Lejos del Paraíso (Far from Heaven)

Variaciones del amor vedado

Por Emiliano Fernández

Antes y después de Lejos del Paraíso (Far from Heaven, 2002) Todd Haynes exploró con paciencia, osadía y mucha perspicacia las grietas de la cultura, la idiosincrasia y la sociedad norteamericanas centrándose en diversas facetas de la problemática, como por ejemplo ese ciclo que el señor evidentemente considera el período de eclosión y/ o mayor cristalización de los valores detrás de la claustrofobia y las compulsiones nacionales en términos idílicos, léase la primera mitad del Siglo XX con utopías ya totalmente formadas para la década del 50 en torno al estadounidense moderno promedio y la necesidad de que sea blanco, de clase media alta, protestante, un progenitor amoroso y en lo posible viviendo en los suburbios citadinos para no padecer el smog y los ruidos ensordecedores del centro de la ciudad. Más allá de la trilogía de melodramas suntuosos, inspirada en el cine del alemán Douglas Sirk, que Haynes le dedicó a las falacias sociales señaladas, hablamos de la presente Lejos del Paraíso, Carol (2015), drama lésbico basado en la novela El Precio de la Sal (The Price of Salt, 1952), de Patricia Highsmith, y Mildred Pierce (2011), miniserie para HBO que toma la novela homónima de 1941 de James M. Cain para crear un retrato de una madre soltera que durante la Gran Depresión debe lidiar con una hija narcisista, el realizador y guionista asimismo analizó la fascinación con la industria del espectáculo y sus múltiples miserias en el corto experimental Superstar: The Karen Carpenter Story (1987), estudio con muñecas Barbie de la lucha de la cantante del título con la anorexia, Velvet Goldmine (1998), basada en la fase glam de David Bowie, Bryan Ferry y Marc Bolan, I’m Not There (2007), acerca de la figura de un Bob Dylan interpretado por seis actores (Heath Ledger, Ben Whishaw, Christian Bale, Cate Blanchett, Marcus Carl Franklin y Richard Gere), y además The Velvet Underground (2021), documental avant-garde para Apple TV+ sobre la legendaria banda encabezada por Lou Reed y John Cale y apadrinada en su período inicial por Andy Warhol.

 

Se podría afirmar que aquí Haynes, a pesar de su exuberancia retórica marca registrada que siempre tiende al formalismo aunque sin descuidar el corazoncito emocional del relato, está mucho más cerca del naturalismo lírico de Wonderstruck (2017), su reflexión alrededor de la infancia y la memoria a partir del libro del 2011 de Brian Selznick, y de aquella sequedad de Dark Waters (2019), extraordinario thriller testimonial sobre la contaminación de los suministros de agua de West Virginia por la mafia de DuPont para la fabricación de Teflón/ politetrafluoroetileno, que de las ironías tácitas de Safe (1995), epopeya que satirizaba por lo bajo la mediocridad burguesa, su hipocondría y la proliferación de grupos de autoayuda, Dottie Gets Spanked (1993), corto televisivo que combinaba sus dos grandes obsesiones, la influencia de los mass media en el ciudadano común y corriente a mediados de la centuria pasada, y los segmentos Hero, sobre un niño de siete años que asesina a su padre abusivo, y Horror, en torno a un científico que toma accidentalmente un suero sexual y muta en un leproso psicópata y homicida, de la recordada Poison (1991), antología a su vez inspirada en relatos de uno de sus ídolos de siempre, el escritor francés Jean Genet. El genial guión del realizador es muy simple porque indaga en apenas tres personajes principales, una ama de casa perfecta llamada Cathleen “Cathy” Whitaker (Julianne Moore) que en 1957 está casada con el adusto Frank Whitaker (Dennis Quaid), importante ejecutivo de una empresa que fabrica televisores, Magnatech, asentada en Hartford, en el Estado de Connecticut, y que un día descubre a un hombre de color en su edénico jardín, Raymond Deagan (Dennis Haysbert), vástago del jardinero anterior de la mujer, quien acaba de fallecer. Mientras que Frank sucumbe de a poco a una homosexualidad que le permite escapar de su rutina, Cathy lleva la casa junto a su sirvienta negra, Sybil (Viola Davis), cría a sus dos hijos pequeños, David (Ryan Ward) y Janice (Lindsay Andretta), y se enamora del jardinero en su soledad.

