Con una cita del extraordinario escritor norteamericano Edgar Allan Poe, sobre la delgada línea entre la vida y la muerte, y el título escrito a mano con tinta roja comienza la última película del realizador estadounidense Scott Cooper, Los Crímenes de la Academia (The Pale Blue Eye, 2022), adaptación de la novela homónima de un popular escritor de obras de misterio ambientadas históricamente, Louis Bayard, publicada en 2006.
Un renombrado detective, Augustus Landor (Christian Bale), es convocado por la Academia Militar West Point de los Estados Unidos, en 1830, para esclarecer el suicidio y la profanación del cadáver de un joven cadete, Leroy Fry, cuyo corazón fue removido mientras su cuerpo yacía en la morgue del establecimiento, poniendo a la institución en una incómoda situación frente a los detractores del naciente militarismo de la joven república estadounidense.
Durante el comienzo de la investigación, Landor descubre que la muerte de Fry no ha sido un suicidio sino un asesinato y que uno de los cadetes, un poeta oscuro y barroco, un tal Edgar Allan Poe (Harry Melling), sugiere que el perpetrador es un poeta como él mismo y que la remoción del corazón tiene un significado literario simbólico. Las sospechas llevan al dúo hacia las prácticas ocultistas de una familia descendiente de un cazador de brujas devenido hechicero en una historia de recovecos y desvíos narrativos repleta de reminiscencias a la literatura del renombrado autor de Los Crímenes de la Calle Morgue (The Murders in the Rue Morgue, 1841).
Si en la Academia hay un sinnúmero de secretos que los cadetes atesoran, Landor y Poe no se quedan atrás. El detective, que vive en una anegada cabaña, ha perdido hace unos años a su esposa por una enfermedad y su hija ha desaparecido recientemente en circunstancias poco claras, mientras que Poe, un joven poeta confundido y angustiado por la muerte de su madre, se enlista en el ejército para acallar la pena, que lo conduce a comunicarse con su progenitora fallecida a través de sueños premonitorios.
La tercera colaboración entre Scott Cooper y Christian Bale es un thriller inesperado en el que la investigación de un brutal asesinato se convierte en una trama esotérica alrededor de promesas de inmortalidad, poesías decimonónicas y el espíritu de Poe y su obra sobrevolando toda la propuesta. Lo más inusual es la creación de parte de Scott de un film gótico con una trama de suspenso cual thriller riguroso y circunspecto en el que lo aparente cede ante lo impensable.
Al igual que en sus obras anteriores, Antlers (2021), Hostiles (2017), Black Mass (2015), Out of the Furnace (2013) y Crazy Heart (2009), Scott Cooper construye su relato como un artesano, con paciencia, detalles, creando personajes con carácter, dejando pistas al espectador y ofreciendo una experiencia enriquecedora. Lo más difícil de resolver, la contraposición del detective Augustus Landor y el cadete Poe, un investigador veterano contratado por los militares y el problemático y antisocial escritor, es resuelto con maestría por Scott en escenas logradas. Gran parte del film tiene su razón de ser en los perspicaces diálogos entre ambos, con comentarios barrocos, siempre poéticamente lúgubres y eruditos, por parte de Poe, personaje brillantemente interpretado por Melling.
La película, al igual que la novela de Bayard en la que se basa, incluye incontables referencias a la obra y la vida de Poe. Por mencionar algunas, la rsolución de la trama remite a La Caida de la Casa Usher (The Fall of the House of Usher, 1839) y el nombre de Landor aparece en La Cabaña de Landor (Landor’s Cottage, 1849), el último relato de Poe publicado poco antes de su muerte. En ese mismo cuento, Poe realiza una detallada descripción de la cabaña y sus alrededores, que Scott y su equipo artístico, liderado por Michael Goldman, Troy Sizemore y Corey Sweazen, reconstruyen maravillosamente. La fotografía de Masanobu Takayanagi, asiduo colaborador de Scott y responsable de la fotografía de films oscuros y agrestes como The Grey (2011), de Joe Carnahan, crea una atmósfera sombría que Scott aprovecha acertadamente mediante una narración sobria y concisa.
Tanto Toby Jones, Gillian Anderson y Lucy Boynton como Tomothy Spall, Robert Duvall y Simon McBurney acompañan muy bien a Bale y Melling en esta aventura gótica, destacándose especialmente Anderson en las pocas, pero impactantes escenas que tiene. Tan solo Charlotte Gainsbourg, con unas breves secuencias, queda un poco descolocada en una trama que no la necesita demasiado pero que la utiliza brevemente para apuntalar el severo personaje de Landor.
Como yapa, hay una denuncia de la instrucción militar y de la vida en el ejército, que convierte a los hombres en manadas de animales bestiales capaces de cualquier atrocidad, una visión crítica del militarismo norteamericano y su función en la aquiescencia de la preeminencia de la fuerza por sobre la concertación.
Los Crímenes de la Academia atrapa con su suspenso, cautiva con su dedicación a los detalles y va a contrapelo de la búsqueda de relajación y entretenimiento de gran parte de la producción cinematográfica actual, sin caer en el terror, aunque sin escaparle a las escenas escabrosas, para crear un film que tiene a Edgar Allan Poe y a su obra como protagonistas, un homenaje perfecto para el gran maestro del policial gótico norteamericano.
Los Crímenes de la Academia (The Pale Blue Eye, Estados Unidos, 2022)
Dirección y Guión: Scott Cooper. Elenco: Christian Bale, Harry Melling, Simon McBurney, Timothy Spall, Toby Jones, Harry Lawtey, Fred Hechinger, Gillian Anderson, Charlotte Gainsbourg, Robert Duvall. Producción: Scott Cooper, Christian Bale, John Lesher y Tyler Thompson. Duración: 128 minutos.