Barbacoa (Barbaque)

Veganos a la parrilla

Por Emiliano Fernández

A pesar de que el canibalismo es uno de esos tópicos que supuestamente son tabú en las sociedades de Occidente en general y en nuestra modernidad ya en términos específicos, aunque por supuesto no tanto en una multitud de tribus a lo largo y ancho del globo que se han dedicado a dichos menesteres ya sea por una cuestión de supervivencia ante la poca disponibilidad de recursos, para “incorporar” el espíritu de sus semejantes o simplemente con vistas a rubricar algún tipo de victoria bélica o cultural sobre pueblos vecinos, lo cierto es que en el capitalismo el asuntillo de la antropofagia se lleva a cabo a nivel conceptual y práctico en tanto consecuencia directa del individualismo como régimen social, donde lo principal es la hipocresía de no tocarle la propiedad privada al otro pero sí permitiéndose desvalijarlo, someterlo y eventualmente fagocitarlo comprando su vida, empresa, tiempo de trabajo, sueños o lo que sea que implique -de nuevo, como en la antigüedad- adquirir la corporalidad de turno y deglutirla como hacen las compañías y conglomerados entre ellas en la cotidianeidad de la especulación santificada por los Estados, donde acumular más y mejor y con suma eficacia es sinónimo de éxito en una plutocracia que crea estamentos muy rígidos y siempre deja a las clases populares en el camino. Puede llamarse “naturaleza humana” o sistema de despojo sistemático consensuado, sin embargo en verdad no importa la denominación porque degustar un jamón de carne humana o destruir/ licuar activos o una planta laboral es exactamente lo mismo desde el punto de vista del hecho desnudo concreto.

 

A contrapelo de lo que pudo verse recientemente en Fresh (2022), debut de la directora Mimi Cave que analizaba el canibalismo combinando ingredientes de Psicópata Americano (American Psycho, 2000), de Mary Harron, Hostel (2005), de Eli Roth, Mártires (Martyrs, 2008), de Pascal Laugier, y 10 Cloverfield Lane (2016), de Dan Trachtenberg, Barbacoa (Barbaque, 2021), escrita, protagonizada y dirigida por Fabrice Eboué, apuesta a recuperar el tono corrosivo y cierta falta de estructura tradicional de Ocurrió Cerca de su Casa (C’est Arrivé près de Chez Vous, 1992), de Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde, y aquel sustrato de comedia negra salvaje de propuestas especializadas en esta antropofagia que se mezcla con la parodia social, la represión libidinosa y los clásicos asesinos en serie, pensemos para el caso en Comiéndose a Raúl (Eating Raoul, 1982), de Paul Bartel, Padres (Parents, 1989), obra de Bob Balaban, y Delicatessen (1991), de Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet, amén de una sutil impronta exploitation semejante muy a lo lejos a su homóloga frenética de joyas como Frightmare (1974), de Pete Walker, y Antropophagus (1980), de Joe D’Amato. Aquí es un matrimonio dueño de una carnicería, compuesto por Sophie (la excelente Marina Foïs) y Vincent Pascal (Eboué), el que se dedica a faenar a estúpidos del montón, en esta oportunidad veganos, para satisfacer la demanda creciente de lo que ellos empezaron a ofrecer a su clientela con el nombre de “carne de cerdo de Irán”, producto que muta en un hit culinario por un boca a boca veloz que crece tanto como la masacre detrás.

 

Eboué, un cómico veterano que se paseó por los rubros musical, televisivo, radial y teatral, en Barbacoa aplica la fórmula de la incorrección política cuasi contracultural -aunque no muy inteligente que digamos ni mucho menos original- que supo utilizar en ocasión de sus opus previos como realizador y guionista, en un principio acompañado por el codirector Lionel Steketee, nos referimos a trabajos inferiores como Casilla de Partida (Case Départ, 2011), acerca de la esclavitud y la memoria histórica negra, El Cocodrilo de Botswanga (Le Crocodile du Botswanga, 2014), sobre el fútbol y el marco africano de influencia francesa, y Coexister (2017), en torno al negocio de la música y las diferencias entre el catolicismo, el judaísmo y el islamismo. Aquí por suerte Eboué no se contiene para nada en cuanto al retrato hiper crudo del oficio del carnicero que debe andar “cazando” a la mercadería en las calles y desmembrándola a escondidas para evitar que cierre su humilde negocio familiar a raíz de -precisamente- un ataque de militantes veganos que le destrozaron el local, a lo que se suma una permanente y lograda ridiculización no sólo de los vegetarianos ortodoxos, los cuales suelen caer en actitudes absurdas propias del burguesito delirante que siempre roza lo peligroso, sino también de los carnívoros y su industria genocida animal asociada, éstos representados tanto por la clase media ahogada en pánico y deudas de los Pascal como por el oligopolio de una pareja amiga dueña de una cadena de carnicerías que venden productos basura, esa racista de Marc (Jean-François Cayrey) y Stéphanie Brachard (Virginie Hocq).

 

Una vez más queda claro que el fuerte de Eboué no es el relato en sí, sobre todo porque la introducción resulta entretenida pero al mismo tiempo se siente algo torpe y demasiado larga ya que los homicidios recién comienzan en la segunda mitad de la hora y media de metraje, luego de la ponderación de la crisis de la pareja por la rutina, la falta de sexo, la mediocridad alienante de la burguesía, la comparación con los amigos ricachones y hasta la partida de la casa familiar de la única hija, Chloé (Lisa Do Couto Texeira), quien está de novia con otro fundamentalista verde, Lucas (Victor Meutelet), el cual afirma no compartir el gusto por las arremetidas violentas y no pretender imponer su parecer a nadie pero ya convenció a la muchacha de que abandone la carne y en esencia es un insoportable que se niega además al vino, el huevo, los champiñones, el queso y las tortas. Entre la comedia de enredos, sustentada en la meta de no ser descubiertos por los clientes, Chloé, su novio, el Gendarme Ntamack (Stéphane Soo Mongo), los Brachard y un colectivo terrorista vegano, ese conformado por el punk Joshua (Nicolas Lumbreras), el hippie y ex matarife Camille (Franck Migeon) y la púber putona Héméra (Alexia Chardard), y la sátira alrededor de los hipsters de las urbes gentrificadas posmodernas, Barbacoa es simpática pero no una joya del humor negro por cierta morosidad narrativa y porque le falta villanos de peso -el trío vegano radical no llega a ese nivel- y le cuesta emparejar discursivamente a vegetarianos y omnívoros como eslabones de la misma industria alimenticia masiva destructora de vidas…

 

Barbacoa (Barbaque, Francia, 2021)

Dirección: Fabrice Eboué. Guión: Fabrice Eboué y Vincent Solignac. Elenco: Fabrice Eboué, Marina Foïs, Jean-François Cayrey, Lisa Do Couto Texeira, Virginie Hocq, Alexia Chardard, Victor Meutelet, Stéphane Soo Mongo, Nicolas Lumbreras, Franck Migeon. Producción: Julien Deris, David Gauquié y Jean-Luc Ormières. Duración: 87 minutos.

Puntaje: 6