EPiC: Elvis Presley in Concert

Un pastiche superficial

Por Emiliano Fernández

Para comprender EPiC: Elvis Presley in Concert (2025), documental de Baz Luhrmann, hay que tener presente la carrera del susodicho y el proyecto inmediatamente previo del cineasta australiano, Elvis (2022), una biopic oficial del Rey del Rock and Roll, nacido en Tupelo, Mississippi, en 1935, y fallecido en Memphis, Tennessee, en 1977 a la edad de 42 años. El cineasta australiano, tantas veces apodado el “Michael Bay de los musicales” a raíz de una mediocridad y grasitud formal y narrativa que de todos modos suele dar sus frutos en taquilla por la legión de fecalofílicos del público necio o subnormal del Siglo XXI, es de hecho un artista frívolo e insoportable que al unificar los lenguajes de la publicidad, el marketing y los videoclips más trasnochados pretende acercarse a ídolos nada disimulados como Federico Fellini, Bob Fosse, Ken Russell, Alan Parker, Vincente Minnelli y Tony Scott, gente a la que no le llega ni a los talones y para comprobarlo basta con recordar su Trilogía de la Cortina Roja, Strictly Ballroom (1992), Romeo + Juliet (1996) y Moulin Rouge! (2001), trabajos apestosos que a su vez dieron origen a las todavía más anodinas y huecas Australia (2008) y The Great Gatsby (2013), más una serie para Netflix, The Get Down (2016-2017). Precisamente durante la prolongada preproducción/ investigación para Elvis, film un poquito mejor que toda la chatarra citada, el director y guionista encuentra en los archivos de la Warner Bros. 68 cajas con material inédito de Elvis: That’s the Way It Is (1970), aquel documental de Denis Sanders sobre la primera fase de los shows en hoteles y casinos de Las Vegas, y Elvis on Tour (1972), ambiciosa odisea de Pierre Adidge y Robert Abel acerca de una de las tantas giras de la época por grandes ciudades de Estados Unidos, en esencia unos tesoros audiovisuales que fueron a parar primero al final documental de la biopic de 2022, opus con Austin Butler como Presley y un caricaturesco Tom Hanks como su manager, el estafador y extorsionador crónico holandés Andreas Cornelis van Kuijk alias Coronel Thomas Andrew Parker, y después a la película que nos ocupa, por cierto mejor que Elvis porque la estupidez y el barniz berreta de siempre de Luhrmann aquí no pueden sabotear con tanta facilidad el maravilloso registro del músico en vivo, en este sentido la inclusión de Unchained Melody en crudo durante el desenlace del bodrio anterior de dos horas y media oficiaba como un reconocimiento involuntario de que el armazón ficcional de la biopic no podía ni remotamente acercarse a la intensidad dramática de este Presley de carne y hueso arriba del escenario, derrota creativa absoluta del australiano de por medio.

 

La epopeya sigue la generosa estela de documentales narrados en primera persona de los últimos años aunque, desde el punto de vista de Luhrmann, EPiC: Elvis Presley in Concert pretende funcionar como una “nota al pie” de Elvis, paradójicamente superando a la matriz en cuestión y resultando apenas pasable ya que termina sepultada por Elvis Presley: The Searcher (2018), gran análisis de Thom Zimny sobre el derrotero musical e idiosincrásico del cantante, o por casi cualquier otro trabajo del rubro de turno, por ejemplo Listen to Me Marlon (2015), de Stevan Riley, Maria by Callas (2017), de Tom Volf, Pavarotti (2019), de Ron Howard, Zappa (2020), de Alex Winter, Beastie Boys Story (2020), de Spike Jonze, The Velvet Underground (2021), de Todd Haynes, The Sparks Brothers (2021), de Edgar Wright, Val (2021), opus de Leo Scott y Ting Poo, The Beatles: Get Back (2021), de Peter Jackson y Michael Lindsay-Hogg, Moonage Daydream (2022), de Brett Morgen, Jerry Lee Lewis: Trouble in Mind (2022), de Ethan Coen en solitario, Squaring the Circle: The Story of Hipgnosis (2022), de Anton Corbijn, Sly (2023), otra de Zimny, The Stones and Brian Jones (2023), de Nick Broomfield, Catching Fire: The Story of Anita Pallenberg (2023), de Alexis Bloom y Svetlana Zill, Little Richard: I Am Everything (2023), de Lisa Cortés, Still: A Michael J. Fox Movie (2023), de Davis Guggenheim, The Beach Boys (2024), de Frank Marshall y el prolífico Zimny, Elton John: Never Too Late (2024), de R.J. Cutler y David Furnish, Beatles ’64 (2024), de David Tedeschi, Super/ Man: The Christopher Reeve Story (2024), obra de Ian Bonhôte y Peter Ettedgui, Becoming Led Zeppelin (2025), de Bernard MacMahon, Sly Lives! (aka the Burden of Black Genius) (2025), de Ahmir K. Thompson alias Questlove, John Candy: I Like Me (2025), propuesta de Colin Hanks, It’s Never Over, Jeff Buckley (2025), de Amy Berg, Paul McCartney: Man on the Run (2025), de Morgan Neville, y Billy Idol Should Be Dead (2025), de Jonas Åkerlund, entre muchas otras faenas recientes. El documental en ningún momento se decide entre por un lado una concert movie hecha y derecha, aquí bastante esquizofrénica porque Luhrmann salta de show en show sin la más mínima coherencia, o por el otro lado un retrato del lento declive a lo largo y ancho de los años 70 luego de su cumbre profesional, el legendario ’68 Comeback Special para la cadena NBC que asimismo vino a cerrar aquella etapa hollywoodense insípida entre 1960 y 1968, eje de una infinidad de películas intercambiables que lo alejaron de los recitales y lo transformaron en una máquina de generar dinero -en su enorme mayoría- para el Coronel.

