Evil Dead: En Llamas (Evil Dead Burn)

Una parentela en crisis

Por Emiliano Fernández

Evil Dead: En Llamas (Evil Dead Burn, 2026), del francés Sébastien Vaniček, deja muy en claro que ya no queda casi nada de la efervescencia y originalidad de la trilogía inicial dirigida por Sam Raimi y protagonizada por Bruce Campbell en el rol de Ash Williams, Diabólico (The Evil Dead, 1981), Noche Alucinante (Evil Dead II, 1987) y El Ejército de las Tinieblas (Army of Darkness, 1992), films estupendos que supieron combinar el terror ultra gore y la comedia modelo slapstick y que a su vez inspiraron la serie Ash vs. Evil Dead (2015-2018), desarrollada a lo largo de tres temporadas para Starz por Tom Spezialy, Sam y su hermano mayor, Ivan Raimi. Nada nos podría haber preparado para la enorme decepción generada por esta segunda película de Vaniček después de Vermin: La Plaga (Vermines, 2023), simpático exponente de la tradición del terror arácnido, ya que tanto el reboot de la franquicia como la siguiente propuesta del lote, Posesión Infernal (Evil Dead, 2013), del cineasta uruguayo Fede Álvarez, y Evil Dead: El Despertar (Evil Dead Rise, 2023), del irlandés Lee Cronin, habían resultado amenas a pesar de la idea de fondo de eliminar el sustrato humorístico/ caricaturesco de la ecuación para centrarse en la sangre y un drama un poco mucho inflado. La película que nos ocupa quiebra la lógica previa de independencia, ya que Evil Dead: El Despertar no tenía ninguna conexión narrativa con Posesión Infernal, y precisamente oficia de secuela directa de la odisea del irlandés, otro que también cayó hace poco en el fango de la chatarra intercambiable hollywoodense de la mano de una gesta soporífera, La Posesión de la Momia (Lee Cronin’s The Mummy, 2026).

 

El lastimoso guión de Vaniček y Florent Bernard retoma a aquella Jessica (antes Anna-Maree Thomas, ahora Greta van den Brink) que aparecía en el principio y el final de Evil Dead: El Despertar para que asesine a dos pescadores en un lago y termine atropellada en una carretera por Willliam Price (George Pullar), todo por supuesto porque los demonios eternamente convocados por un hechizo del grimorio creado por H.P. Lovecraft, Naturom Demonto alias El Libro de los Muertos alias Necronomicon Ex-Mortis alias simplemente el Necronomicón, perciben que el hermano menor de Willliam, el escritor fracasado Joseph (Hunter Doohan), encontró por accidente los estudios de su abuelo sobre el libro maldito y un objeto capaz de eliminar a las entidades del averno fanáticas de las posesiones, la hoy olvidada entre los cinéfilos Daga Kandariana, ítem perteneciente al segundo eslabón de la saga, Noche Alucinante. El grueso del patético relato apunta a la serie de posesiones que se acumulan dentro del clan Price una vez que Willliam muere quemado en su automóvil y una Jessica decapitada recita el hechizo de turno para que los demonios ingresen al cuerpo del susodicho, a su vez extendiendo su hegemonía durante el funeral hacia el progenitor, Edgar (Erroll Shand). Lo más parecido a una protagonista es la esposa de nuestro poseso calcinado, Alice (Souheila Yacoub), una francesa que se lleva bien con Joseph y su novia, Thya (Luciane Buchanan), y desconfía de sus suegros, ese Edgar y una tal Susan (Tandi Wright), ya que la hacen responsable del óbito por una pelea previa que tuvo con el varón, para colmo conduciendo algo alcoholizado, durante el festejo del cumpleaños de Joseph.

