27° BAFICI

Una isla en un mar de desinversión

Por Martín Chiavarino

Sin apartar la mirada de la brutal desinversión del gobierno nacional en lo que respecta al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, el BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente) regresó en su vigésima séptima edición, nuevamente dirigido por el crítico de cine Javier Porta Fouz, para ofrecer un panorama de lo mejor del cine alejado de los circuitos comerciales, concentrando en su programación gran parte de las producciones locales y foráneas que pasaron por los distintos festivales y entregando una buena cantidad de rescates restaurados en formato digital para la pantalla grande, con el objetivo de recordarnos que sin inversión pública no hay cine.

 

A diferencia del atípico año pasado, que tuvo trece días de festival, la última edición regresó a los diez días en los que se desarrollaron las proyecciones de The Chronology of Water, de Kristen Stewart, Luna Azul (Blue Moon, 2025), de Richard Linklater, Orphan (2025), el drama histórico dirigido por László Nemes, la última obra de la realizadora francesa Claire Denis, Cri des Gardes (2025), y la adaptación del clásico de Albert Camus, L’Etranger (2025), dirigida por François Ozon. Al homenaje al realizador español Eloy de la Iglesia, Eloy de la Iglesia: Adicto al Cine (2025), de Gaizka Urresti, y a la película sobre la reconstrucción de la mítica noche en la que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota presentaron su primer disco en Cemento, El Infierno Está Encantador- Gulp 1985 (2026), de Lisandro Carcavallo, se suman los rescates de El Color del Dinero (The Color of Money, 1986), de Martin Scorsese, La Idiocracia (Idiocracy, 2006), de Mike Judge, La Semana del Asesino (1972), de Eloy de la Iglesia, Los Golfos (1960), de Carlos Saura, y Shivers (1975), de David Cronenberg, entre las más destacadas.

 

Respecto del año pasado, el 27 BAFICI mantuvo el nivel, incluso mejorando un poco, con películas que homenajearon al cine del realizador japonés Yasujirô Ozu, The Ozu Diaries (2025), de Daniel Raim, y al director francés Eric Rohmer, Eric Rohmer, Esprit d’Enfance (2025), de Pascale Bouhénic, ofreciendo una programación curada con propuestas argentinas destacadas como el debut como director del músico experimental Lucas Martí, El Nacimiento del Niño Cripto (2026), la coproducción argentino chilena Hangar Rojo (2026), de Juan Pablo Sallato, Los Días Posibles (2026), de Rodrigo Guerrero, y Phantoms of July (2025), de Julian Radlmaier.

 

Este año se presentaron 250 películas de las cuales 147 fueron argentinas, varias tuvieron algún tipo de ayuda de empresas vinculadas al programa de mecenazgo de la ciudad, que también participó en la recuperación del Archivo BAFICI, un proyecto de Sergio Wolf, el director de programación del festival entre 2008 y 2012, junto a Malena Solarz, que comenzó a recabar objetos, materiales, catálogos, publicaciones y testimonios de los 27 años del certamen. Cabe mencionar que gran parte de las 250 obras proyectadas son cortos y mediometrajes y 112 fueron premieres, por lo que la programación de este año hizo hincapié más en la calidad que en la cantidad. El homenaje este año se le realizó al director argentino Raúl Perrone, que presentó otra obra en el festival, CIN3 FILI4 (2026), al igual que casi todos los años, y también se reincidió en Hong Sang-soo, el director de Corea del Sur que más películas logró proyectar en el BAFICI, este año con The Day She Returns (2026).

 

Con gran parte de las funciones agotadas días antes de su proyección, el BAFICI nuevamente demostró que todas las discusiones sobre la razón por la cual la gente va o no al cine son absurdas, incluso inconducentes, ya que es imposible pronosticar qué va a pasar en el futuro con el cine porque los films son parte del acervo artístico y por lo tanto un éxito puede fácilmente olvidarse y un fracaso transformarse en una película de culto por la interacción humana, que es absolutamente imprevisible, algo que pone muy nerviosos a los burócratas de la industria cinematográfica que preferirían que sus equipos de mercadotecnia digiten lo que las personas consumen pasivamente.

