Pixote: La Ley del más Débil (Pixote: A Lei do mais Fraco)

Un niño huyendo

Por Emiliano Fernández

Contemplada a la distancia analítica que permiten las décadas transcurridas desde su estreno, Pixote: La Ley del más Débil (Pixote: A Lei do mais Fraco, 1981), faena crucial en el desarrollo posterior del cine latinoamericano de alcance social, aún retiene su potencia y osadía discursiva no tanto porque sepa balancear a la perfección la honestidad neorrealista del martirio y cierta impostación a lo exploitation destinado al shock, sino porque construye una historia coherente y atrapante con ello que respeta una clara lógica interna de la que carecen tantas películas similares futuras, basta con pensar en el ejemplo negativo de otro catálogo de padecimientos infantiles que poco y nada agregan a escala retórica y sólo se quedan en el rubro “neo exploitation arty de lo más aburrido”, aquellos de El Corazón es Engañoso por sobre Todas las Cosas (The Heart Is Deceitful Above All Things, 2004), de Asia Argento, y El Pájaro Pintado (The Painted Bird, 2019), de Václav Marhoul, ambas a su vez basadas en libros de Laura Albert alias J.T. LeRoy y Jerzy Kosinski que en un principio se vendieron como memorias verdaderas de sus autores y después se supo que eran pura ficción para colmo inspirada en eventos que padecieron terceros, en el caso de Kosinski tomando prestadas las experiencias de su amigo Roman Polanski luego de escapar del Gueto de Cracovia durante la Segunda Guerra Mundial a lo largo y ancho del territorio polaco ocupado por los nazis. Hablamos de la tercera propuesta ficcional del realizador y guionista argentino/ brasileño Héctor Babenco, encarada a posteriori de las interesantes El Rey de la Noche (O Rei da Noite, 1975) y Lucio Flavio, el Pasajero de la Agonía (Lúcio Flávio, o Passageiro da Agonia, 1977) y dividida en dos capítulos explícitos que abarcan una primera mitad en un reformatorio de menores, vinculada al hacinamiento y la tortura psicológica y física, y una segunda parte caracterizada por la vida callejera -ya en libertad luego de una fuga- del protagonista de apenas 10 años, João Henrique (Fernando Ramos da Silva), llamado Pixote por los otros personajes, término en portugués para “niño pequeño”.

 

Aquí adaptando con Jorge Durán una célebre novela de José Louzeiro, Infancia de los Muertos (Infância dos Mortos, 1977), segunda traslación al hilo del realizador porque Lucio Flavio, el Pasajero de la Agonía estaba basada en el libro homónimo de 1975 del mismo autor, Babenco en Pixote: La Ley del más Débil no oculta para nada que la inspiración para la primera parte carcelaria es la reciente e igualmente implacable Escoria (Scum, 1979), de Alan Clarke, y que en materia de la segunda mitad tomó prestado un popurrí de elementos aislados visuales/ conceptuales/ ideológicos de clásicos del padecimiento metropolitano infantil bajo el yugo de los mayores y de algunos de sus pares, como por ejemplo Alemania Año Cero (Germania Anno Zero, 1948), de Roberto Rossellini, Los Olvidados (1950), de Luis Buñuel, y Los 400 Golpes (Les Quatre Cents Coups, 1959), de François Truffaut, aunque ahora todo tapizado de una furia formal que a la par de retratar las atrocidades de la pobreza y el sadismo latinoamericano le caga la vida a los actores infantiles en cuestión, sometiéndolos a situaciones adultas dentro de una paradoja que es la de siempre del acervo exploitation -y de mucho cine arty y lavado popular también, cargados de hipocresía- en torno a eso de condenar tácitamente los atropellos y al mismo tiempo escenificarlos en un contexto de filmación que por más cuidado o contenido que esté, siempre deja alguna secuela en la psiquis de los niños. Dejando de lado estos detalles extracinematográficos, el film empieza con el asesinato de un juez, a quien unos delincuentes infantiles empujaron debajo de un coche para robarle la billetera, y por ello se suceden diversas redadas en São Paulo en las que Pixote cae preso y es enviado a un brutal reformatorio comandado por dos dictadores, el director (Rubens Rollo) y el celador en jefe Sapatos Brancos (Jardel Filho), centro de detención atestado de adolescentes en el que las violaciones, los asesinatos, los abusos y la violencia son la ley tanto entre los internos como entre los guardiacárceles, éstos últimos disponiendo de la vida y muerte de cada uno de los muchachos encerrados.

 