 

Desde el vamos EPiC: Elvis Presley in Concert se la pasa señalando la genialidad musical del estadounidense, en su modalidad crooner setentoso de parque de diversiones, pero no cuestiona para nada su conservadurismo político, su ignorancia ideológica/ intelectual, su castración posterior al servicio militar entre 1958 y 1960, su drogadicción esperpéntica, esa sumisión lastimosa ante Hollywood y Parker, el patetismo prostibulario progresivo de los recitales en Las Vegas y el mítico -y profundamente ridículo o quizás surrealista- encuentro en 1970 con Richard Nixon, excrementicio presidente de yanquilandia que le entregó una insignia del Buró de Narcóticos y Drogas Peligrosas (Bureau of Narcotics and Dangerous Drugs) como símbolo de su “lucha” contra las drogas del hippismo y la contracultura de entonces. Entre canciones varias no aprovechadas como In the Ghetto, cumbre de su semi conciencia social, e I Shall Be Released, joya de Bob Dylan que muta en curiosidad en la voz de Elvis, una mínima intervención de la Mafia de Memphis, guardaespaldas y amigotes comprados que lo seguían a todas partes como parásitos, y algunas pinceladas interesantes como ensayos y episodios de backstage, casi todo de hecho rodado y descartado en ocasión de Elvis: That’s the Way It Is y Elvis on Tour, aquí queda en primer plano el humor pueril de Presley, su sustrato workaholic, aquel exhibicionismo hipnótico y apasionado en escena, el proto punk de los popurrís de canciones enganchadas de Las Vegas y el carácter cuasi improvisado de los recitales en sí según la respuesta del público y el capricho del momento del cantante, cuya faceta lúdica Luhrmann decide privilegiar sobre la estrictamente musical para sumar desconcierto a la experiencia en su conjunto a pesar del título del documental. Precisamente, en EPiC: Elvis Presley in Concert ocurre algo parecido a lo que sucedía en la biopic, cuyo título prometía el protagonismo del Rey del Rock and Roll pero la perspectiva dominante era la de Parker, ahora porque el imbécil de Luhrmann vuelve a compactar con torpeza la génesis de la década del 50, hoy apiñada en los diez minutos del inicio y antes en la primera mitad de Elvis, y además corta muchísimas canciones del documental, mediante su edición noventosa/ demodé/ anacrónica de índole videoclipera posmoderna, para insertar imágenes de otros recitales, superposiciones ochentosas o frases redundantes del retratado, amén del hecho de que en varias oportunidades le presta demasiada atención a canciones mediocres de pirotecnia escénica barata y sinceramente también rancia, como Polk Salad Annie, típico ejemplo del gigantismo del espectáculo musical escapista modelo Las Vegas.

