Al cine actual le cuesta muchísimo narrar o estructurar una historia de manera natural o con la precisión cuasi matemática de otros tiempos sin atajos bobalicones ni tanto estereotipo ni personajes histéricos insufribles que no saben qué quieren o se pasan de soberbios, algo que padece tanto la comarca indie como el mainstream más pomposo -Hollywood, desde ya- y se explica por una seguidilla de “signos de estos tiempos” que tienen que ver con el sustrato atolondrado, impaciente, esquizofrénico, anodino, superficial y literalmente bien idiota del promedio de la humanidad desde fines del Siglo XX, globalización mediante que lleva la repetición y el achatamiento artístico hasta niveles insospechados. Por suerte siempre hay excepciones de vieja escuela, léase profesionales que le escapan a la uniformidad y tienen las ideas claras a la hora de construir un relato, aunque estos iluminados -y muchos de sus colegas de menos luces- son hijos evidentes de su época y por ello tienden a homologar al cine de género a otros lenguajes o contextos que terminan fagocitando a la historia narrada de turno, pensemos en las películas equiparadas a una publicidad de determinada marca o producto, a un videojuego de disparos en primera persona o misiones encadenadas, a una montaña rusa de emociones exacerbadas o a un tren fantasma que baja las pretensiones con respecto a la anterior -en los campos específicos de la velocidad y la altura- pero respeta el mismo principio de turbaciones variopintas sobre unos rieles que se mantienen petrificados.
James Wan se transformó en algo así como un “sello de calidad” en materia de franquicias de horror, hablamos de aquellas iniciadas con La Noche del Demonio (Insidious, 2010) y El Conjuro (The Conjuring, 2013), pero a condición de que se acepte el cuádruple hecho de que la prolijidad viene hermanada con la redundancia, el buen desarrollo de personajes no nos priva de la intercambiabilidad de las criaturas en pantalla, el suspenso suele estar saturado de jump scares cronometrados y toda la experiencia aterradora parece combinar, precisamente, los trenes fantasmas y las montañas rusas en materia de un arranque lento, un aumento progresivo de la angustia y un remate inflado que pretende subir el corazón hasta la garganta. La Monja II (The Nun II, 2023), de Michael Chaves, es el octavo o noveno capítulo de la saga de El Conjuro, todo dependiendo de que se cuente o no la ópera prima del mismo Chaves como parte de la franquicia, La Maldición de la Llorona (The Curse of La Llorona, 2019), serie que abarca además Annabelle (2014), de John R. Leonetti, El Conjuro 2 (The Conjuring 2, 2016), del propio Wan, Annabelle 2: La Creación (Annabelle: Creation, 2017), opus de David F. Sandberg, La Monja (The Nun, 2018), de Corin Hardy, Annabelle 3: Viene a Casa (Annabelle Comes Home, 2019), propuesta de Gary Dauberman, y El Conjuro: El Diablo me Obligó a Hacerlo (The Conjuring: The Devil Made Me Do It, 2021), asimismo de Chaves, quien se debate entre la mediocridad y una eficacia insípida.
La trama sigue los acontecimientos de mediados del Siglo XX de La Monja con Maurice (el belga Jonas Bloquet) poseído por el demonio Valak, ese que gusta de travestirse cual religiosa del averno desde su primera aparición en El Conjuro 2, después de rescatar a la Hermana Irene (una cumplidora Taissa Farmiga, hermana menor de Vera, la demonóloga y clarividente Lorraine Warren de la franquicia que nos ocupa). El guión de Ian Goldberg y Richard Naing por un lado, el equipo detrás de La Morgue (The Autopsy of Jane Doe, 2016), de André Øvredal, y Eli (2019), de Ciarán Foy, y Akela Cooper por el otro, aquella artífice de Hell Fest: Juegos Diabólicos (Hell Fest, 2018), de Gregory Plotkin, Maligno (Malignant, 2021), de Wan, y M3GAN (2022), de Gerard Johnstone, divide la acción entre el derrotero de Irene, la cual continúa con visiones aciagas sobre Valak y recibe el encargo por parte del Vaticano de investigar el tendal de cadáveres que el ángel caído deja en su camino, y la nueva vida de Maurice, un conserje en un internado femenino en Francia que no sabe que es un títere del demonio utilizado para la búsqueda de una reliquia que podría darle un enorme poder, nada menos que los ojos de Lucía de Siracusa alias Santa Lucía, supuestamente enterrados en el lugar. Mientras que la monjita psíquica une fuerzas con una novicia con crisis de fe, la Hermana Debra (Storm Reid), Maurice enamora por igual a una profesora, Kate (Anna Popplewell), y a su hija estudiante, Sophie (Katelyn Rose Downey).
Como siempre en las propuestas producidas por Wan, el carácter rutinario del convite no lo hace menos disfrutable porque los rubros técnicos son impecables, desde la fotografía de Tristan Nyby y la música de Marco Beltrami hasta la dirección de arte de Alexis McKenzie Main, el diseño de producción de Stéphane Cressend y el montaje del mencionado Plotkin, no obstante los 110 minutos de La Monja II resultan un tanto excesivos si los comparamos con los mucho más humildes y menos repetitivos 96 minutos de la obra original de Hardy del 2018, detalle que a su vez se ve compensado por las buenas actuaciones de todo el elenco, un marco gótico de eternas penumbras muy bien logradas y un aprovechamiento siempre cerebral y medido de los CGIs -rasgo habitual del cine de Wan, a contrapelo del estándar burdo del mainstream del nuevo milenio- en lo que atañe al acoso del engendro diabólico del título, una vez más en la piel de la peculiar Bonnie Aarons. La originalidad brilla por su ausencia, el latiguillo del amuleto con superpoderes no es ninguna maravilla y sinceramente no está muy trabajada que digamos la subtrama del bullying contra Sophie por parte de la sádica Simone (Léontine d’Oncieu) y su séquito de arpías adolescentes, sin embargo la película de Chaves cuenta con algunas escenas inspiradas, como la del puesto de diarios con las páginas de las revistas volando y las que involucran a una tenebrosa cabra demoníaca, y efectivamente nos regala un desenlace entretenido y algo mucho demencial…
La Monja II (The Nun II, Estados Unidos, 2023)
Dirección: Michael Chaves. Guión: Ian Goldberg, Richard Naing y Akela Cooper. Elenco: Bonnie Aarons, Taissa Farmiga, Jonas Bloquet, Storm Reid, Anna Popplewell, Katelyn Rose Downey, Suzanne Bertish, Léontine d’Oncieu, Anouk Darwin Homewood, Peter Hudson. Producción: James Wan y Peter Safran. Duración: 110 minutos.