Control

Una mirada al abismo

Por Martín Chiavarino

El realizador holandés Anton Corbijn había iniciado su carrera en la industria musical como fotógrafo para luego dedicarse a la dirección de videos musicales con el lanzamiento de MTV y finalmente incursionar en la construcción de la estética de las bandas. A través de su trabajo con Depeche Mode, Corbijn cobró notoriedad gracias a videos icónicos de la música pop como Enjoy the Silence y Personal Jesus, pero el realizador es también conocido por su labor junto a Echo and the Bunnymen, U2, Johnny Cash y Metallica, entre otros. En Control (2007), su ópera prima como director, Corbijn se adentra en la vida de uno de sus cantantes favoritos y al que fotografió en varias oportunidades, Ian Curtis, vocalista de la banda británica Joy Division, a partir de las memorias escritas por la viuda del líder de la banda, Deborah Curtis, que a su vez es coproductora de la propuesta.

 

La película hace hincapié en los acontecimientos clave que marcaron la vida del cantante y en sus influencias, reconstruyendo su obsesión por la música de David Bowie, The Velvet Underground, Lou Reed e Iggy Pop, ídolos de un joven trabajador en la oficina de empleos de la ciudad en la que creció, Macclesfield, ubicada en Cheshire, al sur de Manchester. Tras presenciar un show de Sex Pistols junto a su esposa y sus amigos del colegio, Curtis decidió unirse como vocalista en la banda de sus compañeros, formación que tomó primero el nombre de Warsaw para luego cambiarlo por Joy Division. El guión de Matt Greenhalgh en base a las memorias de la esposa de Curtis, tituladas Touching from a Distance (1995), narra la formación del grupo, la necesidad de Curtis de escribir poesía en soledad, su relación con su mujer y con Annik Honoré, una joven periodista de un fanzine que trabajaba en la embajada belga en Inglaterra, con quien el cantante tuvo un largo romance que perduró hasta su suicidio en 1980 a los 23 años de edad. Curtis es presentado aquí como un personaje atribulado por su mirada pesimista del mundo y su ansiedad ante los conciertos, que encuentra en sus canciones una forma de canalizar su ira contenida ante la situación desesperante del entorno gris que lo rodea.

 

Curtis se casa muy joven con Deborah y rápidamente deciden tener un bebé, Nathalie, en un intento del cantante de afianzar una relación de la que en realidad se aleja cada vez más a medida que la banda despega y consiguen éxitos resonantes en el bullicioso ambiente del post punk británico que ofreció bandas como Public Image Ltd., Wire y The Cure. El cantante de Joy Division es retratado aquí como un personaje paradigmático del romanticismo trágico alemán, un Novalis de la clase obrera que pasa de ser un joven introvertido, soñador y retraído a una estrella de rock, y que le cuesta asumir la carga que el público de la banda le pone sobre sus hombros, la de sacarlos por un momento de sus miserables y monótonas vidas.

 

Extrañamente, el film fue realizado en colores para luego ser impreso en blanco y negro, decisión que cuadra muy bien con la estética taciturna y solipsista que irradia la personalidad antisocial de Curtis y la imagen de un país en crisis que no terminaba de tocar fondo como era la Inglaterra de los años setenta, con la explosión punk y sus efluvios posteriores new wave.

 

Gran parte de la música del film fue compuesta por los compañeros de Curtis en Joy Division, Bernard Sumner, Peter Hook y Stephen Morris, quienes devastados tras su muerte decidieron formar otro conjunto, New Order, banda que evolucionaría del sonido post punk a una combinación de música electrónica y dance, pero en la película también se pueden apreciar las melodías de las bandas y los solitas que influenciaron a Curtis. Sam Riley realiza una labor maravillosa como el protagonista, un joven admirador del glam y el punk que descubre su voz como cantante para encontrarse en una pesadilla debido a sus ataques epilépticos y los efectos secundarios de los medicamentos prescriptos por los médicos para paliar su condición. Samantha Morton, Alexandra Maria Lara, Craig Parkinson y Toby Kebbel acompañan brillantemente a Riley en una película devastadora acerca de la pérdida del control sobre la propia vida.

 

Corbijn, un fanático de la música de Joy Division, reconstruye varias escenas de los recitales de la banda, especialmente para retratar el baile frenético de Curtis que en algunas oportunidades lo condujo a ataques epilépticos, una transformación escenográfica que parecía una metamorfosis. El film, de hecho, contrasta varias veces el trabajo de día de Curtis en la oficina de empleo con su vocación artística, su personalidad desbocada en el escenario con la taciturnidad apartada de su vida privada. Pero Corbijn también narra el miedo de Curtis a ser un mal padre y un mal marido, su imposibilidad de dejar a su esposa y a Annik y el dolor que le causaba el hecho de no poder tomar una decisión al respecto.

 

Control es una propuesta sobre un cantante de culto y una banda que con tan solo dos discos, Unknown Pleasures (1979) y Closer (1980), se convirtió en una leyenda, pero también es un film sobre un joven atribulado por un estado de melancolía permanente que se casa demasiado joven para descubrir que el amor es un asunto complicado, especialmente cuando se es joven. Corbijn retrata también una era, una Inglaterra sin futuro atormentada por el desempleo, la inflación y el descontento social, y los comienzos de una compañía discográfica que haría historia, Factory Records, la cual editaría los discos de bandas como A Certain Ratio, The Durutti Column y Happy Mondays.

 

Control (Reino Unido/ Estados Unidos/ Australia/ Japón/ Francia, 2007)

Dirección: Anton Corbijn. Guión: Matt Greenhalgh. Elenco: Sam Riley, Samantha Morton, Alexandra Maria Lara, Joe Anderson, James Anthony Pearson, Harry Treadaway, Craig Parkinson, Toby Kebbell, Andrew Sheridan, Robert Shelly. Producción: Anton Corbijn, Todd Eckert y Orian Williams. Duración: 122 minutos.

Puntaje: 10