Cuidado con esa Puta Sagrada (Warnung vor einer Heiligen Nutte)

En el parvulario de la brutalidad

Por Emiliano Fernández

Filmar el inefable tiempo muerto no es una tarea fácil porque implica un sustrato estático símil “no movimiento” narrativo, lo que para muchos cinéfilos, realizadores y miembros de la prensa resulta profundamente anti cinematográfico porque su único modelo de relato es el hollywoodense que no sólo apuesta a la acción y a la verborragia explicativa sino que descuida el silencio retórico/ discursivo en tanto elemento constituyente de la estructura macro de la obra en cuestión, del mismo modo que el mutismo es parte fundamental de las composiciones musicales o por lo menos debería serlo para abarcar toda la gama posible del oído humano sin saturarlo con ese obsesión tragicómica del mainstream contemporáneo -tanto el de la industria del séptimo arte como el de su homóloga discográfica- con una constante pompa non stop que pasa a ser homologada a la supuesta necesidad de captar al consumidor y retenerlo con fuegos artificiales expresivos que jamás detienen su marcha. Pensándolo como un recurso disponible más dentro de los muchos que dan vida al cajón de herramientas por antonomasia del cine, el tiempo muerto funciona si no se abusa demasiado de él o si se lo combina con otros ingredientes que nos saquen de la categoría en la que terminamos si los resortes de la paciencia se tensan demasiado y la repetición asoma su cabeza, hablamos de esa comarca arty festivalera adepta a los dramas de tono mortuorio y nula verdadera complejidad narrativa, algo así como una versión demasiado literal del modelo bobalicón estadounidense porque mientras éste nos bombardea con locuciones en off redundantes, un montaje veloz, personajes ultra estereotipados, motivos varios repetidos hasta el hartazgo y situaciones de manual que respetan a rajatabla tanto las fórmulas de siempre de los géneros trabajados como ese tono canchero/ soberbio/ arrogante en verdad insoportable de una multitud de películas que quieren resultar “cool” y acaban cayendo en la superficialidad más anodina y olvidable, las propuestas de cadencia arty, en cambio, en muchas oportunidades terminan tapadas por esos clichés de la contemplación alicaída y estéril sustentados en muy poca imaginación formal y una inexistente riqueza discursiva, detalles sin duda maquillados de distanciamiento cotidiano baladí o quizás hasta reflexivo pero incapaz de despertar una mínima empatía que humanice esta estética de la frialdad.

 

Cuidado con esa Puta Sagrada (Warnung vor einer Heiligen Nutte, 1971), del gran Rainer Werner Fassbinder, enfatiza desde su título la naturaleza peligrosa del arte fetichizado/ maniático y por cierto se sirve de manera magistral de la paradigmática angustia de los “momentos improductivos” con el objetivo de retratar el tiempo muerto que se acumula y acumula a la espera del comienzo de un rodaje destinado a un aparente fracaso a raíz del generoso volumen de tensiones, disputas, mentiras, traiciones, apatía, golpes, caprichos, frustraciones, delirios y egos desatados que yacen en un set de filmación en España, faena con toques autobiográficos porque remite a la agitada cocina de una realización previa del guionista y director alemán, Whity (1971), aquella cruza entre spaghetti western, película aristocrática de época y melodrama que fue filmada en locaciones y decorados construidos para los opus de Sergio Leone de entonces, Érase una vez en el Oeste (C’era una volta il West, 1968) y Los Héroes de Mesa Verde (Giù la Testa, 1971). Definitivamente más cerca en términos de entonación de El Estado de las Cosas (Der Stand der Dinge, 1982), de Wim Wenders, que de La Noche Americana (La Nuit Américaine, 1973), de François Truffaut, la primera un lienzo de pulso casi sepulcral sobre un rodaje fallido en Portugal y la segunda una romantización bastante light y tontuela de lo que ocurre en un set de filmación, el opus de Fassbinder sin embargo no deja de lado la comedia, más bien la intensifica y la hace cruel y decididamente nihilista y negra, ni tampoco abusa de la quietud retórica porque en suma durante gran parte del metraje la metapelícula continúa en un callejón sin salida pero siempre ocurre algo en forma de peleas y/ o rabietas risibles entre miembros del elenco y el equipo técnico en general. El film puede leerse como una experiencia de transición entre la primera etapa avant-garde del germano, aquella de influencias teatrales y godardianas con poca acción concreta y diálogos antinaturalistas, y el período profesional inmediatamente posterior centrado en la bella dinámica de los melodramas hiper floridos y apasionantes en sintonía con el cine de Douglas Sirk de la década del 50, a su vez funcionando como un preludio para el despegue internacional de la fama de Fassbinder correspondiente a fines de los 70 hasta su muerte en 1982 a los 37 años de edad de un cóctel de cocaína y barbitúricos.