 

El realizador se preocupa por no ofrecer tantas escenas del Elvis empastillado, gordinflón, delirante y todo sudado de los años finales de esta misma etapa, optando en cambio por una acepción promedio cercana al especial televisivo de NBC en cuanto a la energía desplegada y un estado de salud más que digno. La película no sabe exprimir un par de covers de The Beatles, Yesterday y Something, y apenas si insinúa al paso su falta de compromiso político en el auge revolucionario juvenil de 1968/ 1969, desde el Mayo Francés hasta el Cordobazo en Argentina, y el “detalle” de que Presley jamás salió de gira por fuera de Estados Unidos debido a la influencia siempre nociva de Parker, un ludópata que exprimió a la gallina de los huevos de oro todo lo que pudo y que se supone tenía miedo de no poder reingresar a yanquilandia en el caso de que lo acompañase en un hipotético tour por todo el planeta, en especial debido a que no tenía pasaporte y jamás fue un ciudadano estadounidense al cien por ciento, de allí el marco compensatorio detrás de Aloha from Hawaii de 1973, el primer concierto de un solista transmitido vía satélite a buena parte del globo, en concreto a los países de Asia y Oceanía. En todo momento la propuesta busca acercar la imagen social construida alrededor del artista, propia de una figura pública más grande que la vida misma, y la fragilidad, ternura o soledad de la vida privada del ídolo, una existencia dominada por un pánico o miedo escénico que permanecía latente y que casi siempre podía dominar antes de volver a lidiar una y otra vez con el público, un recorrido de casi 1100 recitales entre 1969 y 1977, a veces hasta tres shows en un mismo día como aclara una placa en el último acto de EPiC: Elvis Presley in Concert. Si por un lado el film también le otorga demasiado espacio al gospel dentro del repertorio, una colección de bodriazos que en el período de Las Vegas el señor solía incluir en pleno ataque de beato reaccionario e hipócrita que no llevaba efectivamente una vida cristiana o “ejemplar”, por el otro lado Luhrmann respeta el ritual de todo panegírico del Siglo XXI que se precie de tal en materia de contentar a la viuda que administra en las sombras el legado, aquí una Priscilla Presley a la que va dedicada Always on My Mind como si se tratase de un pedido tácito de disculpas de parte de Elvis a raíz de las múltiples infidelidades, algo evidente por la graciosa costumbre del cantante de besar en la boca a todas las admiradoras histéricas que se le acercaban durante el derrotero en el Estado de Nevada. Como decíamos con anterioridad, en la realización queda de manifiesto que el australiano está obsesionado con el período de decadencia de Presley, el de Las Vegas, claramente confundiendo las ganas acumuladas de cantar en vivo, a posteriori del autoexilio de los escenarios para rodar los mamarrachos hollywoodenses, con una especie de pináculo profesional, cima que ya había quedado en el pasado gracias al ’68 Comeback Special y/ o el frenesí visceral del rockabilly previo a la conscripción, aquel ubicado entre 1956 y 1958. Los minutos finales de EPiC: Elvis Presley in Concert, obra que sólo puede encandilar al ignorante o al público tontito casual que nada sabe del periplo en cuestión, aglutinan un simpático poema de Paul David Hewson alias Bono, de U2, y la inestimable presencia de Sammy Davis Jr., figura repetida en el documental y el ambiente de Nevada en términos históricos, no obstante Luhrmann vuelve a embarrar el asunto con una serie de remixes -tan inoperantes, cutres o impacientes como el mismo montaje del documental- que tiran abajo la intensidad que precede al descenso natural del telón, hablamos de A Change of Reality (Do You Miss Me?), Suspicious Minds y Don’t Fly Away, versiones devaluadas de A Little Less Conversation de Tom Holkenborg alias Junkie XL, de Elvis: 30 #1 Hits (2002), y aquella Rubberneckin’ de Paul Oakenfold, de Elvis: 2nd to None (2003), en suma ocupando el lugar de autosabotaje que el hip hop tenía en Elvis y subrayando que cualquier registro en vivo original de la época, en crudo, es muchísimo mejor que este pastiche por momentos disfrutable, en otros decepcionante y casi siempre extremadamente superficial…

 

EPiC: Elvis Presley in Concert (Estados Unidos/ Australia, 2025)

Dirección y Guión: Baz Luhrmann. Elenco: Elvis Presley, Tom Parker, Bono, Sammy Davis Jr., Priscilla Presley, James Burton, Glen D. Hardin, Charlie Hodge, Jerry Scheff, Red West. Producción: Baz Luhrmann, Schuyler Weiss, Colin Smeeton, Matthew Gross y Jeremy Castro. Duración: 97 minutos.