Diabolik (1968), escrita y dirigida por el enorme Mario Bava y producida por Dino De Laurentiis en simultáneo con aquella Barbarella (1968), de Roger Vadim, fue un hito del cine de los 60 que utilizó de excusa al cómic homónimo de las hermanas Ángela y Luciana Giussani, un clásico del Fumetti Neri o historietas para adultos centradas en la violencia y la sensualidad de antihéroes modelados en general a partir del personaje de Fantômas, el genio criminal creado en 1911 por Marcel Allain y Pierre Souvestre y “grado cero” de los villanos y protagonistas misteriosos, con el objetivo de construir una aventura multicolor furiosamente creativa, despampanante y ultra comercial que combinase la algarabía de las revistas y novelas pulp de la primera mitad del Siglo XX, el humor camp tan de moda en aquellos años 60, muchos latiguillos del film noir o cine negro, los hermosos delirios de las películas de James Bond/ 007 protagonizadas por el querido Sean Connery, secuencias de acción cercanas al espionaje de la Guerra Fría, una buena dosis de la parafernalia de la serie televisiva Batman (1966-1968), estelarizada por Adam West y Burt Ward, esa infaltable estética kitsch hiper sadomasoquista, mucha belleza femenina altisonante/ prostibularia y por supuesto toda esa psicodelia de índole contracultural y drogona que no pedía perdón en cuanto a su avanzada revolucionaria en medio del conservadurismo de la sociedad habitual.
Lamentablemente la segunda adaptación cinematográfica, Diabolik (2021), en realidad la tercera en un medio audiovisual si contamos la serie animada homónima producida entre 1997 y 2000, en cambio es un producto bastante anodino que reproduce y hasta magnifica muchos de esos defectos del cine actual que pueden identificarse a lo largo del planeta, pensemos en un metraje inflado en balde, un influjo retro que no consigue revivir períodos ya largamente desaparecidos, actuaciones demasiado acartonadas y/ o teatrales, un diseño de producción muy poco imaginativo que nada puede hacer ante aquel del legendario Carlo Rambaldi del opus de Bava, un presupuesto evidentemente generoso aunque desperdiciado sólo en vestuario y en algunas tomas fastuosas, un impulso mimético estéril que confunde respeto hacia el cómic original de los 60 con fundamentalismo retórico y redundancias discursivas de toda clase, poco desarrollo de personajes y en especial una torpeza narrativa mayúscula que lleva, como decíamos con anterioridad, a alargar la narración sin necesidad -133 minutos de metraje es una locura- al no saber resumir una progresión expositiva que debería ser tan ágil y sencilla como ágil y sencilla es aquella obra de base, literalmente una historieta edificada alrededor del dinamismo de los robos, las persecuciones y la carne y no de una “elegancia” modelo televisiva museística y por ende profundamente castrada y naif.
La película que nos ocupa de los hermanos Antonio y Marco Manetti, dupla de autómatas industriales especializados en combinar la comedia con los sustos y el crimen como han venido haciendo desde sus primeras obras, casi todos productos fallidos de los campos del horror, la ciencia ficción y el thriller, hasta su consagración en el mercado italiano con las apenas afables Canción de Nápoles (Song ‘e Napule, 2013), una cruza de comedia y acción que homenajeaba con más firmeza que talento al poliziottesco de la década del 70, y Amor y Crimen (Ammore e Malavita, 2017), un musical también de entonación irónica, se centra en un Diabolik (Luca Marinelli) que es acechado implacablemente por el Inspector Ginko (Valerio Mastandrea), prototípico personaje obsesionado con su opuesto al extremo de una fascinación homoerótica tácita, mientras enamora en sí a su futura compañera romántica y de fechorías en el hampa, Eva Kant (Miriam Leone), a quien primero pretende robarle el Diamante Rosa, una joya muy valiosa, y a posteriori ayuda en materia de sacarse de encima a Giorgio Caron (Alessandro Roja), el Viceministro de Justicia, burócrata corrupto que la chantajea para que se case con él amenazándola con un archivo que recopila su pasado como cabaretera, socia de un mafioso y experta en espionaje industrial, planteo que genera un marco de heist movie para robar los documentos y el tesoro acumulado vía extorsiones.
Si bien esta Diabolik logra cierta fidelidad espiritual hacia los cómics de las Giussani y en general se agradece el gesto de no modificar detalles sesentosos como el fetiche con las máscaras cuasi mágicas del protagonista y el uso de Código Morse para las comunicaciones encriptadas, la poca inventiva de los realizadores se nota todo el tiempo símil literalidad desabrida que no sólo no sabe aprovechar el trasfondo kitsch de la faena -algo percibido en la falta total de humor y los decorados extremadamente sobrios- sino que derrapa en lugares comunes como el escape de prisión y del patíbulo mediante una sustitución de identidades que se ve venir kilómetros a la distancia, una bóveda bancaria supuestamente inviolable que termina violentada y ese contrapunto estándar entre la pareja “oficial” de un Diabolik que responde al nombre de Walter Dorian, Elisabeth Gay (Serena Rossi), hembra dependiente que encima lo hace arrestar por metiche, y la explosiva amante que es sinónimo de femme fatale, la Kant de la hermosa Leone, quien en gran medida para colmo opaca al rutinario e inexpresivo Marinelli ya que es ella la que experimenta una verdadera metamorfosis a lo largo del relato, de una ricachona de la alta sociedad a fugitiva de la ley. Sin ser un desastre aunque cayendo muy por debajo del clásico de Bava, la propuesta es predecible a más no poder y se toma demasiado en serio a sí misma como para disfrutarla desde la nostalgia…
Diabolik (Italia, 2021)
Dirección: Antonio Manetti y Marco Manetti. Guión: Antonio Manetti, Marco Manetti y Michelangelo La Neve. Elenco: Luca Marinelli, Miriam Leone, Valerio Mastandrea, Claudia Gerini, Alessandro Roja, Serena Rossi, Roberto Citran, Vanessa Scalera, Daniela Piperno, Pier Giorgio Bellocchio. Producción: Antonio Manetti, Marco Manetti y Carlo Macchitella. Duración: 133 minutos.