¡Arriba Hazaña!

Una lección democrática

Por Martín Chiavarino

¡Arriba Hazaña! (1978), la obra magna de José María Gutiérrez Santos, un film sobre una rebelión estudiantil en un colegio católico, se enmarca en el despertar democrático español tras la muerte del dictador Francisco Franco, hecho que inició un período de revisión histórica sobre la Guerra Civil y permitió que irrumpieran reivindicaciones sociales y políticas que habían sido duramente reprimidas por un régimen que se impuso en España en un prolegómeno de la expansión nacionalsocialista sobre Europa.

 

En un colegio católico pupilo español de la segunda mitad de la década del setenta comienza a sentirse entre los estudiantes un anhelo de libertad que se expresa de distintas maneras y preocupa a los clérigos. La aparición de un panfleto histórico sobre los diarios censurados del presidente de la república española destituido por Franco, Manuel Azaña, y el hostigamiento de los curas a los niños por diversas cuestiones relacionadas con las ideas conservadoras católicas, desencadenan de a poco una rebelión que los eclesiásticos docentes no pueden controlar y escala hasta una toma de un dormitorio.

 

José María Gutiérrez Santos construye aquí una brillante clase de política como metáfora de la sociedad española en un colegio en el que la represión de los deseos y las ideas que pugnan por emerger maceran un sentimiento de unidad que inicia una protesta en la que los líderes de las distintas facciones afloran y se ponen al hombro la lucha, en medio de la efervescencia que se apodera del colegio ante la impávida contemplación de los sacerdotes.

 

Como si la Guerra Civil Española hubiera sido pausada y reanudada sin preámbulo, ¡Arriba Hazaña! pone a las ideologías a luchar en conjunto contra la dictadura del colegio pupilo, la representación del franquismo y su ideología tradicionalista para dar cuenta de las diferencias entre ellas, que se hacen insoportables cuando la intransigencia del anarquismo y el trotskismo ponen contra las cuerdas a los docentes ante la consigna de readmisión de los estudiantes expulsados durante el motín.

 

Con una gran combinación de humor y denuncia el film narra la rebelión como un juego, un primer acercamiento de los adolescentes y los niños a la política en una época donde la necesidad de encontrar puntos en común generó divisiones que hasta hoy se sienten en el país ibérico. Ataque demoledor a la enseñanza religiosa y a la modalidad de los colegios pupilo, ambos obsoletos en el momento retratado, la película también relata las diferencias entre los curas. El director, interpretado por Héctor Alterio, se contrapone con el prefecto, un hombre severo y disciplinado, compuesto por Fernando Fernán Gómez. Ambos a su vez son contrastados con el joven nuevo director, interpretado por José Sacristán, un hombre más relajado y menos reprimido que los anteriores. El director de Alterio es un cura con un deseo homosexual pedófilo reprimido que no termina de aflorar, un conocimiento psicológico endeble y un liderazgo basado en una aquiescencia alrededor del miedo religioso y ese respeto a la sotana que se cae a pedazos. El prefecto en cambio es un hombre de rigor, de un carácter fuerte, que ante las primeras rebeldías interpone una mano dura. El intento del director de aplacar la rebelión con su pedagogía y generar discordia choca contra las intenciones del prefecto de aplastarla de raíz, lo que también fracasa, generando en su lugar una fuerte solidaridad que solo se rompe cuando el nuevo director flexibiliza las reglas y negocia con las distintas facciones para hábilmente dividir a los jóvenes.

 

Cinematográficamente pobre a nivel técnico pero realmente rica a nivel narrativo a pesar de los problemas típicos de la urgencia, la película ofrece una mirada apremiante sobre las trampas de la democracia que se vuelven como un bumerán contra el pueblo cuando se abren las negociaciones y las reivindicaciones pasan a ser objetos de intercambio.

 

Maravillosas actuaciones y escenas memorables que quedan grabadas como manifestaciones de los cambios irrefrenables que se producían en los albores de la primavera democrática española, son algunos de los atractivos de ¡Arriba Hazaña!, una obra injustamente olvidada que predijo lamentablemente el fracaso de las reivindicaciones populares en las calles españolas a través de esta cándida y lúcida parábola sobre la lucha social, una a tener siempre en cuenta a la hora de entender la política y sus lábiles recovecos.

 

¡Arriba Hazaña! (España, 1978)

Dirección: José María Gutiérrez Santos. Guión: José María Gutiérrez Santos y José Sámano. Elenco: Fernando Fernán Gómez, Héctor Alterio, José Sacristán, Gabriel Llopart, José Cerro, Ramón Reparaz, Luis Ciges, José Franco, Ángel Álvarez, Manuel Guitián. Producción: José Sámano. Duración: 94 minutos.

Puntaje: 8