 

Un Balcon à Limoges (2026, de Jérôme Reybaud, Competencia Internacional)

Desavenencias personales

El segundo largometraje del realizador francés Jérôme Reybaud es una tragicomedia incómoda que explora la inusual relación de dos mujeres diametralmente opuestas. Eugénie (Anne-Lise Heimburger), una enfermera bajo licencia médica con un hijo aplicado en edad escolar, se reencuentra con una compañera de colegio de su misma edad, Gladys (Fabienne Babe), de forma casual en un estacionamiento en la ciudad de Limoges, en el centro de Francia, donde la mujer duerme en su auto. Como si se conocieran de toda la vida, ambas comienzan a interactuar con confianza, Eugénie la invita a su casa, la deja organizar fiestas en su departamento con un par de amigos estrafalarios que se dedican a la compraventa de antigüedades y comienza a compartir su cotidianeidad con esta persona que parece vivir de los favores ajenos. Si a Gladys no le importa absolutamente nada, es capaz de todo y no tiene ni la más mínima pizca de escrúpulos, pudor o vergüenza, y vive fuera del sistema de economía formal, sin un hogar ni una dirección, Eugénie es todo lo contrario, una mujer recatada, solidaria, que vive de una licencia bastante trucha pero siempre cumple con las reglas y las normas, por ello cuando quiere soltarse parece completamente fuera de lugar. Como es de esperar Gladys va tensando la relación y corriendo los límites hasta que Eugénie explota ante la atenta mirada de los dos testigos de la inusitada amistad, el hijo de Eugénie y un vecino profesor de filosofía que las contempla desde el balcón de enfrente. Reybaud construye su film presentando esquemáticamente y con exageración cómica la personalidad de todos los personajes y el lugar que cada uno ocupa en la historia con naturalidad, como si todo en la vida fluyera sin reflexión. Basado en un caso real ocurrido en Francia hace unos años luego de la pandemia del COVID, situación que parece haber dejado un trauma en los protagonistas, especialmente en Eugénie, que siempre tiene un frasco de alcohol en gel en su cartera y exagera todos los cuidados posibles incluso obligando al hijo a usar barbijo en su casa delante de extraños, Un Balcon à Limoges es una película tan real como perturbadora sobre la locura humana y la falta de empatía, que entrega personajes maravillosos y terribles a la vez que le ofrecen al espectador dos facetas extremistas de un mismo problema, la asimilación completa a un sistema y a una cultura y su contracara nihilista.

 

La Peluca (2026, de Emiliano Rocha Minter, Competencia Internacional)

Transmutación psíquica

La Peluca (2026), el segundo largometraje del realizador mexicano Emiliano Rocha Minter, es una obra con tintes surrealistas y psicodélicos sobre un director de cine, Silvestre (Gabino Rodríguez), que emprende un viaje hacia la villa de un millonario en México, Ricky & Ricky (Luis Gerardo Méndez), para conseguir financiamiento para su épica producción sobre la historia de su país acerca de la vida de Benito Juárez. Con la promesa de conseguir los fondos, Silvestre se ve envuelto en una transmutación psíquica con un poeta florentino del renacimiento al colocarse la peluca realizada con la rubia cabellera del fallecido escritor, que toma posesión del cuerpo del director mexicano para iniciar la obra que pretende realizar Ricky junto a su sequito orgiástico liderado por Lorenzo (Daniel Giménez Cacho), un gestor, capataz e incitador de todos los excesos que tienen lugar en la villa. Rituales de divorcio, un guión escrito por un personaje tan hilarante como desquiciado interpretado por Silverio Palacios y posesiones y escenas que parecen salidos de alguna película de Luis Buñuel o Alejandro Jodorowsky son los convites de esta cómica producción azteca que homenajea y sacude al mismo tiempo al cine de su país a través del humor y el desparpajo. La Peluca es una expresión de la imposibilidad del cine latinoamericano de obtener financiamiento para la realización de obras de gran envergadura y de la necesidad de reducción a films de bajo presupuesto, pero también es una propuesta sobre la transformación de los sueños en pesadillas, la decadencia de las nuevas fortunas, el rol del cine y del arte en el nuevo capitalismo y las máscaras que nos transforman.

