Hasta el día de la fecha el cineasta británico Bart Layton contaba con dos obras interesantes en su haber que supieron combinar los registros reales y las recreaciones del séptimo arte aunque en distinta proporción, hablamos de El Impostor (The Imposter, 2012), documental sobre las andanzas del francés Frédéric Bourdin, también eje de la muy floja El Camaleón (The Chameleon, 2010), de Jean-Paul Salomé, y especialmente sobre aquel célebre episodio de 1997 en el que se hizo pasar por un adolescente de San Antonio, Texas, que llevaba tres años desaparecido, Nicholas Barclay, y Animales Norteamericanos (American Animals, 2018), trabajo ficcional acerca del robo verídico por parte de un conjunto de chiflados de Las Aves de Estados Unidos (The Birds of America, 1827-1838), de John James Audubon, y otros libros raros y muy valiosos de la biblioteca de la Universidad de Transilvania, en la ciudad de Lexington del Estado de Kentucky. Su tercer largometraje, Caminos del Crimen (Crime 101, 2026), es una faena decepcionante que respeta la estela delictiva de los trabajos previos aunque sin alcanzar su umbral de calidad y dejando de lado la hibridación formal entre documental y ficción, incluso se podría decir que el flamante opus opta por la senda opuesta porque se rige por el fundamentalismo en el campo del heist film o la caper movie, el mismo de Animales Norteamericanos, pero sin demasiada inspiración o inventiva para que del respeto y de tamaña ortodoxia neo noir surja algo valioso, bien ejecutado en serio.
Mike Davis (Chris Hemsworth) es un ladrón de joyas que está obsesionado con no dejar rastro alguno de ADN y que minimiza el uso de violencia mediante el miedo y una buena planificación a partir de los datos que le pasa un mandamás e intermediario del hampa de Los Ángeles, Money (Nick Nolte), a quien le comunica que decide cancelar un robo en puerta porque entró en crisis debido a una bala sorpresiva que le rozó la cabeza durante el último y accidentado asalto. Money opta por contratar a un motociclista impredecible para reemplazarlo, Ormon (Barry Keoghan, ya visto en Animales Norteamericanos), y después le encarga al susodicho que siga a Davis y le robe su próximo botín, el cual a su vez tiene que ver con la intención de Mike de sustituir la información del intermediario con los datos que podrían surgir de la cincuentona Sharon (Halle Berry), una corredora de seguros de lujo que está descontenta porque la empresa para la que trabaja le vive prometiendo un ascenso que nunca se materializa, todo a su vez con el telón de fondo del amor entre el protagonista y una mujer con la que chocó accidentalmente en la calle, Maya (Mónica Bárbaro), y con la investigación del Detective Lou Lubesnick (Mark Ruffalo), a punto de separarse de su esposa infiel, Angie (Jennifer Jason Leigh), y ninguneado/ perseguido por sus colegas por no dejarse corromper o entregarse al corporativismo policial maloliente, lo que incluye un jefecito que ni siquiera lo toma en serio cuando señala los atracos en serie del facineroso.
Resulta innegable que Layton hizo los deberes en cuanto a la idiosincrasia del neo noir y por ello su realización está más cerca de la rigurosidad de John Frankenheimer, William Friedkin y Michael Mann que del marco más laxo o autoparódico de Steven Soderbergh, Guy Ritchie y los hermanos Joel y Ethan Coen, no obstante en Caminos del Crimen se produce una desconexión entre el marco teórico y la praxis cinematográfica más mundana, como si el aluvión de ideas claras no pudiese traducirse en una poiesis o acto creador que las justifique. Entre la inesperada participación del octogenario Nolte, toda una leyenda del cine yanqui, y la intervención en una escena de la inmortal Jersey Girl, joya de Tom Waits perteneciente al álbum Heartattack and Vine (1980), aunque lamentablemente en la versión inferior y en vivo de 1981 de Bruce Springsteen y la E Street Band, los personajes resultan caricaturescos y los diálogos bastante remanidos, siempre dejando entrever los hilos del artificio burdo hollywoodense, amén de la presencia de un Hemsworth que no calza del todo en el rol de un ladrón escrupuloso, tímido o con pretensiones de semi “guante blanco”, más allá de las armas que utiliza. El metraje se extiende muchísimo más de la cuenta y la epopeya por momentos parece desesperada por no ser acusada de desperdiciar a semejante elenco, cosa que no llega a hacer (por suerte o por lógica, ya que debería esforzarse mucho para que salga un producto desastroso con tanto talento actoral en un mismo set de rodaje).
Se agradece la denuncia del sexismo empresarial, el parasitismo capitalista de los seguros y la corrupción policial en términos macros, este último un planteo que ya casi no existe en el mainstream de alabanzas institucionales hiper conservadoras del Siglo XXI, a su vez un resabio del Hollywood mayormente fascistoide de la centuria anterior. La odisea de 140 minutos de duración toma la forma de una suerte de reflexión sobre la frontera entre ser veterano en el rubro que sea y caer directamente en el edadismo del mercado posmoderno pesadillesco del trabajo, algo que en la propuesta abarca tanto la policía y las aseguradoras como el hampa en sus diferentes niveles, desde el proletariado de Davis y Ormon hasta los chupasangres de la cadena de distribución modelo Money. Las secuencias de acción están bastante bien y sin brillar logran algún que otro momento de auténtica tensión, sin embargo se nota mucho que están para evitar el soponcio que generan las criaturas en pantalla y un desarrollo dramático que no pasa de lo estereotipado o insulso, sin despertar interés genuino en el público por la previsibilidad del relato o las nulas ideas novedosas en materia de un neo noir y una caper movie que ya se han trabajado extensivamente en el pasado lejano y reciente. Este policial negro de manual, basado en la novela corta del año 2020 de ese Don Winslow de La Muerte y la Vida de Bobby Z (The Death and Life of Bobby Z, 2007), de John Herzfeld, y Salvajes (Savages, 2012), de Oliver Stone, exuda autoconciencia no sólo reflotando el ABC del género sino también aludiendo sin sutileza alguna -en los diálogos, desde ya, el recurso por antonomasia de los vagos- a un ídolo industrial de la talla de Steve McQueen, carilindo y duro de vieja cepa que supera por mucho a Hemsworth y del que se citan concretamente Bullitt (1968), opus de Peter Yates, y El Affaire de Thomas Crown (The Thomas Crown Affair, 1968), heist film elegante de Norman Jewison -con McQueen y la sublime Faye Dunaway- que de hecho se cuela sin anestesia en varios instantes de esta olvidable Caminos del Crimen, en suma una oportunidad desperdiciada para energizar un género fundamental del séptimo arte según sus propias reglas y sin adaptaciones tontuelas a un nuevo milenio adepto a la banalidad, el cinismo, la jactancia o la lisa y llana estupidez…
Caminos del Crimen (Crime 101, Estados Unidos/ Reino Unido, 2026)
Dirección y Guión: Bart Layton. Elenco: Chris Hemsworth, Mark Ruffalo, Barry Keoghan, Nick Nolte, Halle Berry, Mónica Bárbaro, Jennifer Jason Leigh, Corey Hawkins, Tate Donovan, Devon Bostick. Producción: Bart Layton, Chris Hemsworth, Derrin Schlesinger, Shane Salerno, Benjamin Grayson, Tim Bevan, Eric Fellner y Dimitri Doganis. Duración: 140 minutos.