aunque da a entender que hubo muchas más debido al generoso volumen de cadáveres acumulados en la gigantesca embarcación de la década del 30, no sólo reluciente en su interior y completamente desierta sino ofreciendo manjares a sus visitantes cual cebo para crédulos. A medida que el personaje de la sublime George, una actriz estupenda que contagia la angustia y el desconcierto por el fluir de peripecias sobrenaturales, va tomando conciencia de un mandato entre tácito y explícito que reclama el asesinato de todos sus compañeros para poder reencontrarse con su vástago, la película comienza a considerar al Eolo como un laberinto borgeano que ha sido interpretado como una banda de Möbius, un simple rompecabezas o un ejemplo del eterno retorno nietzscheano, léase la recurrencia cíclica de la vida, o del castigo de Sísifo, eso de acarrear una piedra sobre una ladera para luego ver cómo vuelve a rodar hacia abajo, o del misterio del Mary Celeste, un bergantín norteamericano que apareció navegando a la deriva en 1872 cerca de las Islas Azores sin nadie a bordo ni explicación alguna. La Jess que sube al trasatlántico debe lidiar con una Jess de segunda generación que está más avispada pero aún es algo “tímida” y con una Jess de tercera generación que ya optó por tomar el arma, vestir un abrigo y una capucha y salir a matar al resto de la tripulación del malogrado velero, del mismo modo la segunda Jess, la de la fase intermedia, se enfrenta a la ingenuidad de la anterior y la ferocidad de la siguiente y finalmente esta última debe esquivar los embates defensivos de las dos versiones previas de sí misma para lograr trastocar el dominó de acontecimientos superpuestos a lo largo de un día que vuelve a empezar cuando todos fueron asesinados, lo que termina con su caída en alta mar en plena lucha consigo misma y con su llegada inconsciente a una playa que le permite regresar al inicio de la faena, cuando estaba por partir de su hogar junto a Tommy.
Smith no cae en sobreexplicación alguna modelo hollywoodense ni tampoco se preocupa por encajar al cien por ciento todas las piezas de su jigsaw puzzle ya que lo que al cineasta realmente le interesa es dejar abiertas las opciones interpretativas, como la fantástica a lo maldición promedio cinematográfica o la volcada a la demencia/ enajenación escalonada de Jess o aquella otra homologada a la referencia del título al Triángulo de las Bermudas, un voluminoso cementerio de barcos en el Océano Atlántico, planteo retórico que asimismo juega con la necesidad de expiación perpetua de los seres humanos ya que en esencia la obsesión de la protagonista con volver a ver a su hijo tiene que ver con su urgencia en pos de hacer las paces debido a los repetidos maltratos hacia el autista y un cansancio innegable de madre que la hace perder la paciencia vía una espiral de crueldad hacia el purrete que parece duplicarse en la espiral a bordo del Eolo e incluso en tierra firme, consideremos el desenlace cuando mata a martillazos a la versión abusadora y más joven de sí misma para suplantarla aunque sin lograr frenar la retahíla de sucesos trágicos non stop, accidente automovilístico de por medio que mata al mocoso y la deja presta a recomenzar el ciclo en el muelle desde donde partió el velero. Triangle, en este sentido, recupera las reflexiones muy amargas sobre la paternidad de Venecia Rojo Shocking (Don’t Look Now, 1973), de Nicolas Roeg, y El Resplandor (The Shining, 1980), del inefable Stanley Kubrick, en esta oportunidad con el Hotel Overlook y todas las esperanzas desechas y enigmas existenciales metamorfoseados en el Eolo, no obstante también rescata el motivo de la narración circular de Al Morir la Noche (Dead of Night, 1945), una legendaria epopeya colectiva de Alberto Cavalcanti, Charles Crichton, Basil Dearden y Robert Hamer, las alucinaciones tenebrosas trasladadas a la praxis de La Escalera de Jacob (Jacob’s Ladder, 1990), de Adrian Lyne, y aquellas amnesias parciales de Memento (2000) y los clones sistemáticamente asesinados del final de El Gran Truco (The Prestige, 2006), ambas del amigo Nolan. Pensando a la par la hipocresía de las familias posmodernas, esas que dan una imagen pública de abnegadas y amorosas pero ocultan soledad, una enorme desesperación y una seguidilla de conflictos, y el embrollo de las prioridades caprichosas y cambiantes según el contexto de turno, hoy llevadas al extremo de matar a los amigos para poder pedirle perdón y compensar a ese crío maltratado al que hasta hace poco se le deseaba la muerte, la exquisita y artesanal película de Smith reflexiona por lo bajo sobre el arte de narrar y nos muestra a ratones atrapados en un bucle que hace las veces de prisión espaciotemporal sólo asumida por Jess, la única que comprende lo que está sucediendo y la única que asume el sacrificio requerido para salir de la cárcel marítima, eso de cargarse a su probable interés romántico, Greg, y a sus odiosos o anodinos cofrades de una banalidad metropolitana que siempre busca una juerga de fin de semana para “descargar tensiones”, prototípico esquema solipsista e hiper nihilista de La Dimensión Desconocida en materia de un individuo descubriendo una verdad negada -o por lo menos lo que él o ella considera una verdad negada- y lanzándose a la misión quijotesca de convencer al resto de la sociedad o en su defecto mandarlos a la mierda y salvarse a sí mismo siguiendo una agenda concreta, la íntima, por más que ello implique la antropofagia más fatalista cual ofrenda a una entidad divina o metafísica, quizás ese Tánatos que castiga a Sísifo por haberlo engañado para escapar del inframundo y poder regresar con los otros mortales. Pocos retratos del martirio de la maternidad y del hastío para con uno mismo y sus reflejos o anhelos utópicos fueron tan duros y arrebatadores como la obra maestra del inglés, pequeña joya que encuentra los peores demonios no en el exterior comunal sino en uno mismo y sus compulsiones, delirios y frustraciones arrastradas a lo largo del tiempo…
Triangle (Reino Unido/ Australia, 2009)
Dirección y Guión: Christopher Smith. Elenco: Melissa George, Michael Dorman, Henry Nixon, Rachael Carpani, Emma Lung, Liam Hemsworth, Joshua McIvor, Jack Taylor, Bryan Probets. Producción: Jason Newmark, Chris Brown y Julie Baines. Duración: 99 minutos.