Madres Jóvenes (Jeunes Mères)

Una vida mejor

Por Emiliano Fernández

Salvo por sus dos películas iniciales englobadas en un cine abiertamente tradicional según los cánones europeos de su tiempo, Falsch (1987) y Pienso en ti (Je Pense à Vous, 1993), opus que por cierto no vio casi nadie porque cayeron en los abismos del autosabotaje en distribución, el resto de la trayectoria de los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne resulta bastante parejo aunque pueden trazarse dos períodos igualmente vinculados a sus inicios en el documental durante finales de la década del 70 y la primera mitad de los años 80, con una primera fase correspondiente a una seguidilla de trabajos maravillosos que los posicionaron como genios en el arte de refritar el ascetismo tanto de Robert Bresson como del neorrealismo italiano de los 40 y 50 y la Nueva Ola Británica de los 50 y 60, hablamos de La Promesa (La Promesse, 1996), Rosetta (1999), El Hijo (Le Fils, 2002), El Niño (L’Enfant, 2005) y El Silencio de Lorna (Le Silence de Lorna, 2008). La segunda etapa, la más reciente, ya se vuelve un tanto errática pero continúa conservando un nivel de calidad muy elevado que no impide subdividir al asunto en dos grupos, el estupendo de Dos Días, una Noche (Deux Jours, une Nuit, 2014) y Tori y Lokita (Tori et Lokita, 2022) y aquel otro de impronta bien complementaria de El Chico de la Bicicleta (Le Gamin au Vélo, 2011), La Chica sin Nombre (La Fille Inconnue, 2016) y El Joven Ahmed (Le Jeune Ahmed, 2019), por supuesto todas epopeyas que asimismo le deben mucho al realismo social inglés de Ken Loach, Mike Leigh y Alan Clarke, otros popes del querido anticapitalismo cinematográfico.

 

Madres Jóvenes (Jeunes Mères, 2025), la última aventura de los hoy septuagenarios, se ubica de hecho en la misma bolsa de El Chico de la Bicicleta, La Chica sin Nombre y El Joven Ahmed en materia de un trasfondo cualitativo inferior que sin embargo está muy por encima del promedio del cine actual, tanto mainstream como indie, una usina insoportable de realizaciones idiotas, conservadoras o sin un gramo de conciencia social, inteligencia y responsabilidad política, en suma productos destinados a todos los imbéciles banales que componen la mayoría del público del Siglo XXI. Aquí no existe una historia propiamente dicha porque estamos frente al primer relato coral de los hermanos, centrado en cinco casos de un refugio estatal para madres menores de edad de la ciudad belga de Banneux, en la Provincia de Lieja, en esencia a cargo de la cuasi directora Yasmine (Adrienne D’Anna): Jessica (Babette Verbeek) está embarazada y lidia con el trauma de haber sido abandonada por su madre al nacer, Perla (Lucie Laruelle), negra y ex alcohólica, ya tuvo a su vástago y no puede aceptar que el padre del crío no quiera saber nada de ella, Naïma (Samia Hilmi) es una musulmana que está tratando de restablecer el contacto con su familia luego de dar a luz, Ariane (Janaïna Halloy Fokan) hubiese preferido abortar aunque su progenitora, una borracha adepta al abuso doméstico, la convenció de lo contrario, y Julie (Elsa Houben), drogadicta en recuperación que asiste a un curso de peluquería, intenta construir una vida con su novio pero el fantasma de los estupefacientes siempre está a la vuelta de la esquina.

 

Desde esa paciencia y ese cuidado de siempre en cuanto al desarrollo de personajes y una visceralidad que pinta las cosas cómo son y no cómo los burgueses descerebrados de la crítica y la platea quisiesen que sean, los Dardenne indagan en la marginalidad de madres niñas y menesterosas apelando a factores varios como la inmadurez, el egoísmo, el miedo, la incomprensión, el hedonismo, la pobreza, la inseguridad emocional, las adicciones, la histeria, los prejuicios sociales, la ansiedad, la indiferencia, las mentiras, la desesperación, la violencia, la claustrofobia, el sacrificio, la esperanza, la redención y por supuesto aquel atavismo de índole familiar en lo que respecta al ciclo o la tradición de golpes, abandono y sustancias poco saludables, de toda clase. La identidad de los hermanos, una que ha tenido repercusiones valiosas en los últimos tiempos en un espectro amplio que va desde Sueños (Dreams, 2025), de Michel Franco, y La Mujer de la Fila (2025), de Benjamín Ávila, hasta La Historia de Souleymane (L’Histoire de Souleymane, 2024), de Boris Lojkine, y Close (2022), film de Lukas Dhont, en esta oportunidad se propone a conciencia dejar de lado la responsabilidad estatal en todo este atolladero, de allí que en el marco de la lógica narrativa Yasmine, sus compañeras y el centro en general funcionen como un ámbito de contención y no de agravamiento de los múltiples problemas superpuestos que padecen las adolescentes, un planteo que trae a colación la perspectiva humanista de fondo y sus ganas de pegarle a la sociedad en su conjunto a raíz de compulsiones que tienen que ver con una gran inequidad.

 

Mientras que Jessica, Naïma y Perla padecen un abandono de clara impronta individualista/ caprichosa, las dos primeras de su madre y la tercera de su pareja masculina, por un lado, Ariane y Julie tratan de escapar de un veneno ya ampliamente conocido y otrora aceptado, la primera de su propia parentela y la segunda de las drogas, por el otro lado. La propuesta tiende al optimismo como un bálsamo ante el durísimo desenlace del opus inmediatamente previo, Tori y Lokita, por ello Jessica y Naïma se reconcilian con sus madres, Ariane y Julie en última instancia logran “administrar” sus demonios y finalmente Perla recibe el apoyo crucial de su hermana mayor, Angèle (Joely Mbundu, precisamente aquella Lokita del film de 2022, inmigrante africana tratando de sobrevivir en Bélgica al igual que el memorable Tori de Pablo Schils). Viendo la película desde el Tercer Mundo, Madres Jóvenes retrata también un sistema de asistencia social muy aceitado que le pone parches temporales a la enorme masa de excluidos que genera a diario el capitalismo salvaje del nuevo milenio en todo el planeta, régimen que adora destruir lo que queda del Estado de Bienestar para seguir favoreciendo a la especulación financiera, los gigantes de Silicon Valley y esos enclaves económicos más concentrados y oligopólicos en detrimento de las masas trabajadoras, que se ven privadas de sus de por sí escasos medios de subsistencia o condenadas a la limosna de un sector público en proceso de raudo achicamiento. El anhelo de una vida mejor, gran latiguillo de la película, requiere solidaridad interna y lucha contra las mafias del capital…

 

Madres Jóvenes (Jeunes Mères, Bélgica/ Francia, 2025)

Dirección y Guión: Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne. Elenco: Lucie Laruelle, Babette Verbeek, Elsa Houben, Janaïna Halloy Fokan, Samia Hilmi, Joely Mbundu, Adrienne D’Anna, Christelle Cornil, India Hair, Günter Duret. Producción: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, Denis Freyd y Delphine Tomson. Duración: 101 minutos.

Puntaje: 8