 

La propuesta trabaja dos capas de la injusticia popular y el aislamiento mutuo por más que compartan la marginación, pensemos que el amor homosexual vedado puede eventualmente expresarse ya que Frank opta por el divorcio y en esencia logra ocultar su inclinación a ojos de una sociedad homofóbica, no obstante Cathleen no tiene tanta suerte y apenas es vista junto a Raymond por la chismosa de Hartford, Mona Lauder (Celia Weston), los rumores se disparan y los “no amantes”, ya que a fin de cuentas todo queda en lo platónico, padecen el ostracismo en sus respectivas comunidades, ella vía miradas hirientes de las otras burguesas y él recibiendo piedrazos poco sutiles contra las ventanas de su hogar e incluso contra su hija, Sarah (Jordan Puryear), niña atacada por tres nenes blancos a la salida del colegio. La incomprensión recíproca que se dedican el gay del relato y la mujer dispuesta a la tentación del mestizaje está homologada a la complejidad moral, la ternura latente en lo trágico y una autoindulgencia de clase media, en este sentido recordemos que Deagan posee un título de administración y una tienda/ vivero y sabe de pintura como lo demuestran sus comentarios sobre Joan Miró, aquello de la conexión entre minimalismo artístico y religiosidad, en la exposición organizada por la mejor amiga de Cathy, Eleanor Fine (Patricia Clarkson), quien rechaza de lleno la posibilidad de una relación interracial pero no tiene tanto problema ante la homosexualidad, del mismo modo que Frank no acepta el tenue vínculo con el jardinero y prefiere ahogarse en el alcohol y en la terapia de reorientación sexual, a cargo del Doctor Bowman (James Rebhorn), hasta finalmente “salir del clóset” aunque siempre en privado, nunca en público. Cathleen, por su parte, también le sigue la corriente a la mentalidad de la época auspiciando el delirante tratamiento psicológico y viendo cómo su marido se entrega al masoquismo para “curarse” y ser feliz en una heterosexualidad de la que está harto, sin embargo desafía a la conformidad en materia del cariño y esa amistad entre razas distintas.

 

Jugando con la hipocresía de una sociedad racista e infantilizada, en la que no se admite el hecho de que hombres y mujeres se sienten atraídos entre sí sin importar el color de piel, los genitales o las creencias, y con la clásica segregación del sur norteamericano, en aquella etapa exacerbada por la Crisis de los Nueve de Little Rock, episodio que desencadenó el movimiento por los derechos civiles cuando el presidente Dwight D. Eisenhower garantizó el ingreso de nueve estudiantes de color a una escuela de blancos de Arkansas, Lejos del Paraíso desde el vamos deja en claro que Frank es un capitalista poderoso paradójicamente marginado por su orientación sexual y que Cathy y Raymond son las “ovejas negras” de sus respectivos cónclaves, ella diciendo que apoya los derechos de los negros y la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color, la principal instigadora de la Crisis de Little Rock, y él abriéndose paso como un cuentapropista y una persona instruida que pudo escaparle en parte a la exclusión sureña. Haynes consigue actuaciones estupendas del trío fundamental y recupera de Sirk los colores saturados, la elegancia, los fundidos etéreos, la música insinuante, esa luminosidad hiper artificial, los decorados de ensueño, la vestimenta sobrecargada y los peinados hollywoodenses perfectos, amén del tópico racial de Imitation of Life (1959), el amor prohibido de All That Heaven Allows (1955) y la pompa general de otros clasicazos del corazón del germano como All I Desire (1953), Magnificent Obsession (1954), There’s Always Tomorrow (1955), Written on the Wind (1956) y A Time to Love and a Time to Die (1958). Al igual que otras faenas sobre matrimonios destruidos y ardor clandestino a priori muy diferentes, en línea con La Angustia Corroe el Alma (Angst Essen Seele Auf, 1974), de Rainer Werner Fassbinder, Polyester (1981), de John Waters, y ¿Qué he Hecho yo para Merecer esto? (1984), de Pedro Almodóvar, el opus de Haynes funciona como una oda a lo imposible porque la distancia entre el anhelo y lo permitido es enorme…

 

Lejos del Paraíso (Far from Heaven, Estados Unidos/ Francia, 2002)

Dirección y Guión: Todd Haynes. Elenco: Julianne Moore, Dennis Quaid, Dennis Haysbert, Patricia Clarkson, Viola Davis, James Rebhorn, Ryan Ward, Lindsay Andretta, Celia Weston, Bette Henritze. Producción: Christine Vachon y Jody Allen. Duración: 107 minutos.

Puntaje: 10