Pixote se hace amigo de un grupo de purretes entre los que se encuentran Dito (Gilberto Moura) y Chico (Edilson Lino), comienza a aprender a leer y escribir en un colegio interno, conoce a un colega delincuente que es también cantante, Roberto Pie de Plata (Israel Feres David), descubre que la madre de Dito (Cleide Eunice Queiroz) es la amante de Sapatos y hasta tiene algún que otro episodio alucinógeno al aspirar pegamento, imaginándose a sí mismo corriendo/ huyendo de la yuta. Como siempre en las prisiones, las autoridades toman a los reos como chivos expiatorios facilistas y así secuestran a un puñado para armar un grupo de reconocimiento ante una testigo, fusilar sumariamente a dos y golpear hasta la muerte a otro prisionero en plan de “castigo” por el homicidio del juez, Fumaça (Zenildo Oliveira Santos), aunque en este caso también porque su madre (Beatriz Berg) amenazó con denunciar en la prensa esta típica práctica del período absolutista, militar y antidemocrático brasileño (1964-1985). Como la progenitora de la víctima no se calla en público, la basura institucional y policial inventa un nuevo culpable de su asesinato, el amante de un astuto travesti de casi 18 años llamado Lilica (Jorge Julião), el cual desencadena un motín por el homicidio de su pareja y contra los castigos incesantes de los esbirros del poder carcelario, generando eventualmente una fuga masiva a través de una ventana de la enfermería del reformatorio. Pixote, Chico, Dito y Lilica forman una banda que se dedica a robos menores hasta poder comprar unos gramos de cocaína al narco Cristal (Tony Tornado) con la intención de viajar a Río de Janeiro para revendérselos a una tal Debora (Elke Maravilha), quien los termina engañando llevándose parte de la droga sin pagarles, por ello cuando la vuelven a ver en un club nocturno la atacan en una pelea en la que la mujer mata a Chico y Pixote la apuñala como respuesta inmediata. Eventualmente le compran una puta vieja, que viene de hacerse un aborto con una aguja de coser, a un proxeneta que debe abandonar Río para asaltar a los clientes de la fémina, Sueli (Marília Pêra), pero Lilica, la verdadera figura maternal de los muchachos y el miembro más experimentado de la pandilla, abandona al grupo cuando siente celos debido a que Dito, su pareja en libertad, comienza a acostarse con la meretriz. Todo termina de explotar por peleas entre Pixote y Dito cuando un cliente norteamericano de la prostituta ataca a los jóvenes y el protagonista lo mata aunque no sin antes dispararle sin querer a Dito. Sueli en un principio acepta hacerse cargo del niño sobreviviente y hasta lo amamanta, sin embargo luego cambia de parecer y lo expulsa de su derruido departamento de Río para volver a dejarlo solo y vagando por las vías ferroviarias, síntesis de un desamparo que mezcla valentía, imaginación sexual, necesidad de afecto, eterna marginalidad y un sustrato muy lúdico de confrontación en tanto contrapuntos de la cobardía de las palizas y muertes craneadas o perpetradas por los representantes de la ley.

 

Como decíamos antes, Babenco combina por un lado chispazos de exploitation, como la escena hiper exagerada en la que el amante de Lilica muere en sus brazos en la oscuridad dentro del presidio, luego de ser apaleado salvajemente por la lacra institucional, o la del pecho materno en la boca de Pixote del desenlace, y por el otro lado un gran desempeño en cuanto a la dirección de actores con el malogrado Fernando Ramos da Silva a la cabeza, el cual terminaría siendo fusilado en 1987 por la demencial policía brasileña a la edad de 19 años luego de casarse con Maria Aparecida Venancia da Silva y tener una hija, Jacqueline, amalgama de realidad y ficción que no sólo unifica el extenso devenir criminal del actor protagónico fuera y dentro de la pantalla sino también la estética neorrealista de impronta documental y la denuncia del cine testimonial ficcional clásico en materia de las torturas, fusilamientos y falsificación de pruebas y acontecimientos de las autoridades judiciales y policiales en el Tercer Mundo, en primera instancia, y de la pasividad y el ninguneo de los sectores dirigentes y los estratos superiores de la pirámide capitalista en lo que atañe a eliminar en serio las inequidades sociales que llevan a la enorme mayoría de la población sudamericana a la miseria, el desempleo, la indigencia, la desesperación cíclica y/ o la delincuencia, en segundo lugar. Esta certeza de fondo de que siempre la policía es mucho peor y mil veces más mafiosa que los rateros del montón recorre de principio a fin el metraje, de la misma forma en que la película deja en claro lo difícil que es mantener un ingreso estable en la vida callejera con la necesidad subsiguiente de diversificarse entre los robos, las drogas y las putas, actividades que se van complicando para los niños a medida que alcanzan la edad madura porque ahí sí ya pueden caerles condenas de por vida en prisiones incluso más pesadillescas que el correccional de menores de Pixote: La Ley del más Débil. En este sentido, el gran mérito del opus de Babenco pasa por evitar tanto la condescendencia como la condena patética de los burguesitos y de tantas realizaciones semejantes, optando por señalar la ineficacia o ridiculez de los psicólogos, docentes y demás profesionales cómplices de clase media -parte fundamental, por acción u omisión, del entramado del olvido y abulia comunal- y por abrazar una suerte de aceptación de la vida como viene ya que desde lo individual aislado poco se puede hacer para modificar estructuras de explotación estatales y privadas que vienen desde lejos y tienden a certificar todo abuso que mantenga inalterable el statu quo social/ político/ cultural, obligando a los purretes a seguir huyendo hacia adelante justo como en aquel sueño del pegamento del protagonista, siempre corriendo desnudo en la noche para escapar de aquellos que deberían protegerlo desde el vamos y que terminan siendo los principales garantes y agentes de la locura general de la represión y la estratificación plutocrática a la vista de todo el mundo…

 

Pixote: La Ley del más Débil (Pixote: A Lei do mais Fraco, Brasil, 1981)

Dirección: Héctor Babenco. Guión: Héctor Babenco y Jorge Durán. Elenco: Fernando Ramos da Silva, Jorge Julião, Gilberto Moura, Edilson Lino, Zenildo Oliveira Santos, Israel Feres David, Marília Pêra, Jardel Filho, Elke Maravilha, Tony Tornado. Producción: Héctor Babenco, José Pinto, Sylvia B. Naves y Paulo Francini. Duración: 128 minutos.

Puntaje: 10