Ya era hora de que apareciese una película de quiebre como The Sadness (Ku Bei, 2021), escrita, editada y dirigida por el canadiense Rob Jabbaz, realizada completamente en Taiwán y financiada con criptomonedas y porno de cam girls, porque si algo le faltaba al terror contemporáneo era no sólo regresar a los gloriosos practical effects de antaño, aquí representados en muchos cuerpos profanados y litros y litros de sangre, sino estallar en sexo y violencia como aquellos queridos exploitations de otras épocas mucho más felices, iconoclastas y efervescentes a nivel creativo e ideológico. A contrapelo de toda corrección política o fineza alguna a escala formal o temática, Jabbaz entrega una obra decididamente brutal que espantará al grueso del público timorato de hoy en día y fascinará a los fanáticos en serio del horror por la sencilla razón de que es una de las poquísimas faenas de zombies del nuevo milenio que logra despegarse del pelotón anodino mayoritario, lo que también implica que puede compararse con opus destacables del rubro como 28 Days Later (2002), de Danny Boyle, Train to Busan (Busanhaeng, 2016), de Yeon Sang-ho, o The Night Eats the World (La Nuit a Dévoré le Monde, 2018), de Dominique Rocher, aunque sin llegar a ese nivel de calidad por la simpleza de su trama y cierta torpeza narrativa que se condice con la condición de ópera prima del film, en esencia una experiencia muy gratificante en términos de las secuencias más extremas del gore y las torturas y violaciones pero no tan eficaz en materia de los instantes más reposados vinculados ya al desarrollo de personajes, planteo muy habitual del cine de impronta artesanal e idiosincrasia árida y underground.
Especie de metáfora terrorista desquiciada acerca del Covid-19 y el enorme volumen de pavadas patéticas que se han dicho y considerado por parte de una humanidad cada día más necesitada de desaparecer de la faz del planeta para alcanzar algún tipo de paz, The Sadness está volcada hacia el retrato de una joven y amorosa pareja que una mañana cualquiera se despierta para ir a trabajar, Jim (Berant Zhu) y Kat (Regina Lei), y discute por la fecha de unas vacaciones y compromisos asumidos sin avisar al otro. Taiwán está saliendo de una pandemia provocada por el Virus Alvin y por supuesto existen aquellos que a pesar de las muertes masivas afirman que todo el asunto no pasa de ser una “gripecita”, una soberana exageración o hasta un engaño de la mafia comunicacional, económica y política de los siempre excrementicios mass media, por ello unos científicos advierten sobre una posible mutación que acerque a la amenaza hacia la rabia sin ser escuchados por las autoridades. Dicho y hecho, el virus muta y afecta al sistema límbico que controla la agresión y los impulsos sexuales, haciendo que los contagiados se conviertan en psicópatas homicidas que violan a mujeres y hombres, asesinan de manera furiosa a cualquier no infectado, mutilan y torturan sin piedad alguna y canibalizan de inmediato a sus muchísimas víctimas, todo siguiendo una misma secuencia de síntomas que abarcan la “tristeza” del título mediante una lagrimita cayendo del rostro, el ennegrecimiento de los globos oculares y finalmente una sonrisa maniática imperturbable previa al comienzo de la violencia y las depravaciones, núcleos a su vez de una alegoría sobre la necesidad de algún tipo de inhibición en sociedad.
La combinación de influencias que propone Jabbaz es de lo más agitada, pensemos que The Sadness recupera de modo explícito ese primer David Cronenberg de zombies sexópatas y antropófagos de Shivers (1975) y Rabid (1977), aquella paranoia social descontrolada de The Crazies (1973), de George A. Romero, la anarquía sonriente de los monstruitos de Gremlins (1984), de Joe Dante, el gustito por el gore a toda pompa de Braindead (1992), de Peter Jackson, y bastante de aquella locura -aunque en esta ocasión sin renunciar jamás al realismo más inmundo que le escapa a la autoparodia facilista norteamericana de cotillón- de la trilogía de Sam Raimi de The Evil Dead (1981), Evil Dead II (1987) y Army of Darkness (1992), amén de citas concretas a clásicos nihilistas recientes como ese cráneo destrozado del último acto mediante golpes imparables con un matafuegos que nos reenvía a Irreversible (2002), de Gaspar Noé, y el episodio con los bebés infectados y desechados por el simpático virólogo que recuerda a la infame e insoportable A Serbian Film (Srpski Film, 2010), de Srdjan Spasojevic. La propuesta unifica, precisamente, a los chiflados ultra perversos de Crossed (2008-2010), cómic de Garth Ennis y Jacen Burrows que ponía el acento en la algarabía del sadomasoquismo extremo de estos zombies conceptuales, con una sátira social y política -algo burda aunque muy graciosa- que incluye una referencia a la famosa secuencia de la cabeza estallada de Scanners (1981), de Cronenberg, cuando en The Sadness el jefe de las Fuerzas Armadas queda prendido de la “tristeza” -una suerte de despedida de la moral en el cerebro- y le mete una granada en la boca al presidente del país.
Jabbaz, como decíamos con anterioridad, se engolosina -y mucho- con lo que mejor hace, léase la catarata de barrabasadas como violar a una adolescente gordita por una cavidad ocular destrozada o arrancarle la nariz de una mordida a un muchacho del montón, y se limita a separar a la pareja protagónica para que cada uno recorra un largo camino hasta el reencuentro final, periplo que empieza cuando él se topa en un restaurant con una anciana tildada, quien le tira el aceite hirviendo de las papas fritas a un empleado del lugar y luego le arranca la piel con sus manos, y cuando ella choca en el metro de Taipéi con un hombre de negocios cincuentón y muy gris que quiere conquistarla (Tzu-Chiang Wang) y luego con un demente homicida, con anteojos oscuros y un cuchillo, que revienta en éxtasis a todo lo que se le pone delante; siendo de hecho el personaje de Wang el villano crucial del convite porque está más que obsesionado con cargarse a Kat por haberlo rechazado, parábola de la adicción al trabajo de los asiáticos y los sacrificios que ello conlleva a escala identitaria, psicológica, ética y de la vida privada en general, de allí que las “armas de preferencia” del susodicho sean primero su paraguas, símbolo de la cárcel diaria oficinista, y después un hacha que descubre en su derrotero de transformación en otra criatura caníbal y caprichosa típica del capitalismo gerencial. Entre la hemoglobina, los vómitos y los fluidos corporales de las violaciones que llegan a mutar en orgías, las vías concretas de contagio, la película destroza a los dirigentes, los medios de comunicación, la fauna médica e incluso al pueblo que no puede evitar registrar lo ocurrido con sus celulares en medio de un río de sangre…
The Sadness (Ku Bei, Taiwán, 2021)
Dirección y Guión: Rob Jabbaz. Elenco: Berant Zhu, Regina Lei, Tzu-Chiang Wang, Ying-Ru Chen, Ralf Chiu, Wei-Hua Lan, Emerson Tsai. Producción: David Barker, Eunice Cheng y Li-Cheng Huang. Duración: 100 minutos.