 

La realización posee diversos problemas pero uno de los más angustiantes pasa por esos diálogos de una redundancia espantosa, todo el tiempo explicando lo que sucede como si los espectadores en su totalidad fuesen equiparables a los subnormales que consumen los productos de Marvel, Disney y Netflix o que votan a la derecha fascista, tilinga y neoliberal del nuevo milenio. Si por un lado tenemos un buen nivel de gore, disparando truculencias vinculadas al exploitation o aquel cine splatter de antaño, por el otro lado el asunto no se caracteriza por su originalidad o imaginación, más bien apuesta por lo burdo cometiendo el peor pecado posible, eso de tomarse demasiado en serio a sí mismo cuando en realidad el film es sumamente hueco y/ o tontuelo, incapaz de cualquier discurso coherente sobre su obsesión de impronta decididamente claustrofóbica, una familia Price que se completa con la infaltable abuela con la enfermedad de Alzheimer, Polly (Maude Davey). Al sustrato deprimente del grupo en proceso de autodestrucción sin un gramo de humor de por medio, tracción a personajes siempre odiosos que no despiertan interés o empatía alguna del otro lado de la pantalla, se suma un automatismo narrativo de idiosincrasia ochentosa, con los partidarios mefistofélicos del Necronomicón luchando contra los guardianes de la daga mágica que todo lo soluciona, un esquema que no entiende ni sabe aprovechar el trasfondo autoparódico de la franquicia. El único factor atractivo que subsiste del pasado reciente tiene que ver con un elenco mayormente ignoto, de allí que no resulte tan molesto el pobre promedio cualitativo de unas actuaciones tendientes a la mediocridad o el tedio ocasional.

 

Ni siquiera el desenlace se salva del desastre debido a que arrastra mucho CGI berreta, más juguetes mecánicos mortíferos redundantes -recordemos la trituradora de madera de las postrimerías de Evil Dead: El Despertar– y un Willliam en versión malvada que se asemeja a una cruza involuntariamente graciosa del T-800 (Arnold Schwarzenegger) de Terminator (The Terminator, 1984) y el T-1000 (Robert Patrick) de Terminator 2: El Juicio Final (Terminator 2: Judgment Day, 1991), ambas del canadiense James Cameron. El incesante desfile de posesiones y ataques cruzados, al igual que el gore del montón, no compensa el letargo narrativo de la saga ni su torpeza a la hora de sorprender, amén del detalle poco feliz de asesinar al perro de la familia, sin duda el único personaje interesante del opus y lamentablemente reventado con un tenedor por Edgar. En este sentido los clichés marcan la identidad de todo el clan, como la abuela senil, los padres amargos, el hijo menor cobarde/ inútil, el hijo mayor abusón y las respectivas parejas debatiéndose entre la intrascendencia y la autovictimización rosa más risible, con la esposa de Willliam rankeando en punta como otra de las féminas irresponsables de la actualidad por el gesto de fumar cuando se habla de un posible embarazo. Sin olvidarnos del hecho de que este eslabón lejos está de ser el fin de la franquicia porque se viene Evil Dead Wrath (2028), precuela del estadounidense Francis Galluppi, aquel de la estupenda La Última Parada en el Condado de Yuma (The Last Stop in Yuma County, 2023), que transcurrirá antes de los acontecimientos de Diabólico, el principal inconveniente que recorre el film, eso de confundir el tren fantasma clásico del terror con un discurso elaborado sobre una parentela en crisis como parece ser la intención durante buena parte del metraje, nos lleva prontamente al hartazgo y al aburrimiento a raíz de la incapacidad del Hollywood actual -o el mainstream internacional, que es lo mismo- para narrar con la dimensión visual sin recurrir a tantos golpes baratos de efecto y tanta verborragia sobreexplicativa que genera vergüenza ajena y alarga la duración mucho más allá de lo conveniente, empantanando lo que podría haber sido diversión surrealista o más bien desperdiciando la pirotecnia desplegada en un encadenamiento de sadomasoquismo…

 

Evil Dead: En Llamas (Evil Dead Burn, Estados Unidos/ Canadá/ Nueva Zelanda, 2026)

Dirección: Sébastien Vaniček. Guión: Sébastien Vaniček y Florent Bernard. Elenco: Souheila Yacoub, Erroll Shand, Hunter Doohan, Tandi Wright, Luciane Buchanan, Maude Davey, George Pullar, Greta van den Brink, Victory Ndukwe, Tapiwa Soropa. Producción: Sam Raimi y Rob Tapert. Duración: 110 minutos.

Puntaje: 2