Barbie

Un mundo de plástico

Por Emiliano Fernández

Barbie (2023), una propuesta escrita y dirigida por Greta Gerwig y su tercera película en solitario luego del olvidable exponente mumblecore Noches y Fines de Semana (Nights and Weekends, 2008), craneado junto a Joe Swanberg, es un trabajo desparejo que por un lado tira por la borda aquel naturalismo concienzudo de Lady Bird (2017) y Mujercitas (Little Women, 2019), en ambas realizaciones cercano al relato de iniciación o bildungsroman o coming of age aunque en el primer caso estrechamente vinculado al cine independiente de Estados Unidos y en el segundo a la larguísima colección de adaptaciones de la novela decimonónica de Louisa May Alcott, y por el otro lado adopta la estrategia reglamentaria de todo blockbuster posmoderno, burdo y autoexplicativo que se precie de tal, léase eso de unificar múltiples recursos narrativos/ discursivos/ ideológicos/ formales en un pastiche que lamentablemente no logra redondear ninguna de las vertientes de turno, lo que de todos modos no le resta méritos al film en sí ya que cuenta con algunos momentos graciosos o hasta inspirados que variarán según el interés de cada espectador -precisamente por esta esquizofrenia identitaria del convite a la que nos referíamos con antelación- y en general el desarrollo resulta llevadero a pesar de los algo excesivos 114 minutos de duración, un mal que en el nuevo milenio los espectadores ya estamos más que acostumbrados a soportar por la obsesión del mainstream con bombardearnos con tanques gigantescos que supuestamente justifican por su “volumen” la asistencia a salas tradicionales, incluso en un rubro hoy algo marginal como esta comedia fantástica de idiosincrasia irónica y ambiciosa, aquí siempre preocupada por no dejar afuera al público masculino a pesar de estar dirigida a las mujeres adultas, los homosexuales y los wokes porque la trama tiende a enajenarse a los mocosos.

 

Para aquellos que no lo sepan vale aclarar que Gerwig es en esencia una actriz reconvertida en directora que retomó mucho de los profesionales con los que supo trabajar en su faceta de intérprete, como por ejemplo el mencionado Swanberg, Ti West, Ivan Reitman, los hermanos Jay y Mark Duplass, Woody Allen, Mia Hansen-Løve, Barry Levinson, Rebecca Miller, Todd Solondz, Pablo Larraín, Mike Mills, Wes Anderson y por supuesto el señor con el que firma el guión de Barbie, ese Noah Baumbach con el que colaboró en Frances Ha (2012), Mistress America (2015) y Ruido Blanco (White Noise, 2022), esta última un verdadero desastre sin pies ni cabeza que pretendía adaptar el mítico libro de 1985 de Don DeLillo y las otras dos sendas reformulaciones bastante rutinarias de lo ya hecho por Allen, Peter Bogdanovich y Robert Altman, entre otros. Aquí Barbie, en la piel de la también productora Margot Robbie, vive en la Tierra de Barbie/ Barbie Land, un mundo imaginario e ingenuo sustentado tanto en la inventiva difusa de las nenas que compran la archiconocida muñeca, creada en 1959 por Ruth Handler y mercantilizada por la compañía transnacional Mattel, como en las ficciones de marketing que la empresa construye para darle un marco narrativo al juguete, en esta utopía femenina, pueril y de plástico un matriarcado donde los machos -con el ahora ninguneado Ken (Ryan Gosling) a la cabeza- resultan accesorios ya que la fantasía es rosa y ello implica un ecosistema hiper paradójico, en simultáneo con “mujeres liberadas” tracción a muchísimos oficios y razas y vinculado al amor del Príncipe Azul o varón anhelado/ comprensivo/ sumiso/ siempre tierno, un esquema que Hollywood continúa vinculando al individualismo baladí en detrimento de la convivencia entre seres diferentes de la sociedad, en este caso dos sexos que suelen necesitarse recíprocamente.

