El Adversario (L'Adversaire)

Un triste psicópata

Por Martín Chiavarino

En medio de la algarabía por los albores del nuevo siglo, la publicación de El Adversario (L’Adversaire, 2000), la novela de Emmanuel Carrère, consagró al ávido escritor francés con una historia que se asemejaba a la relación de Truman Capote con los asesinos de la famosa novela del escritor estadounidense, A Sangre Fría (In Cold Blood, 1966), considerada la cumbre del Nuevo Periodismo, reavivando las llamas de un caso truculento que había suscitado mucho revuelo en la prensa vernácula.

 

Las acciones completamente irracionales, incomprensibles y criminales de Jean-Claude Romand contra su familia eran la conclusión inesperada de la locura que se había apoderado de él cuando abandonó sus estudios de medicina y comenzó su periplo mitómano de estafas, descubrimiento que traumó tanto a los que lo conocían y admiraban como al ciudadano común y corriente que seguía el caso por la prensa, la radio o la televisión. Ni psicólogos, psicoanalistas y psiquiatras, ni sociólogos, abogados y jueces, ni demás expertos podían esbozar una explicación coherente sobre la faena criminal de gran perversidad cometida por Romand, un hombre completamente alejado de la realidad que veía el mundo desde una óptica que deja el concepto de sociópata muy corto.

 

Tan solo un año después de la novela, la historia había inspirado una película del realizador francés Laurent Cantet, El Empleo del Tiempo (L’Emploi du Temps, 2001), y ya en 2002 la adaptación de la novela de Emmanuel Carrère era un hecho de la mano de la directora de origen argelino Nicole Garcia. Protagonizada por Daniel Auteuil en el mejor papel de su vida, junto a Géraldine Pailhas, François Cluzet y Emmanuelle Devos, El Adversario (L’Adversaire, 2002) reconstruía la impactante novela del autor, que sería más tarde el puntapié para una de sus obras cumbre, Limonov (2011).

 

La película reconstruye el entramado de la vida de Jean-Claude Romand, en pantalla Jean-Marc Faure, un hombre que se hace pasar por investigador de la Organización Mundial de la Salud, con contactos en bancos de inversión suizos, que engaña a toda su familia y sus amigos sobre su profesión y que para vivir se dedica a estafar a su parentela y allegados con las supuestas inversiones que utiliza para sostener su estilo de vida de clase media alta. Cuando los estafados comienzan a solicitar la devolución del dinero y las mentiras empiezan a tambalearse, Romand entra en una crisis que termina con el asesinato de su esposa, sus hijos pequeños, sus padres, el perro y por poco incluso el de su amante, Corinne, en la película bautizada Marianne en un papel interpretado brillantemente por Emmanuelle Devos, la única sobreviviente del rapto homicida del falso investigador de la salud, que tras su raid intenta suicidarse u ocultar su locura quemando su hogar no sin antes tragar una buena dosis de barbitúricos.

 

Nicole Garcia toma algunas decisiones muy acertadas como la de construir la historia a partir de retazos temporales en lugar de linealmente, al igual que la novela, pero lo que Emmanuel Carrère maneja de forma magnífica con un estilo sobrio y provocador no logra una correspondencia en lo cinematográfico que, aunque impactante, no llega a la profundidad del texto escrito. Una de las cuestiones más difíciles para Garcia fue la reconstrucción de las escenas de los asesinatos, cuestión escabrosa que la directora abordó evitando una exhibición de violencia ajena al personaje pero dejando entrever la perturbación que se apodera de esta criatura acorralada por sus propias mentiras.

 

La película falla en la falta de protagonismo de Luc, aquí interpretado por François Cluzet, que en la novela es increpado en varias oportunidades por la justicia y que en un comienzo se negaba a creer las acusaciones que pendían sobre su mejor amigo. Nicole Garcia tampoco ofrece demasiadas pistas sobre lo que ocurre después de la tragedia, situación muy importante en la novela testimonial de Carrère, quien basa gran parte de su libro en las interpretaciones de su protagonista sobre sus actos y en el derrotero judicial. Tampoco hay un buen desarrollo del incidente de la asamblea de padres y sus consecuencias, que es uno de los detonantes de las sospechas de la esposa del protagonista, Florence, aquí Christine, interpretada por Géraldine Pailhas.

 

A diferencia de la novela, la película no llega a un cuestionamiento de todas las teorías y argumentos sociológicos y psicológicos sobre el ser humano, dado que el caso de Romand es una demostración de hasta donde el hombre puede negar la realidad y construir su propio universo para no enfrentar una situación que le resulta insoportable. En este caso Romand se niega a asumir que su futuro universitario está terminado, o a retomarlo para encauzar su vida, apilando mentira sobre mentira que todos a su alrededor compran sin la menor duda.

 

Emmanuel Carrère ofrece una obra perfecta sobre un ciudadano común y corriente, un triste psicópata que engaña a todo el mundo, que parece un esposo y un padre ejemplar, un amante generoso, un excelente amigo que ayuda a todos y es un íntegro miembro de su comunidad, pero que esconde algo siniestro en su interior que crece hasta apoderarse de él y desatar su furia contra todo lo que su mentira representa, contra sí mismo, contra un adversario al que no puede derrotar, la propia identidad reflejada en la mirada de los otros. Nicole Garcia atisba esta maldad pero no llega hasta el fondo de la cuestión, ofreciendo igualmente una obra de gran calidad en la que Auteuil se luce en cada escena.

 

El Adversario (L’Adversaire, Francia/ Suiza/ España, 2002)

Dirección: Nicole Garcia. Guión: Nicole Garcia, Jacques Fieschi y Frédéric Bélier-Garcia. Elenco: Daniel Auteuil, Géraldine Pailhas, François Cluzet, Emmanuelle Devos, Alice Fauvet, Martin Jobert, Michel Cassagne, Joséphine Derenne, Anne Loiret, Olivier Cruveiller. Producción: Alain Sarde. Duración: 129 minutos.

Puntaje: 7