En su momento El Contador (The Accountant, 2016), obra dirigida por Gavin O’Connor y escrita por Bill Dubuque, nos retrotrajo al Hollywood de antaño basado en el star-system -y no en la fanfarria digital insoportable del Siglo XXI- ya que la película en cuestión era precisamente un vehículo comercial de vieja escuela para su estrella, un Ben Affleck muy veterano, y acumulaba todas las fortalezas y debilidades del esquema de turno, pensemos que el film estaba repleto de baches narrativos, hacía gala de un puñado de buenas escenas de acción, apostaba a un desarrollo pausado y un tanto visceral modelo década del 70 y finalmente rebosaba de personajes ridículos o kitsch que no tenían nada que envidiarle a sus homólogos de los años 80. Affleck componía a Christian Wolff, un experto contable autista que había recibido entrenamiento militar cuando niño por parte de su padre y auditaba las finanzas de organizaciones criminales alrededor del globo, desde la mafia hasta los cárteles del narcotráfico, así las cosas mientras el director de la división de delitos financieros del Departamento del Tesoro, Raymond King (J.K. Simmons), mandaba a una subordinada a cazarlo, Marybeth Medina (Cynthia Addai-Robinson), Wolff debía proteger a una colega y cuasi interés romántico, Dana Cummings (Anna Kendrick), de los sicarios contratados por el villano capitalista, Lamar Blackburn (John Lithgow), CEO de una empresa de robótica.
Sin lugar a dudas aquella eficacia de Affleck compensaba la mediocridad y el absurdo que reinaban en la propuesta, en este último caso vinculado no sólo a este sicario espiritual de base autista -además de romper cabecitas en el camino, encontrar a ladrones financieros siempre equivale a sentencias de muerte para los susodichos- sino también a la presencia de un hermano que sí era un asesino a sueldo sin eufemismos, Braxton (Jon Bernthal), con el que Wolff tiene una relación complicada porque el contador suele ausentarse por años sin mediar explicación o despedida alguna. El Contador 2 (The Accountant 2, 2025) rankea en punta como la secuela menos esperada del nuevo milenio, una de esas que nadie pidió, efectivamente llegando casi una década después del opus original y obligándonos a tratar de recordar un producto de lo más olvidable como El Contador: el resultado es otra película intrascendente que consigue la proeza -proeza porque hoy en día casi todas las franquicias toman la forma de una espiral descendente- de no empeorar pero tampoco mejorar lo hecho en el pasado, una vez más regalándonos una obra demasiado extensa, redundante hasta la médula y en esencia deudora de aquella tradición del film noir posmoderno vinculada a los sicarios de vida solitaria y ensimismada, un rubro que nace de la mano de El Samurái (Le Samouraï, 1967), joya sinceramente insuperable de Jean-Pierre Melville con Alain Delon.
El guión del reincidente Dubuque, célebre por haber creado junto al aquí productor Mark Williams la serie Ozark (2017-2022) y por haber escrito un par de obras descartables, El Juez (The Judge, 2014), de David Dobkin, y Un Hombre de Familia (A Family Man, 2016), del propio Williams, es incluso más simple que el de la primera película porque tenemos a un trío improvisado que se dedica a encontrar y rescatar a un nenito salvadoreño, Alberto (Yael Ocasio), hablamos de Wolff, su hermano y una Medina que se muestra renuente a colaborar con este par de marginados aunque sigue el consejo post mortem de King, el cual escribió en su brazo “halla al contador” justo antes de morir asesinado durante un encuentro con una tal Anaïs (Daniella Pineda), personaje que parece un refrito de la tetralogía de los sicarios de Luc Besson, léase Nikita (1990), El Perfecto Asesino (Léon, 1994), Lucy (2014) y Anna (2019), de la misma manera que nuestro contable militarizado y autista arrastra cosillas nada disimuladas de films como Rain Man (1988), de Barry Levinson, En Busca del Destino (Good Will Hunting, 1997), opus de Gus Van Sant, y Una Mente Brillante (A Beautiful Mind, 2001), de Ron Howard. Como si semejante coyuntura fuese poco, pronto descubrimos que Anaïs es la madre de Alberto y que se transformó en homicida a sueldo de la noche a la mañana por el Síndrome del Sabio o Savant Adquirido, una afección muy rara.
Nuevamente algunas secuencias de acción están bastante bien y en general se agradece que se haya intensificado el humor, detalle aprovechado -por ejemplo- en la maratón de citas de Wolff del inicio, en la presentación sardónica de su hermano en Berlín, en toda la dinámica fraternal farsesca, en la relación “laboral” de ambos con Medina y en la secuencia en el bar de iconografía country, no obstante El Contador 2 resulta larguísima en sus 132 minutos y deja demasiados cabos sueltos en una historia más centrada en el desarrollo caricaturesco de personajes que en la lógica, la intensidad o quizás ese desparpajo más crudo del convite de 2016 o de las obvias referencias a la hora de sopesar a estos antihéroes de pocas palabras y muchos disparos y golpes, en especial Charles Bronson, Clint Eastwood y Bruce Willis, sin olvidarnos de la exacerbación del delirio argumental mediante nuestros dos “sabios” de impronta fantástica, Christian y Anaïs, y algún que otro momento digno de la ciencia ficción como el hackeo a la computadora de una tarada cualquiera para robarle una selfie en la que aparece el codiciado rostro de la criatura de Pineda, movida encarada por un pelotón de autistas superpoderosos que parecen extraídos de la saga que comenzase con X-Men (2000), film del malogrado Bryan Singer. El personaje que martirizó a la familia de Anaïs, Burke (Robert Morgan), y su mano derecha, el francotirador Cobb (Grant Harvey), saben a poco en materia de villanos, sobre todo porque despiertan más indiferencia que temor, y si bien el desenlace es correcto y la química entre el productor Affleck y un muy inspirado Bernthal deja su marca en la pantalla, lo cierto es que O’Connor vuelve a caer en el mismo trasfondo anodino que ha caracterizado toda su carrera, hoy arruinando/ banalizando los cimientos del thriller de acción como anteriormente supo hacerlo con la odisea drogona en Cómodamente Entumecido (Comfortably Numb, 1995), la comedia dramática familiar en Huyendo del Pasado (Tumbleweeds, 1999), el policial suburbano en Código de Familia (Pride and Glory, 2008), el western en La Venganza de Jane (Jane Got a Gun, 2015) y por supuesto la película deportiva en esas Milagro (Miracle, 2004), La Última Pelea (Warrior, 2011) y El Camino de Regreso (The Way Back, 2020), esta última otra “propuesta cliché”, acerca de una redención en el mundo del básquet, y su otra colaboración con Affleck más allá de los dos capítulos -por ahora- de la flamante e insípida franquicia de El Contador…
El Contador 2 (The Accountant 2, Estados Unidos, 2025)
Dirección: Gavin O’Connor. Guión: Bill Dubuque. Elenco: Ben Affleck, Jon Bernthal, Cynthia Addai-Robinson, Daniella Pineda, J.K. Simmons, Robert Morgan, Grant Harvey, Andrew Howard, Allison Robertson, Yael Ocasio. Producción: Ben Affleck, Mark Williams y Lynette Howell Taylor. Duración: 132 minutos.