 

Gerwig y Baumbach evidentemente miran a la década del 80 para robar ideas y así el film arranca reciclando el motivo del ser humano que edifica un universo quimérico símil La Historia sin Fin (Die Unendliche Geschichte, 1984), de Wolfgang Petersen, y La Princesa Prometida (The Princess Bride, 1987), de Rob Reiner, ahora una secretaria del CEO de Mattel (un ultra rancio Will Ferrell) que se llama Gloria (América Ferrera) y que le traslada desde la realidad a su otrora muñeca, a priori “perfecta”, sus preocupaciones acerca de la muerte y la celulitis al punto de humanizarla, para luego girar hacia la comedia de enredos de desdoblamiento de personalidad, choque cultural y/ o introducción de la magia en el sustrato prosaico, recurso utilizado en innumerables ocasiones a lo largo de las postrimerías del Siglo XX y en esta ocasión metamorfoseado en el arribo de Barbie y Ken a la California de nuestros días con la misión de hallar a la criatura traumada y resolverle sus problemas, provocando que el dúo confunda a Gloria con su hija púber de izquierda, Sasha (Ariana Greenblatt), la cual no tiene buen concepto de la muñeca porque la considera otro producto más del capitalismo infantil que se aprovecha del feminismo para no perder ventas mientras sigue perpetuando los clichés melosos de siempre. El problema principal de la película es que no ahonda en ninguna de las ramas narrativas propuestas porque el cinismo onanista del mainstream actual y su percibida necesidad de velocidad atolondrada/ falta de paciencia hacen que no se profundice ni la relación de ambos ecosistemas, el real y el imaginario, ni los desajustes e inconvenientes que experimentan estos “sapos de otros pozos” y el gay no asumido que compone Michael Cera, Allan, optando además por muchas generalizaciones huecas sobre la banalidad estética femenina y la soberbia o narcisismo de la masculinidad.

 

Sin lugar a dudas el último acto de la epopeya es el mejor porque ahí la directora afloja un poco con el sarcasmo permanente y hoy caduco de posicionamiento de marca a lo La Gran Aventura Lego (The Lego Movie, 2014), de Phil Lord y Christopher Miller, y Super Mario Bros.: La Película (The Super Mario Bros. Movie, 2023), opus de Aaron Horvath, Michael Jelenic, Pierre Leduc y Fabien Polack, e impone un enfrentamiento bastante simpático entre hembras y machos que implica una semi revolución de Ken y los suyos -distintas caras pero todos llamados Ken- contra el contingente de Barbies en cuestión -asimismo con rostros diferentes pero respondiendo al mismo nombre- como si se tratase de una versión remozada y fantástica de la screwball comedy o comedia alocada de lucha de sexos de los años 30 y 40, aunque en esta oportunidad filtrándolo todo desde la efervescencia del cine picaresco de los 60, 70 y 80. Gerwig se esfuerza demasiado por presentarnos una especie de blockbuster intelectual o simplemente astuto mediante un torbellino de citas fugaces a Marcel Proust, el gran Stephen Malkmus de Pavement, El Padrino (The Godfather, 1972), de Francis Ford Coppola, y Sensatez y Sentimientos (Sense and Sensibility, 1995), de Ang Lee, no obstante su película a corto plazo resulta torpe y algo anodina primero porque la Barbie de Robbie no experimenta ningún cambio verdadero, apenas si derrapa en la autovictimización, en la angustia y en ese seudo empoderamiento del feminismo blanco burgués pero sin saber ni siquiera qué pretende de la vida, y segundo debido al hecho innegable de que el que se roba el film es el Ken del extraordinario Gosling, un genio que en el matriarcado simplista de tamaña utopía rosa sí se emancipa y nos regala los mejores gags, indicando que el hombre también puede prescindir de la mujer cuando histeriquea demasiado o se pasa de egoísta…

 

Barbie (Estados Unidos/ Reino Unido, 2023)

Dirección: Greta Gerwig. Guión: Greta Gerwig y Noah Baumbach. Elenco: Margot Robbie, Ryan Gosling, América Ferrera, Hari Nef, Emma Mackey, Ariana Greenblatt, Will Ferrell, John Cena, Helen Mirren, Michael Cera. Producción: Margot Robbie, David Heyman, Robbie Brenner y Tom Ackerley. Duración: 114 minutos.

Puntaje: 5