 

Como toda película del genio de las dos etapas consideradas, en la primera destacándose El Amor es más Frío que la Muerte (Liebe ist Kälter als der Tod, 1969), Katzelmacher (1969), Dios de la Peste (Götter der Pest, 1970), ¿Por qué Corre el Señor Amok? (Warum Läuft Herr R. Amok?, 1970), El Soldado Americano (Der Amerikanische Soldat, 1970) y la citada Whity, y en la segunda sobresaliendo El Mercader de las Cuatro Estaciones (Händler der Vier Jahreszeiten, 1972), Las Amargas Lágrimas de Petra von Kant (Die Bitteren Tränen der Petra von Kant, 1972), La Angustia Corroe el Alma (Angst Essen Seele Auf, 1974), Martha (1974), Effi Briest (1974), La Ley del más Fuerte (Faustrecht der Freiheit, 1975), El Viaje al Paraíso de Mamá Kuster (Mutter Küsters’ Fahrt zum Himmel, 1975), Miedo al Miedo (Angst vor der Angst, 1975), Sólo Quiero que me Amen (Ich will doch nur, daß ihr mich liebt, 1976) y El Asado de Satán (Satansbraten, 1976), nuestra Cuidado con esa Puta Sagrada explora las redes de manipulación, parasitismo, sometimiento, sadomasoquismo y humillación escalonada que se despliegan en la existencia mundana de los sujetos, lo que trae a colación prejuicios sociales y odios acumulados pero asimismo los desvaríos, anhelos y sentimientos a flor de piel en donde víctima y victimario intercambian lugares de modo constante o directamente se hace evidente que el que sufre, el agente pasivo, algo de placer experimenta en el martirio porque de manera tácita -y en muchas ocasiones de ese día a día- se transforma en garante o hasta cómplice de su condena tercerizada bajo el yugo de algún psicópata del montón que sólo quiere ser amado y no amar a nadie, esos narcisistas de los que está llena la comunidad posmoderna global sobre la que Fassbinder trabajaba en busca de denunciar el carácter sádico de la felicidad del yo. Aquí no hay trama tradicional alguna y lo que tenemos es una retahíla de viñetas más o menos interconectadas en torno a las desventuras de una realización intitulada Patria o Muerte, primero parada por el retraso en la llegada del director al set, luego por la ausencia de material fílmico, después por el temperamento intempestivo y violento de los involucrados en el rodaje, a posteriori porque la producción se gastó casi todo el presupuesto en los primeros días y finalmente por el puterío bisexual que se genera entre el director, Jeff (Lou Castel), su amante, el actor Ricky (Marquard Bohm), y su pareja de ya cuatro años, la histérica Irm (Magdalena Montezuma), atolladero sentimental que se ve complementado por la presencia de otros integrantes del staff como los actores Eddie (Eddie Constantine haciendo de sí mismo) y Hanna (la querida Hanna Schygulla, actriz insoslayable del acervo caótico fassbinderiano), el camarógrafo Mike (Gianni Di Luigi), el fotógrafo pelilargo Deiters (Werner Schroeter), la secretaria de producción Babs (nada menos que Margarethe von Trotta, otra afamada realizadora del Nuevo Cine Alemán de la década del 70), el coach de actores Mark (Herb Andress), la traductora Linda (Tanya Constantine, hija de Eddie) y el jefe de producción Sascha (un Fassbinder hilarante que se la pasa gritando a todos cual eco del comportamiento siempre dictatorial del Jeff de Castel), entre otros especímenes de una fauna artística que coquetea sin cesar con el cataclismo subrayando el trasfondo demencial de una colaboración tan traumática como imprevisible y poderosa, sinónimo de una creación empardada al éxtasis erótico y a unas drogas y una efusividad simbolizadas en la catarata de Cubas Libres que toman los alemanes y su gracioso hábito de arrojar/ destruir los vasos segundos después.