 

The Brazilian Inferno (2026, de Mirko Stopar, Políticas)

Utopías distópicas

El realizador argentino radicado en Noruega Mirko Stopar regresa con otro documental que une a Noruega con Sudamérica, esta vez a través de una extraña historia sobre un grupo de treinta y cinco sindicalistas noruegos que emigran junto a sus familias hacia Brasil en busca de una utopía que se transforma en pesadilla. A través de material de archivo, los diarios de uno de los sobrevivientes, investigaciones, relatos de fabuladores y un extenso trabajo de campo, Stopar se adentra en la aventura de estos sindicalistas desocupados que en la Europa de entreguerras decidieron emigrar desde la ciudad de Rjukan, en Noruega, hacia Brasil para escapar de las espantosas condiciones laborales de una empresa de fertilizantes que los había dejado sin trabajo por defender sus derechos laborales más básicos. Impulsados por un idealista de ideas anarquistas que había introducido las obras de Julio Verne en Noruega y dirigía un periódico local, Ludvig Ass, el grupo se embarca en un viaje del que solo regresa menos de la mitad, sin rastros de la mayoría y con varios fallecidos por enfermedades diversas, encontrándose en una situación de explotación y desprotección aún peor que la original. Stopar realiza una gran labor de investigación y de reconstrucción para narrar el periplo de estos hombres, que empujados por un anhelo de libertad y prosperidad se embarcaron hacia las profundidades de la selva para descubrir sus peores peligros. El director trabaja muy bien el contexto de la investigación sobre el destino de estos sujetos perdidos para la historia, analizando las distancias entre la Europa de entreguerras y la actual y el Brasil sin ley de esa época con el del presente, incluso hay un paralelismo entre las razones para emigrar de Europa hacia América a fines del Siglo XIX y principios del Siglo XX y las nuevas olas migratorias en sentido contrario desde Sudamérica. A pesar de que la información que consigue es insuficiente, casi nula, los caminos se le cierran, le faltan fuentes y todo parece conspirar contra el documental, Stopar se las ingenia para crear una obra con muy poco, introduciéndose a sí mismo en su rol de investigador como personaje. Titulado originalmente como Un Infierno como Ningún Otro (Et Helvete Uten Like) en Noruega, The Brazilian Inferno es uno de esos documentales que nos recuerda que hay infinidad de historias y personajes ocultos que merecen que su historia sea contada, algo en lo que Stopar se especializa desde que deslumbró al público del BAFICI con Llamas de Nitrato (2014), el documental sobre la actriz francesa Renée Falconetti, la protagonista de La Pasión de Juana de Arco (La Passion de Jeanne d’Arc, 1928), de Carl Dreyer, uno de los grandes clásicos del cine mudo, que murió trágicamente en Buenos Aires en 1946.

 

Piedras Preciosas (2026, de Simón Vélez, Vanguardia y Género)

Sicario sentimental

Un exiliado colombiano que trabaja en unos viñedos en Francia, Machado (Juan Lugo), es contratado por una traficante de joyas para robar una esmeralda situada en una capilla en Medellín. A regañadientes, Machado acepta el encargo, regresa a su país y se disfraza de cura para sustraer la valiosa esmeralda. Piedras Preciosas (2026) es una coproducción entre Colombia y Portugal escrita por Paulo Carneiro y dirigida por Simón Vélez que se adentra en el mundo del robo de piedras preciosas desde el punto de vista de los perpetradores, haciendo hincapié en los riesgos que corren, cómo piensan y qué anhelos tienen. Vélez trabaja sobre el pasado a través de una elipsis sin contar demasiado, explorando más el presente y los anhelos de los personajes y dejando que las acciones hablen por sí mismas, con parsimonia, denunciando la violencia en su país, el robo sistemático perpetrado por las naciones europeas en Sudamérica y las dificultades de los hombres para escapar de su destino.