 

Recurriendo a una frase sardónica de Thomas Mann y a composiciones de Leonard Cohen, Spooky Tooth, Elvis Presley y Ray Charles, y apelando a esa comedia negra implícita a la que nos referíamos con anterioridad basándose en su equipo habitual de socios creativos detrás y delante de cámara, Fassbinder cierra la primera etapa de su carrera lanzándose a sí mismo una crítica feroz y denunciando cómo funciona en gran medida el negocio del cine por fuera de la industria norteamericana más fastuosa, pensemos en este sentido que el grueso de la primera hora del metraje está dedicado a ridiculizar el atroz autoritarismo, los berrinches pueriles y las idas y vueltas de su álter ego, Jeff, y únicamente los 30 minutos finales exploran un rodaje que jamás vemos ya que sólo somos testigos de un backstage en el que incluso se desnuda el temita de la financiación a través de una conversación entre el mandamás de Patria o Muerte y el asistente de dirección David (Hannes Fuchs), cuando el primero le explica al segundo que la mitad exacta del presupuesto la aportaría un productor español y la otra mitad sería financiada por el Estado Germano con la idea de rodar de manera barata y conservar ellos el dinero restante mediante falsos recibos de gastos, no obstante el magnate español luego se retiró y los dejó con recursos escasos que para colmo desaparecieron a gran velocidad por los retrasos en el calendario de rodaje y la necesidad de seguir pagando sueldos de gente ociosa debido a los factores señalados con anterioridad, la mayoría volcados a la autovictimización estupidizante más que a la imposición de trabas externas como podrían ser calamidades varias en esa España franquista. Esta subdivisión retórica también abarca dos modalidades muy diferentes en lo que a la presentación de las escenas se refiere, por un lado en la primera parte del film tenemos un retrato de la abulia creativa neurótica vía una genial combinación de tomas estáticas del período teatral y esos sutiles travellings por los que sería conocido Michael Ballhaus, el director de fotografía de cabecera de Rainer Werner, no sólo en la fase posterior de los melodramas sirkianos sino también en la subsiguiente del reconocimiento global de Fassbinder, aquella de las tardías y también magníficas Ruleta China (Chinesisches Roulette, 1976), Desesperación (Despair, 1978), Un Año de 13 Lunas (In Einem Jahr mit 13 Monden, 1978), El Matrimonio de María Braun (Die Ehe der Maria Braun, 1979), La Tercera Generación (Die Dritte Generation, 1979), Berlín Alexanderplatz (1980), Lili Marleen (1981), Lola (1981), La Ansiedad de Veronika Voss (Die Sehnsucht der Veronika Voss, 1982) y Querelle (1982), y por el otro lado en las postrimerías del derrotero nos topamos con un montaje episódico de pequeños chispazos de los entretelones del set de Patria o Muerte que se condice con una insólita aceleración narrativa símil ciclotimia y angustia por el avance fuera de campo de la filmación y del devenir productivo de por sí. Fassbinder hoy construye una representación barroca, exasperada y lunática de unos artistas que se comportan como niños chiquitos caprichosos y de un rodaje empardado a un parvulario de la brutalidad, por ello mismo la anécdota del inicio de Deiters en torno a un Goofy/ Tribilín travestido, bastante ingenuo y confundiendo la identidad e intenciones de sus posibles verdugos sintetiza tan bien lo visto en pantalla vía el tópico del maltrato cruzado en manos de aquellos a los que se pretende salvaguardar o guiar -o de los que dependemos en su buena fe- porque el ser humano sólo ve lo que desea ver a priori y tiende a intercambiar a amigos con enemigos y viceversa…

 

Cuidado con esa Puta Sagrada (Warnung vor einer Heiligen Nutte, República Federal de Alemania/ Italia, 1971)

Dirección y Guión: Rainer Werner Fassbinder. Elenco: Lou Castel, Eddie Constantine, Marquard Bohm, Hanna Schygulla, Margarethe von Trotta, Hannes Fuchs, Gianni Di Luigi, Werner Schroeter, Magdalena Montezuma, Tanya Constantine. Producción: Peter Berling. Duración: 109 minutos.

Puntaje: 10